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La Argentina en cuarentena

Dos meses después de la asunción del nuevo Gobierno, democrático y popular, que se encontró con una situación económica y social mucho más grave que la imaginada, le salió al cruce algo mucho más grave aún: la pandemia de un virus ignorado, letal y de alcance cas universal.

Desde un comienzo, asesorado a fondo por un valioso equipo de especialistas y profesionales conducido por su ministro de Salud, el presidente se puso a la cabeza y no dudó en tomar el camino más eficaz y menos facilista, una cuarentena nacional con aislamiento social obligatorio que, por suerte, fue de inmediato cabalmente asumida por la sociedad en todo el país.

De inmediato, se interrumpió el dictado de clases en todos los niveles, se suspendieron todas las actividades que no fueran esenciales, se decretó el pago de sueldos a los trabajadores y empleados en cuarentena y, al mismo tiempo, se tomaron medidas económicas para continuar resucitando, sobre todo, a la pequeña y mediana empresa, la mayor dadora de trabajo en el país. Asimismo, se ayudó a los más vulnerables y se sancionó la prohibición de los despidos, entre muchas otras medidas.

Por supuesto que no faltó la presión de pocos grandes grupos económicos corporativos, que preferían el riesgo fatal de los otros a la disminución de sus ganancias, para lo cual contaban con sus aliados de siempre: la prensa hegemónica del “periodismo serio”, que es su vocero, y una parte corrupta del poder judicial.

Mayorías en diputados y senadores acompañaron al Gobierno con leyes que reforzaban sus posiciones. Y las encuestas le dan un asentimiento de la población entre un 60 a 80%. Esa aprobación de las medidas oficiales se palpa, directamente, en la vida cotidiana. Las ciudades están en un llamativo silencio, que permite oír, nuevamente, a los pájaros y, casi, no circulan vehículos. Incluso, el transporte público, que está reducido y con sus pasajeros sentados, nunca de pie y con la distancia estipulada entre ellos.

Es necesario destacar que todas estas medidas han sido consensuadas en todos los niveles del Estado. Desde un comienzo, el presidente tiene contactos y reuniones con todos los gobernadores provinciales e, incluso, con todos los intendentes municipales de todos los signos políticos. Tanto que hasta la oposición se saca fotos de encuentros con él.

Emociona pensar que semejante espíritu sea valorado desde otros países, no siempre sólo del mismo continente. La misma OMS (Organización Mundial de la Salud) distinguió la actitud argentina al incluir, a nuestro país, entre los pocos del mundo autorizados a recibir o albergar algunas primacías de sus acciones. Tanto como emociona la espontánea presencia de tantos y tantos voluntarios, que no sólo son de aquí. Hay quienes vienen de otras tierras, así como valiosas donaciones de otros pueblos y naciones (entre las cuales siempre está Cuba).

Pero, ningún apoyo es semejante al de nuestro propio pueblo, que se mantiene firme, unido y calladamente como protagonista de esa lucha por la vida, contra  un enemigo mortal, desconocido  y agresivo. Del cual, sin embargo, hemos logrado achatar la curva de su desarrollo, permitiéndonos así el tiempo precioso para preparar nuestra salud pública con vistas al futuro, aumentando el número de hospitales y de camas, gracias a la dedicación permanente de nuestro personal médico y profesional. Que cada noche, a las 21hs., es aplaudido, en forma espontánea, por el pueblo, incluso, desde los balcones, en sus casas y en todo el país.

Como bien dice nuestro himno nacional: “¡Al gran pueblo argentino, salud!”. El coronavirus no pasará. O, por lo menos, que sea con el menor daño posible.


Rodolfo Alonso es poeta, traductor y ensayista.

 

 

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