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Yendo de la cama al living

Sin dudas, Charly García es un ícono de la cultura y de la música nacional. Su trayectoria, desde Sui Generis, La máquina de hacer pájaros y Serú Girán hasta sus discos solistas, es una de las mejores del rock nacional. Su compromiso con los derechos humanos y su enfrentamiento a los gobiernos de facto y la última dictadura cívico, militar y eclesiástica, a través de sus canciones, es reconocida mundialmente. Así como, también, lo son Mercedes Sosa y León Gieco, entre tantos otros. Hoy tomamos el disco Yendo de la cama al living, para analizar los paralelismos de aquellos años de su realización, con nuestra actualidad, ligada a esta pandemia y al aislamiento obligatorio.

Charly García tituló Yendo de la cama al Living a su primer disco solista. Esta frase, sin dudas, aparece ante nosotros, hoy, como una escena de nuestra vida cotidiana. La pandemia, desatada por el coronavirus y la cuarentena obligatoria, nos tiene, a la mayoría de los argentinos y gran parte del mundo, así: yendo de la cama al living.

El disco contó con la participación de León Gieco, el Flaco Spinetta, Pedro Aznar y Nito Mestre, y comenzó a grabarse en agosto de 1982, poco después de culminada la guerra de las Malvinas. Lo cual dejó al gobierno militar completamente debilitado. Fue presentado el 26 de diciembre de 1982, en el estadio de Ferro, junto con Pubis angelical -la banda sonora de la película homónima del cineasta Raúl de La Torre-, frente a 25 mil personas.

El disco podría considerarse una antología de grandes éxitos, debido a la calidad y cantidad de canciones que lo componen. Entre ellas, figura aquella que le da nombre al disco, pero, a su vez, temas famosos, como: No bombardeen Buenos Aires, Yo no quiero volverme tan loco, Peluca telefónica e Inconsciente colectivo. Pasaron 37 años de su edición y Yendo de la cama al living resuena, hoy, en nuestros oídos, también, como un símbolo de nuestra actualidad, como lo fue en aquel entonces. Nos habla del encierro, del confinamiento, que atravesamos día a día, y de la angustia del aislamiento, del miedo al enemigo, ahora invisible, y de la incertidumbre que nos provoca el virus y nos mantiene en jaque.

Pero, comparado con el contexto nacional de 1982, contamos con grandes diferencias. Hoy, el Estado puso en valor la vida por encima de todo, se anticipó al combate y tomó las medidas necesarias para resguardarnos. Hoy, tenemos conciencia del enemigo y su letalidad. Contamos con la tecnología, que nos ayuda a sentirnos un poco más acompañados y que nos permite afrontar esta guerra con mayor información y comunicación entre nosotros. Y, por sobre todas las cosas, hoy, a diferencia de aquel entonces, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas ya no es el enemigo, sino, que es quien, día a día, cuida de nosotros y vela por nuestra salud y seguridad.

El álbum muestra el espíritu revolucionario de la época. En cada nota y en cada melodía muestra la rebelión que, siempre, supo muy bien camuflar Charly con sus letras. En estos momentos de emociones encontradas, como también lo fue aquel final de 1982, y mientras enfrentamos esta guerra con un enemigo invisible, escuchemos este gran disco, busquemos sus letras, cantemos y sigamos, como Charly García, yendo de la cama al living.


Alex Arellano es periodista.

 

 

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