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Pandemia, cultura y post-pandemia

Hay que considerar este tema en planos diversos que se entrecruzan, se superponen o tienen relativa independencia entre sí. Las relaciones entre sociedad y cultura están cambiando constantemente. La cultura tradicional de lo artístico literario y el mundo del espectáculo vive su propia realidad. La pandemia va modificando muchas costumbres.

Hay cambios en las relaciones sociales con el Estado, en el mundo privado, en la educación, en la salud, en el trabajo, en el encuentro o desencuentro de la sociedad con la naturaleza, se altera el ecosistema. En otros planos, se modifica el circuito artístico nacional e internacional.

Estamos frente a una encrucijada cultural establecida por la pandemia en el presente y por las posibles perspectivas que se ofrecen para un estado mundial de la post-pandemia. Entonces la crisis se establece no solo dentro del circuito internacional de la cultura: teatros, museos, cines, espacios públicos, turismo; sino también en las relaciones entre los Estados, las sociedades, los sistemas de producción, las dominantes tecnológicas.

Por un lado, la pandemia ha replanteado la vida cultural tradicional haciendo que los campos presenciales se desplacen abruptamente hacia los campos virtuales. Esto se nota claramente en todo el circuito artístico donde lo presencial ha desaparecido. El ritual colectivo, el convivio, los públicos, son los que justifican todos los hechos artísticos. Estos cambios han generado una concentración muy grande en las redes, una gran inflación de ofertas virtuales para el teatro, la música, la danza, la literatura, las artes visuales, el cine. Hay una emergencia en los ingresos económicos de los artistas y un distanciamiento de los públicos que no termina de resolverse con las redes. Todos los rituales presenciales por el momento han desaparecido.

Los vínculos sociales con los servicios estales o privados que hacen a la salud, la educación, el trabajo administrativo, también han cambiado y se desplazan hacia nuevas plataformas y sistemas en las redes virtuales

La pandemia ha reinstalado con mucha velocidad la disputa tecnológica. La idea de una anti-utopía, de una sociedad indeseada dominada por la frivolidad de la técnica comienza a tener mayor visibilidad. Considerando que en la post-pandemia nos encontraremos con nuevos modos culturales de vivir que habilitarían con más facilidad que se instale la idea de trabajar cada uno en su casa, que la salud se atienda por teleconferencia, que la educación se haga a distancia. La disputa corporativa en la carrera tecnológica apuesta a modificar los sistemas públicos de atención gratuita. El reino de la tecnología digital como una forma de controlar las vidas de los ciudadanos en el mundo.

El aislamiento radical que estamos viviendo anticipa de alguna forma una de las  lógicas culturales de la post-pandemia bajo la idea de esa anti-utopía: “Los humanos son biopeligrosos, las máquinas no lo son”, así se expreso hace poco un CEO de Steer Tech, una compañía de EE.UU.

Avanzaría una conectividad digital de alta velocidad, en nuestras casas, consultorios, escuelas: tele-trabajo, tele-salud y las aulas en línea. La corporación de empresas privadas de alta tecnología serán nuevos Estados de control paralelos a los Estados-Nación

Una sociedad vigilada con inteligencia artificial y con mucho menos trabajo y alta desocupación.

Por cierto, no todo está perdido. La gran discusión sigue siendo el uso de las tecnologías convenientes, la soberanía digital y el comercio electrónico. Las redes no pueden estar totalmente liberalizadas.  Los derechos de autor de muchos de los materiales que circulan virtualmente tienen que ser reconocidos. Esta lógica también podría llegar a ser una posibilidad en la post-pandemia, o sea, que los Estados pasen a ocupar un rol de mayor protagonismo y transformación democrática de la sociedad re-orientando los avances tecnológicos y ofreciendo una conectividad popular.

Los casos más notables de los usos abusivos de las nuevas tecnologías están asociados a la desinformación digital que provocan los fake news difundidas mediante trolls y bots en redes sociales, replicadas por diversos medios como si esas noticias fueran las fuentes de la verdad. La desinformación es un problema para todos los ciudadanos y para la vida democrática de los pueblos. Estamos entrando en sistemas de intolerancia, como si gobernar estuviera asociado a un sistema de conspiraciones permanentes desde una lógica militarista. Sistemas de intolerancia y desinformación que funcionan con total impunidad. Hay que pensar que la comunicación y la información son derechos humanos.

