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Teatro porteño. Cuatro reposiciones recomendadas

En estos tiempos de restricciones, a la hora de invertir en qué ir a ver al teatro muchas producciones apuestan al sistema de una contribución consciente voluntaria para el valor de las entradas, es decir, “a la gorra”, o bien, lo hacen a precios populares. Al parecer, estaría siendo una opción viable, para que los públicos puedan dar continuidad a su consumo cultural.

 

Para hacerle lugar a este tipo de accesibilidad cultural, comenzamos por comentar Respirar, Bitácora escénica en un acto, escrita y protagonizada por Pilar Ruiz, que puede verse en Sala de Máquinas (Lavalle 1145, CABA). Una obra situada entre el teatro autobiográfico y la performance documental, basada en su propia afección congénita que hoy es un mapa de cicatrices que tatúa su piel, entre otros tantos trances emocionales. Sin embargo, el teatro le ha permitido generar un sostén para sobrevivir. Es un elogio a las tareas de cuidados familiares y, especialmente, a la de profesionales de la salud. Con una conmemoración loable al Hospital Garrahan, que contuvo y dio respuesta a esa familia. Una institución que, actualmente, es blanco del ajuste y de las persecuciones despiadadas de las políticas nacionales y donde sus profesionales le vienen dando implacable resistencia en acción.

Respirar. Foto: Francisco Castro Pizzo.

Pilar Ruiz nos recibe con un té de orégano, también como un cuidado hacia quienes vinimos a espectar. Nos da de beber de alguna de sus medicinas, para que nos nutramos en su testimonio. Y así resulta, respiramos con ella, pero también nos falta el aire como a ella en algunos momentos en los que nos pide un descanso, hasta que volvemos a respirar. 

Este texto comenzó a gestarse desde hace mucho o desde siempre, recién pos pandemia, se dio el espacio para la realización propia, postergando otros encargos. Para la dirección se alió junto a Andrés Molina y Romina Oslé, esto es clave porque le permite tomar distancia de su propia historia clínica y reubicarse en una perspectiva artivista y/o militante. Las visuales completan el relato de manera sutil, sin sobreimprimir, más bien, atenúan el impacto de lo que debió ser cada encrucijada de parte médico. La calidez del encuentro se agradece por la cercanía y por la honestidad, el artificio del teatro como una ofrenda de agradecimiento y esperanza.

Mamá Planta. Foto: Boria audiovisual.

Otra sala nos alberga, el teatro El Grito (Costa Rica 5459, CABA), con Mamá Planta, con dramaturgia y dirección de Nicolás Blandi, quien compromete su lenguaje Conurbano de manera poética y musical en cada espectáculo. 

Luego de su premiada Piel de cabra, llega esta obra, donde una chica tiene un plan: enterrarse en la tierra para volver a crecer planta en lo que cree se ha convertido su madre, mientras su tía -con la exquisitez de Maruja Bustamante- intenta vender la casa para viajar y abandonar la nostalgia del duelo. Entonces, ¿qué se hace con un duelo? Un perro cantor y un primo martillero acompañan este entretiempo, donde el fondito se vuelve tierra fértil para un adiós sobrenatural y enraizado.

Mamá Planta utiliza el jardín como una metáfora central para representar la memoria y la vida que continúa transformándose, tal vez, el volverse planta le permita recobrar esa vitalidad perdida a la que la sometió la muerte de su madre.

Mamá Planta. Foto: Boria audiovisual.

La salud mental está muy presente en estas dos primeras reseñas teatrales, en tiempos de otro zarpazo feroz a la Ley Nacional N° 26.657 de Salud Mental. En estos días, la Argentina atraviesa un debate clave debido a un proyecto de reforma impulsado por el Gobierno Nacional. Alerta total porque, entre sus controversias, el proyecto podría permitir la reapertura o fortalecimiento de centros especializados (manicomios/psiquiátricos), cuya sustitución por hospitales generales era un pilar de la ley vigente. El Hospital en Red «Lic. Laura Bonaparte» es uno de los puntos de mayor tensión en el marco de la reforma de salud mental, porque ha pasado de una amenaza de cierre total a un proceso de reestructuración profunda e intervención estatal.

Tamorto. Foto: Ale Carmona.

Dos espectáculos magníficos de humor en lenguaje de clown, Tamorto (Romance de Arlequín y la muerte), estrenada en el año 2013 y que lleva cosechada una trayectoria rica de premios y festivales; y Bernarda la de la casa, estrenada el 2025 con una grupalidad mordaz de mujeres que enaltece el trabajo de las payasas. 

Tamorto. Foto: Ale Carmona.

Tamorto nos traslada a la gracia de la comedia del arte en las marañas de Arlequín y su trama picaresca con Colombina, Pierrot, la Muerte y la Dottora, para burlarse de la muerte y de la finitud humana. Una jugada sólida grupal de teatro físico y máscaras. La música realizada en escena nos acerca a este Río de la Plata en clave de candombe y murga que, junto a las actualizaciones permitidas en la «morcilla» teatral, los anacronismos deliberados, los apartes a platea, el rolling gag o chiste recurrente generan complicidad con el público para crear una sátira de actualidad, decisiones pertinentes de la co-dirección en tiempos de incertidumbre.

Bernarda la de la casa. Foto: Martín Albarracín.

Bernarda la de la casa, la adaptación de la obra clásica de Federico García Lorca, está en manos y lenguas sensibles que comprenden los sometimientos de esas mujeres, como si ellas, con su profesión de cómicas, también reconocieran los mandatos de otra madre castradora que, a veces, suele ser la imposición del buen teatro. Una manada de bufonas en estado hilarante conmueve a través de la profundidad del poeta y con una payasería singular entendida en clave feminista de estos tiempos. La obra se termina de desplegar de manera estética con las proyecciones de dibujos hechos con arena, huellas efímeras que intentan horadar esa casa. Y, muy acertada la transmutación de las narices coloradas en narices grotescas junto a los pelucones que les permiten explorar la tragedia.

Ambas propuestas cuentan con la complicidad de un espacio, el Auditorio AIC Abasto  (Humahuaca 3640, CABA), que se ajusta a esta necesidad de comprometer públicos y proyecta junto a los elencos la mejor manera. 

Bernarda la de la casa. Foto: Martín Albarracín.

Claudia Quiroga es licenciada en Artes. Dramaturgia, Dirección, Docencia y Actuación. Mediación y Gestión Cultural. Artivismo y Género. Co-Fundadora de la Colectiva Feminista Artivista, MAT – Mujeres de Artes Tomar. Integrante Asociada y docente en el CELCIT (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral). Integra la Colectiva de Autoras. Vive en Villa Sarmiento, Morón, Provincia de Buenos Aires.

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