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Épica teatral en tiempos de pandemias

Dicho de una manera:

Llegó al teatro un señor bien vestido

Impaciente dejó su sombrero y abrigo.

Pidió su entrada y corrió hacia el palco.

Y preguntó rabioso

Jadeante

A los saltos

¿Y dónde demonios están mis payasos?

 

¿Dónde demonios están mis payasos? Pregunta un hombre acalorado que asiste al teatro.  Él entiende bien, o por lo menos intuye que la transacción económica le concede a su ánimo y conciencia, la autoridad de exigir. Y ya sean objetos o sujetos lo mismo da, haber pagado un boleto lo autoriza tanto a divertirse como a comportarse como un asno.  Ahora se incorpora, gesticula impune, silba y masca chicle rechinando sus dientes sin cesar. Suspira sin amor, por tedio nomás. Zapatea sin ritmo, palpa su billetera en forma histérica, se apoltrona en la butaca y refunfuña inquisitorial.

En fin, dejando de lado las bravuconadas de este espécimen, y su comportamiento no tan único ni excepcional como a simple vista parece o como desearíamos, cabe que nos preguntemos: ¿Y los payasos dónde están?

Manuel Santos Iñurrieta en Mientras cuido de Carmela. Foto: Sabrina Díaz.

.

En Argentina

hemos salido de la arena misma,

Del picadero y la pista.

De la conspiración independentista

Y de los camarines patrióticos.

Afloraron allí las escenas, los parlamentos

Entre acrobacias, rimas, maromas

Proezas y saltos.

Fuimos siendo

Una especie rara de aprendices descarados.

De acto en acto

Inventores del artefacto.

 

Siempre está el payaso, la carpa

Siempre el incendio

La inquisición

El maltrato.

 

Pues no se entiende ni comprende ciertamente aun

La extrañeza de esta gente.

 

Un Juan Moreira que no se entrega

Actitud de Martín Fierro

Del fiero, del primero

No de aquel que pretendió la vuelta.

 

Boedo y Florida

De los independientes,

Teatro Abierto

Por la memoria

Por la justicia

En el edificio y por las villas.

 

Allí está y aparece como opción

Se nos revela

Para vivir, vivos viviendo:

Una de dos.

 

Rebeldes o domesticados.

¿Tendrá esta posición que ver con el teatro?

 

Lucía Vieyra, Marina García, Diana Kamen y Lucía Salatino en Buenos Aires Épica. Foto: Agustina Haurigot.

Dicho de otra manera:

Un actor valiente, de carácter,

Se rajó un tiro entre los dientes,

Ya que no pagaba sus cuentas,

Interpretando a Othelo de W. Shakespeare.

El carácter que tenía,

De mucho no sirvió,

Más que valentía se necesita,

En cuestiones hambres y economía.

Con la pandemia lanzada y la cuarentena cumpliéndose como medida necesaria para su combate, las redes sociales dan cuenta de un sinnúmero de aportes para resistir la incertidumbre y los miedos. Desde memes con humor que desafían minuto a minuto la coyuntura a películas y videos caseros con aplausos que exaltan la gloriosa condición humana en las horas de adversidad.

Como contra parte, la soledad, el encierro y la rabia parecen inocular un espíritu micro-filosófico elemental y berreta, que se derrama sobre toda temática referida a esta epidemia mundial y entrega diplomas de expertos opinólogos del virus a todo aquel que simplemente abre la boca.

Azar, rumores y apuestas sobre “virus y bacterias” cobran cuerpo, y emerge un calibre de comentarios antológicos, por momentos patoteros y fachistas, que se diseminan con la velocidad inusitada del nefasto chimento.

Pasamos de cómo vigilar y castigar a los “pelotudos” que pretenden evadir la cuarentena a los tilingos insolentes que repatriados por Aerolíneas Argentinas se quejan por la ubicación de sus asientos; o, a proponer que el pueblo chino lleve otra dieta alimentaria y sea en general más limpio menos sucio.

Los artistas propositivamente colaboran con conciertos, películas, obras de teatro, poesías, números cómicos, etc. Y de manera gratuita, suben y comparten sus materiales en las redes sociales. Se buscan caminos para “acompañar” a un otro.

Claro que esto siempre es acotado, ya que las redes sociales son un recurso que no alcanza al conjunto de la sociedad. Pero esta es una verdad de perogrullo, injusta con los que quieren (mucho o poco, no importa) sumar al bienestar general.

Como siempre esto trae aparejado discusiones sobre la validez de los recursos. Por ejemplo, si el teatro filmado es teatro o no;  pero intuyo que las críticas, muchas veces,  tienen que ver con el “desmesurado tiempo ocioso” que la cuarentena trae consigo y por la imposibilidad de ejercer una crítica seriamente.

Cuando la crítica se coloca en lugares inútiles, y se ejerce sin contexto, el crítico comienza a caminar por la tabla de la miserabilidad.

