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La última curda

Drunk, de Tomas Vintenberg

Con una cita de Kierkegaard “¿Qué es la juventud? Un sueño. ¿Qué es el amor? El contenido de un sueño”y una escena que muestra, aunque de modo bastante complaciente, una especie de rito común entre los jóvenes daneses -que consiste en reunirse en grupos y beber mucho alcohol en poco tiempo-, arranca Drunk (2020), la última película del magnífico Tomas Vintenberg. Y este comienzo, ciertamente, no es azaroso.

Martin (un impecable Mads Mikkelsen, que ya había protagonizado The Hunt, otra de las grandes obras cinematográficas del director danés), un profesor secundario, de mediana edad, que atraviesa una etapa crítica, tanto en su profesión como en su vida personal, se propone, junto con otros tres colegas, realizar un curioso desafío conjunto: los cuatro deberán beber, en horarios estrictamente delimitados, la cantidad necesaria de bebida que los lleve a alcanzar 0,5 de alcohol en el organismo. La idea, cuyo sustento se basa en estudios y experiencias sociológicas, consultadas seriamente por el grupo, parte de la premisa de que, cuando se tiene dicha cantidad de alcohol en la sangre, el ser humano experimenta una sensación, una especie de limbo entre la sobriedad y la embriaguez, que le permitirá desempeñarse mejor, con más ánimo y confianza, en su vida cotidiana.

Este es, entonces, el punto de partida de la aventura en la que los amigos se embarcarán y que tendrá, desde momentos muy luminosos y genuinamente divertidos, hasta algunos más oscuros. Pero, como en cualquier experimento humano, cuando se alcanza una fase de amesetamiento, la promesa de un nuevo éxtasis asoma, seductora. Y es así como los amigos decidirán subir la apuesta: la nueva premisa será beber hasta alcanzar el nivel de plenitud etílica que cada uno necesite y que no será, evidentemente, el mismo para todos.

A partir de este peligroso desafío, se desarrolla la segunda parte de la película, que no es, sino, un acertado retrato de la condición humana, basado en una cuestión más bien filosófica. Las situaciones que viven los cuatro personajes en su vida personal demuestran, de manera diáfana, que el cuerpo humano es, en definitiva, una conjunción de fenómenos, en donde lo orgánico es sòlo una parte del todo. Aunque, en principio, pareciera que los amigos buscan, en esencia, “recuperar la juventud perdida” –aquí es donde el comienzo del film cobra sentido, al igual que las numerosas escenas en que estos adultos interactúan con sus estudiantes-, el presente de cada uno de ellos como adultos decidirá, finalmente, su derrotero individual.

Drunk, acaso la obra más madura de Vintenberg –cocreador, junto con Lars Von Trier, del movimiento conocido como Dogma 95, que alcanzó gran repercusión entre el público y la crítica mundial-, muy lejos del drama social de la aclamada Submarino (2010), es una narración menos cruda y ambiciosa, que pone el acento, esta vez, en una problemática específica, típica de ciertos sectores sociales. No obstante y a pesar de haber sido considerada, en algunos casos, como una película tibia, complaciente (sobre todo, por el final de la película), no deja de ser verdadera obra de arte, bien actuada, musicalizada y mejor dirigida, y que perdurará, indefectiblemente, junto con las anteriores –y, esperemos, las posteriores- en el recuerdo de los espectadores más cinéfilos.

Link de la película: https://cuevana3.io/?s=druk

 

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