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Álbum Blanco en Tiempo Negro

Hacia finales del 2001, más precisamente noviembre del 2001, llegué invitado, por mi amigo José Pepo Ogivieki, al Café Homero de Palermo Viejo. Esa noche, actuaba Rubén Juárez y Pepo, pianista y director musical del Negro por 23 años, quien subiría al escenario en un homenaje que Rubén tributaba a su pianista.

Hasta allí podríamos decir un show, una actuación, algo que, para los que somos del palo de la música y el arte, forma parte de un hecho normal y habitual.

Pero no lo fue. A partir de ese momento, tanto mi vida como la de José y la de Juárez tomarían un cause inimaginable.

De más está decir que esa actuación fue algo inigualable. Rubén desplegó, cual prestidigitador, todas sus dotes mágicas y cautivó a todo el público y a mí también, claro está.

Vale aclarar que mi excitación de ese momento no puede ser traducida en este texto, luego de diecinueve años. Aunque, los recuerdos aún están intactos.

Al finalizar el show, lo encaré a Pepo y le dije: “tenemos que hacer un disco con Rubén”. Vale recordar que Rubén Juárez, por ese entonces, llevaba quince o dieciséis años sin grabar.

José Ogivieki organizó una reunión, a los pocos días, que se llevó a cabo en el Café Homero, boliche que, por esos días, era de propiedad de Juárez. Allí, en su boliche, en una tarde calurosa de diciembre del año 2001, le planteé la idea un nuevo disco. El Negro, que no me conocía demasiado, me miraba con cierta desconfianza y, mientras yo le hablaba, buscaba la reafirmación de mis palabras en la mirada atenta de Ogivieki.

En verdad, yo no tenía idea de cómo finalizaría esa conversación, pero, sí tenía pleno convencimiento de lo que estaba planteando. También, entre otras cosas, sabía que Rubén era fanático de Los Beatles y, más allá de mi idea discográfica, que tenía muy bien delineada, había pensado un título para el que creía podía ser es CD El Álbum Blanco de Rubén Juárez. Pero, esa sería mi última carta en la conversación. Y, al igual que un tahúr espera el momento para jugarla, cuando la jugué pude ver los ojos de Juárez iluminándose de una manera que no había sucedido durante toda la conversación.

Hizo un silencio, una pausa larga como si estuviera llenando de aire el fueye de su bandoneón, como pensando una respuesta. Los segundos que demoró su respuesta parecían interminables y, mirándome directamente a los ojos, me dijo: “sí, lo hacemos”.

Rubén Juárez, José Ogivieki y Carlos Varela en General Belgrano, Buenos Aires.

Cuando estaba por irme, feliz, victorioso y creyendo que todo había finalizado allí, Rubén, gran jugador, inmediatamente dobló la apuesta y me dijo: “mañana te espero en mi casa para desayunar, que quiero charlar con vos” (imagínense, Rubén Juárez invitándome a desayunar).

La intriga, al retirarme de aquella reunión, fue aún mayor que la respuesta que había ido a buscar y con la que creía me retiraba victorioso.

Al día siguiente, fui hasta el barrio de Villa Urquiza, donde vivía el Negro, más precisamente, Olazábal y Álvarez Thomas. Rubén me recibió con una bata de seda, yo había llegado con un paquete de medialunas. Me invitó a pasar a la cocina, él se paró en uno de los extremos, me invitó a sentarme frente a él, en una larga mesa que ocupaba ese espacio y, mientras servía el café con leche para ambos, se despachó con lo mejor de su seducción, porque, si algo tenía Rubén Juárez era el arte de seducir, “vamos a hacer el disco, pero, además, quiero que seas mi manager”. Yo quedé petrificado en esa silla, me negué varias veces a aceptar tamaña responsabilidad. No hubo forma de convencerlo de que yo no poseía experiencia en esa tarea. Vale aclarar que, si bien, mi experiencia por aquel entonces era la de cantor, productor discográfico, radial y unos cuantos etcéteras más, de manager y de semejante artista no tenía la menor idea.

No voy a negar que, indudablemente y a la vez, me resultaba halagador ese doble desafío que se me presentaba. Y así lo asumí y, desde ese diciembre del 2001 hasta octubre noviembre del 2004, aproximadamente, trabajamos y mucho.

Grabar el disco fue todo un éxito, en lo artístico, para el Negro Juárez, como un gran prestigio para José Ogivieki, como arreglador y director musical y, desde luego, para mí.

Pero, si bien tenía todos los avales de Rubén Juárez para comenzar a trabajar en el que sería El Álbum Blanco de Rubén Juárez, se sobrevinieron hechos en el país de una magnitud nunca esperada, o sí.

Había hambre en nuestra población y no sólo hambre de comida, sino, hambre de justicia. Se estaba viviendo un momento atroz. El neoliberalismo, instaurado por Menem, durante dos períodos, había estallado con un gobierno continuista de esas políticas en manos de De La Rúa. Megacanje, corralito, corralón, sólo se podían retirar del cajero automático $250 semanales. Los bancos se fugaron la guita del país, los ahorristas rompían vidrieras de esas sedes bancarias y el grito de “piquete y cacerola la lucha es una sola” se oía en cada esquina. Después, esas voces se fueron apagando, la de los ahorristas digo, y aquellos aliados ahorristas empezaron a criticar a los piqueteros como “negros de mierda”.

Nos tocó transitar los trágicos hechos en la Argentina del 19 y 20 de diciembre del 2001, piquetes, cacerolazos, marchas, 39 asesinatos a manos del Estado represor, los posteriores asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, el 26 de julio del 2002, en la estación Avellaneda.