En otro plano, hay que reconocer las subjetividades en juego de todos los ciudadanos que no siempre pueden vivir y superar las condiciones de encierro. Este tema debería ser considerado también como problema en la proyección macro-social. Las posturas arbitrarias de la anti cuarentena y la negación del virus como realidad sanitaria, habilitan posiciones que intentan falsos conflictos entre salud, producción y trabajo. Se agita primariamente la desobediencia civil y a los sectores medios de la sociedad se los provoca para que dejen la cuarentena, que deberán morir los que tengan que morir y que la vida sigue casi sin memoria humana luego de la muerte. Se construyen  relatos estimulando el olvido que será el que nos salvará, pero sólo a los que tengamos la suerte de no ser atacados por el virus.

Otro gran tema que está en debate lo propuso en Página 12 la socióloga Maristella Svampa cuando informó sobre la gravedad de la crisis climática y el colapso ecositémico. La devastación de los ecosistemas produce las enfermedades zoonóticas que pueden transmitirse entre animales y seres humanos a través de virus, bacterias, parásitos, hongos. Los modelos agroalimentarios, las megagranjas industriales, son un caldo de cultivo para transmisión de estos virus. Este tema está asociado a la necesidad de establecer nuevos contratos con la naturaleza. Una lógica cultural transformadora para la etapa de post-pandemia debería contemplar el uso racional de la tierra, la propiedad no concentrada de la tierra y la defensa del hombre y la naturaleza.

Para el filósofo esloveno Zizec, en una nota también publicada en Página 12, los mecanismos de mercado no serán suficientes para evitar el caos y el hambre. “Tendrán que considerarse a nivel global medidas que hoy en día a casi todos nos parecen ‘comunistas’: la coordinación de la producción y la distribución tendrá que realizarse fuera de las coordenadas del mercado”. Es notable como muchos presidentes conservadores están imponiendo medidas de control desde el Estado que indican cambios frente a las lógicas de políticas neoliberales que venían aplicando, como ha ocurrido con el presidente francés Emmanuel Macron. La pandemia impone que el Estado tenga una presencia mucho más destacada para llevar adelante políticas públicas ante la emergencia sanitaria que vive el mundo. Por cierto, estos cambios son muy coyunturales, pero anticipan los grandes debates políticos que se establecerán durante la post-pandemia. El modelo capitalista no se modificará solo por una crisis sanitaria.

El psicoanalista argentino Jorge Alemán, en una nota que le hace la Agencia Paco Urondo, reconoce que, objetivamente, este es un momento marxista, pero que no existe un sujeto histórico que acompañe a las grandes transformaciones necesarias que hacen falta en el mundo. Y analiza la importancia del rol del Estado en este momento paradojal de gran debilidad de los Estados que son dominados por el capitalismo y el neoliberalismo.

Las relaciones, entonces, entre pandemia, cultura y post-pandemia son complejas y no se puede predecir todo lo que pueda ocurrir en el futuro cercano con las sociedades en el mundo. Ya sea porque se vuelve a una nueva restauración conservadora o a nuevas transiciones anti-neoliberales, o a nuevas sociedades democráticas con Estados más fuertes y participativos o, una vez finalizada la pandemia, los modelos económicos se volverán a reconcentrar generando nuevas penurias económicas a los pueblos. Es evidente que la pandemia también permite pensar en una post-pandemia que habilite a sociedades más justas y equitativas. Pero todo, fundamentalmente, estará asociado a la lucha política, al rol del Estado y la capacidad de empoderamiento que tenga cada sociedad para reconocer que la solidaridad y la cooperación es el único camino posible para salir de estos sistemas que han incubado los propios virus que, hoy, soportamos todos los ciudadanos del mundo.



 Juano Villafañe es poeta, gestor cultural y Director Artístico del Centro Cultural de la Cooperación.

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