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Te saludo desde mi balcón

La vida cotidiana en esta cuarentena

Los fuertes aplausos, todos los días, de las 21hs., dedicados a las trabajadoras y los trabajadores de la sanidad, quiebran la armonía de la orquesta conformada por el crepitar de los aires acondicionados, los ladridos caninos y las risas de algunos infantes. Este aplauso catártico y colectivo nos recuerda que estamos ante el avance de una pandemia, que queremos detener en nuestro país. De repente, nos llama la atención una paloma apoyada en el cable de luz. El planeo de una hoja amarillenta que cae desde un árbol. Sacar la basura a la calle es un gran acontecimiento. Ir al supermercado, una  aventura singular. Pasar por el cajero automático, un hecho histórico. Todo se magnifica. Se mira con la lupa. Nuestra sensibilidad crece. Re-significamos nuestra existencia.

Tomamos consciencia de que este novedoso fenómeno global detiene nuestras actividades y proyectos personales. El confinamiento y el compartir nuestras vidas en un lugar limitado, abre el campo a múltiples posibilidades. Repensar nuestro lugar en el mundo, nuestros miedos, entender el rol del Estado, reencontrarnos con los vínculos íntimos, la convivencia diaria, la fragilidad del ser humano.

Quizás, para muchos y muchas, este sea un buen momento. Por el contrario, para otros y otras, este aislamiento inesperado, que nos obliga al encierro, sea difícil, poco transitable y hasta angustiante. Me refiero a las condiciones psicológicas y afectivas de las personas. Un golpe inesperado. Replantearse las estrategias que debemos seleccionar para poder vivir o sobrevivir no es sencillo.

El Colegio Oficial de Psicología de Madrid sugiere orientaciones para la cuarentena. Básicamente, se mencionan: asumir la realidad y proponerse hacer lo correcto; evitar la sobre información; hacer actividad física; cuidar la salud e higiene personal; no pensar en plazos; en caso necesario, pedir ayuda a un profesional; mantenerse comunicados con nuestro círculo afectivo; y planificar nuestra actividad diaria. Quiero hacer hincapié en estos últimos puntos, ya que, el arte y la tecnología, pueden otorgar herramientas positivas a la comunicación y conductas cotidianas. Buscar otras formas de comunicación a las que no estamos habituados y habituadas, es decir, las redes: conectarnos, visualmente, a través de una llamada por What’sApp, Instagram, Skype o Facebook. Mirarse a la cara y a los ojos. Esos ojos tantas veces vistos, pero no mirados. Intercambiar el diálogo, la dialéctica platónica, que promueve el enriquecimiento mutuo, el lugar del encuentro. Hasta el teléfono de línea, que era una escultura inerte, toma vida y se enaltece como maestro de ceremonias de la conversación, la opinión y la intimidad.
Planificar nuestra actividad nos permite estructurar nuestro día, generando, así, un estado sano de conductas y contención psicofísica. El hombre y la mujer como animales de hábitos. Saber qué haremos previene la llegada de la incertidumbre que, siempre, es una mala consejera. Organizar y aplicar estrategias que arriben a una productividad nos dignifica y tranquiliza.
En la rutina diaria, además de  limpiar y ordenar nuestra casa, podemos enriquecernos con la lectura de libros, dibujar, pintar, escribir, cantar, esculpir, modelar, tallar, jugar, investigar una temática que nos interese en la web, aprender a tocar un instrumento musical, etc. La actividad artística potencia la vida, como una hermosa experiencia poética. La producción de imágenes, metáforas y objetos artísticos, estimula mucho la vida cotidiana. Ya no estamos tan aislados y descubrimos capacidades, en nosotros mismos, que desconocíamos.

Mientras me rodean estos pensamientos, miro fijamente el árbol limonero de mi jardín. Descubro que tiene una plaga de mosquitas blancas. Hago una pócima con jabón blanco y agua. Empiezo a repasar con una esponja las hojas. Acaricio sus bordes. Cada hoja es diferente. Hay una belleza en la naturaleza. Un aroma fresco me inunda. “Verde que te quiero verde”. Empero, mágicamente, viene a mi memoria el dibujo del dragón, que por las noches, estoy bosquejando. Un dragón parido en mi imaginación, que toma vida con las curvas y rectas ejecutadas con el lápiz. Mi dragón volador, como las moscas blancas de mi limonero.

De golpe, pasa un helicóptero ¿Será el mismo que escuché esta mañana, yendo al supermercado chino? Recuerdo, como una película, la escena: me veo caminando con el carrito de las compras. El ruido del helicóptero. La cara de sorpresa del indigente, que vive en esa vereda. Nos miramos asustados ¿Qué será de ese señor, ahora, en esta cuarentena? Digo, la gente que vive sin techo: ¿estará bajo algún techo? Hay que asilarse del virus. Pero, los que viven aislados, ¿a dónde van? Un tsunami de preguntas me inunda.
Regresando a mi tema. Sabemos que la persona humana es inherente al hecho creativo. El arte, como un recurso más para promover el sentido de la vida. El arte, como herramienta lúdica y estimulante para nuestra corporeidad y alma, nos posibilita proyectarnos, crearnos, curarnos y recrearnos.
Los paradigmas cambian, como cambia nuestra piel, como el gusano en crisálida. Inventemos nuestras propias defensas y ofensivas. Seamos inmunes a la desidia. Es tiempo de desafíos  y de resistencia social y personal. Pongámonos la corona y reinemos en cada una de nuestras vidas. Construyamos, desde hoy, un mundo distinto. Es necesario, para seguir viviendo en este planeta.


Maggi Persíncola es actriz, dramaturga y directora teatral.

Alejandra Conti tuvo como maestros a Cristina Santander, Luis Felipe Noé y Oscar Smoje. Es Profesora Nacional de Grabado, por la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, y Profesora de Arte en Artes Visuales, por el IUNA. Realizó muestras en nuestro país y en España y obtuvo importantes premios.

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