Pero, el disco de Rubén Juárez, a pesar de todo, se hizo igual, gracias a un sello discográfico nacional y al esfuerzo económico por parte de los músicos. Se presentó el 11 de diciembre del año 2002, en el teatro de la ciudad de Buenos Aires ND Ateneo.

Rubén Juárez Y Carlos Varela.
Rubén Juárez y Gastón Varela.

Luego del fallecimiento de Rubén Juárez, en el año 2010, realicé un disco homenaje, que fue presentado en el teatro Del Globo, de la ciudad de Buenos Aires, en el que participan más de treinta y seis artistas. El título: Rubén Juárez compositor, otros tangos poemas y dedicatorias. Con ese CD logramos un premio Gardel, en el año 2012. Pero, continuaba en mí la sensación de que un artista de esa dimensión merecía más y así fue que nació, a fines del año 2018, la idea de realizar un documental sobre Rubén Juárez. Sabía que debía hacerlo, pero, no tenía muy claro por dónde ir. Así, una mañana me fui a la casa de Gastón Varela para plantearle el tema.

Gastón, un amigo que me dio la vida, gran escritor, pero, sobre todo, un fanático de Juárez, les contará por dónde va este documental, que será estrenado, a modo nacional, el próximo 26 de julio a las 22hs. por el Canal U de la Universidad Nacional de Córdoba, titulado Álbum Blanco en Tiempo Negro. Gastón Varela es el generador de la idea original y los textos del mismo y quien escribe estas últimas líneas. Carlos Varela es el autor del guion, la edición y la dirección del documental. Un homenaje realizado al cumplirse, el pasado 31 de mayo, diez años de la muerte de Rubén Juárez.

 

Dice Gastón Varela

 

¿Por dónde empezar un documental sobre la obra de Rubén Juárez, sabiendo que cada cosa que hizo fue extraordinaria? ¿Qué seleccionar? ¿Dónde cortar? ¿Qué sentidos multiplicar?

El principio de nuestra respuesta vino por el lado del legado, de esbozar un legado posible, una interpretación posible de la obra de Juárez en relación con su tiempo, para, de esa manera, convertirse en un testimonio inspirador. Ese legado ya había impactado en la vida de Carlos Varela y la mía: somos amigos gracias a Juárez. Él como manager y productor; yo como fanático. Una amistad que, luego, hizo que cada uno conociera la obra del otro: la canción, él; los libros, yo. Obras propias que los dos, a nuestra vez, también pensamos a modo de testimonio personal de nuestro tiempo, del estado de cosas histórico-sociales y del proceso cultural al cual pertenecemos. Es decir: agregando lo político a lo creativo.

Por eso, la idea del documental vino por el lado del legado y, de allí, siguió hacia el testimonio concreto o simbólico de la problemática social en la que fue grabado El Álbum Blanco, único disco que Rubén Juárez grabó en los últimos 25 años de su vida. Así fue como cruzamos tango y política, tango y cuestión social, tango y cultura popular callejera.

Creemos que toda obra es producto de una dialéctica que opera entre el que la crea y el contexto en que es creada, producida, inventada. Esa dialéctica de productor-producción-producto es la que intentamos captar, analizar y plantear en el documental, puesto que el Álbum Blanco fue grabado en uno de los momentos históricos más potentes de nuestra historia reciente: fines de 2001 y fines de 2002.

Un disco cuyo repertorio, cuyas formas musicales y cuya estética general no son ajenas al estallido popular, que ponía en canto parte del drama de un país saqueado, vaciado y hambreado bajo la expresión “piquete y cacerola, la lucha es una sola”. Es en ese contexto, donde el tango se reencuentra con su origen plebeyo, rebelde, multidiaspórico, contracultural y marginal. Y Juárez, quizás, fue un catalizador de todo eso. Un cantor irrepetible, un bandoneonista irrepetible, un intérprete irrepetible: todo en uno. Y, estando a punto caramelo, exactamente en un momento en que hacía falta la reinvención, la resistencia y, más aún, la re-existencia del tango, o mejor, de la Tangoesfera: su esfera cultural ampliada. Porque, en mi opinión, en el Juárez del Álbum Blanco se expresa una síntesis de toda la ancestralidad cultural tanguera, por ser él un conocedor profundo de la tradición, pero, a la vez, un rebelde con tendencia a la reactualización, a la renovación y a los mestizajes.

Por eso, rememora lo pasado, refleja lo que está aconteciendo y, al mismo tiempo, alumbra hacia dónde podría ser conveniente avanzar. Todo eso, precisamente, en un país (¿y en un tango?) postrado, pero, con una sociedad dispuesta a no bajar los brazos y salir a pelear una vez más.

Entonces, la represión y los crímenes de Estado a los sectores en lucha, durante el arco temporal de casi un año de agitación callejera, que va del estallido de diciembre de 2001 y sobrepasa la masacre de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Pero, entonces, también, las movilizaciones cobrándose las presidencias que van desde De la Rúa hasta Duhalde.

¿Qué país construir y qué tango cantar? ¿Qué servía, qué era necesario destruir?

La irradiación de esa cultura en ebullición resignificaba todo el arco cultural y social. Ya nada podría hacerse como antes. Tampoco habría vuelta a la “normalidad”. Por eso, un ojo en la calle, siempre. Por eso, cantar como si se tirara piedras para derribar a un Gobierno hambreador o a un Estado reaccionario de lo “tanguero” o del estereotipado “eso no es tango, pibe/a”.

En fin, un arte que no es cómplice con los horrores. Por eso, Álbum Blanco en Tiempo Negro.

Carlos Varela y Gastón Varela.


Carlos Varela es cantor, productor discográfico, artístico, televisivo y radial.

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