Esto le cabe a los críticos de arte, a periodistas y politólogos y a cuanto ñato ingrato anda circulando con lengua venenosa por el mundo.

Ahora bien, es notable cuando la crítica busca bañarse de imparcial y no puede más que evidenciar sus intereses, apareciendo o desapareciendo de los conflictos.

Aquí, cada vez que una obra de arte entra de lleno a la representación de acontecimientos históricos, políticos y coyunturales irrumpe como acto reflejo el temor a que la obra no caiga en didactismos, bajadas de línea y posicionamientos políticos e ideológicos claros.

Pero cuando algún artista asume un compromiso político y cultural al frente de la gestión y dirección de un teatro, la crítica tiende a hacerse vaga, y a esquivar el bulto de opinar sobre la gestión.

Usted que lee estas líneas dirá: “Pero es muy distinto actuar una obra de teatro que dirigir un teatro Estatal”. Claro que es distinto, pero en ambos sitios se ejerce con libertad una mirada ideológica y filosófica del mundo.

Nota para recordar, tarea pendienten°1: cuando la pandemia pase, cabe tomarse dos minutos para estudiar la gestión cultural y los protagonistas que llevaron adelante las políticas macristas de desguace cultural.

Esta forma de construir opinión sobre “las cosas y las vidas” queda de manifiesto hoy más que nunca frente a esta pandemia.

El presidente de la Nación, Alberto Fernández, fijó una política clara respecto a cómo Argentina enfrentará el Coronavirus: La vida es prioridad.

Con esta posición humanista partió aguas, ya que no tardaron en salir al cruce y a hostigar al gobierno  los grandes empresarios nacionales, que advertimos prefieren exponer a sus trabajadores a la muerte para no perder de ganar lo que habían proyectado ganar en 2020.

 

-¡Es la grieta! Grita un periodista.

-La que hace que un barbijo salga 3.000 pesos

-La que oculta el alcohol en gel hasta que suba de precio

-La que hace vaciar las góndolas compulsivamente por temor

-La que hace que las cadenas de comida chatarrabajen el sueldo a sus trabajadores

-La que no te da asistencia médica si no pagaste la cobertura.

 

Resumiendo, conocemos lo que el periodista llama grieta como lucha de clases, y estos comportamientos despreciables como gestualidades comunes y corrientes de un sistema social, el capitalismo. Algo que nos críticos evaden criticar.

 

Nota para recordar n°2:

¿Qué crítica hay sobre estas posiciones inhumanas?

¿Dónde está la crítica al sistema político y al presidente de los EEUU que está dejando morir a su pueblo?

¿Dónde están las críticas a Bolsonaro, a Piñera y a Lenin Moreno?

¿Dónde está el elogio a la demostración más acabada de solidaridad mundial que el Socialismo Cubano despliega por todo el mundo?

¿Dónde están la críticas a los Bloqueos comerciales a Venezuela y a Cuba en horas de pandemia?

¿Dónde está el elogio a los investigadores del Instituto Malbrán?

¿Dónde está la crítica a Maurico Macri y al peor gobierno de la historia nacional?

¿Dónde la crítica y autocrítica al periodismo mercenario?

 

Celeste Moore, Leo Frabrizi, Rocío Ameri, Jorgelina Fernández y Alberto Rodríguez en Artuto UI. Foto: Nicolás Tramontana.

Final con bajada de línea:

Bueno señoras y señores que llegaron leyendo hasta aquí este sistema injusto llamado CAPITALISMO que privilegia la economía antes que la vida, que hace que unos tengan mucho y otros no tengan nada. A ese sistema hay que destruirlo más temprano que tarde.

Final semi poético:

Por último, al señor que llega apurado al teatro preguntándose por dónde están sus payasos, le decimos:

Los artistas estamos siempre del lado de la vida combatiendo contra la sinrazón y el desamor. Llevado adelante las ideas que nos representan y constituyen.

Nuestro Teatro nacional ha sido por excelencia un lugar de combate y resistencia a lo largo de toda su historia. Ha combatido dictaduras, ha tenido muertos y desaparecidos; la nuestra es una épica en presente.

 

Nuestro teatro produce encuentro, produce conocimiento.

Transita, narra, denuncia, protesta.

Complejiza y revela.

Acompaña.

Discute.

Pelea.

El teatro es manifiesto y se manifiesta.

Imaginario.

El teatro es todos los sentidos, el rigor de la idea. – ¡Herramienta! (alguien grita y sostiene una bandera)

Trinchera.

Práctica precisa, ¿ante la vida?: obsoleta.

Fervor.

Curiosidad.

Desborde.

Propaganda y panfleto.

El teatro es texto, cuerpo-palabra, silencio, contexto.

Es referencia.

Lo incierto.

Juego a decir y digo:

El teatro dominante de una época, es el teatro de la clase dominante.

El teatro,

es provocación también.

Venceremos.


Manuel Santos Iñurrieta es director adjunto de los departamentos de arte del Centro Cultural de la Cooperación y director de los Internacionales teatro Ensamble.

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