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La juventud está perdida por la música

Hoy, la globalización nos unifica. La pandemia nos obliga a vivir confinados. El coronavirus es muy democrático, porque nos ataca a todos y todas, no discrimina. Aunque, la posibilidad del contagio actúa sobre nosotros de diversas formas. Por momentos, nos asusta, en otros, nos es indiferente. La cuarentena nos enfrenta con nuevos desafíos. Debemos convivir muchas horas en familia, en pareja o, directamente, solos o solas. Un encierro que, repentinamente, cayó del cielo como un chubasco de verano.

¿Cómo llevan esta singular situación los adultos, púberes, infantes y jóvenes? ¿Cómo se adapta la muchachada a vivir en cuarentena? Los jóvenes, particularmente, con toda su beldad y conflictos propios portan la bandera de la rebeldía, frescura y fuerza de topadora.

Los y las jóvenes nacidos con la tecnología bajo el brazo, nadan como peces en las redes sociales. Uno de sus mayores gustos es la música y sus derivados. ¿Por qué escuchan música? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Gustos? Decidimos preguntarle a un grupo de jóvenes que escuchan música, entre 20 a 25 años de edad, habitantes de la Ciudad de Buenos Aires y del Conurbano, cuál es la música que les interesa. Gente que sabe. Pero, qué sorpresa nos provocaron las respuestas dadas.

Las encuestadas y los encuestados, pasan bastante tiempo escuchando música. Antes de la cuarentena la escuchaban para viajar. Como nos relata Franco Gabriel (de 22 años y de Lomas de Zamora): “escucho música en todo momento, cuando voy a la facultad o al trabajo, en el gimnasio, siempre escucho música, hasta para dormir dejo la música corriendo”.

Ellos y ellas declaran que la plataforma digital más usada es Spotify, así asevera Lucas (de 21 años y de González Catán): «todo pasa por esa plataforma». La eligen por su accesibilidad, libertad para escuchar a sus preferidos, descubrir nuevas canciones y géneros. Comentando esta situación con el músico Jorge Garacotche, referente de AMIBA, él nos cuenta: “los músicos somos víctimas de Spotify ya que, debido a su popularidad, estamos obligados a estar allí, siendo que la remuneración económica que recibimos es irrisoria. Pero, no tenemos salida. Si no estás ahí, no existís. Por eso mismo, estamos planeando crear una plataforma nacional”.

Regresando a nuestra investigación. La segunda plataforma preferida es Youtube, elegida por su variedad en las propuestas musicales, novedosas y la posibilidad de integrar la imagen. Como afirma Matías (de 22 años y de Barracas): “me gusta escuchar cosas frescas y ver la estética de los shows bien planificados, con grandes escenografías, luces, coreografías”. Otros formatos, menos escuchados, son el CD, MP3 y, sólo para un grupo de elite: los vinilos, por su calidad de sonido.

Foto: Maggi Persíncola.

Los formatos digitales amplían las posibilidades de acceso a la música mundial donde lo hegemónico responde a los intereses comerciales del mercado. Algunos y algunas jóvenes manifestaron su desinterés por esta oferta homogeneizada e investigan nuevas opciones más independientes (Indie), de otros países o que pertenecen a épocas pasadas (música de los 80 y 90).

Por otro lado, incursionando en los gustos sobre géneros musicales. La medalla de oro en popularidad es para el hip-hop. Siguen el reggaetón, el trap, pop, cumbia, rock internacional y nacional.
El hip- hop es una cultura. Es música, poesía, grafiti y danza. Se inició en los barrios marginales del Bronx y Harlem, allá por los años 70, con los negros y latinos contando su realidad social. Quizás, este origen marginal y rebelde sea una de las causas de su popularidad entre la juventud.

En estos últimos años, avanza un coloso a pasos agigantados: el freeStyle, un género dónde la juventud se expresa improvisando letras sobre una base musical. Es la payada millennials. Se realizan encuentros, llamados “batallas”, en un ring donde se enfrentan jóvenes improvisando canciones sobre sus sentimientos, sus conflictos, su pertenencia, su identidad y críticas sociales. Un lugar donde la poesía crece. Nos relata Sandro (de 23 años y de La Boca): “es un género que me identifica porque es muy maleable, accesible y popular. Yo hago freeStyle con mis amigos porque me permite expresarme sobre mi barrio, el sexo, los estados de ánimo, criticar lo social”. Sin embargo, hay una minoría que disfruta de la música clásica, indie, salsa, tango, folklore, etc. Una perlita interesante, que está haciendo furor, es la música cristiana. Los más escuchados son Tercer cielo y Kari job.

Foto: Maggi Persíncola.

Observamos mucha inquietud y búsqueda en acceder a nuevos géneros, cantantes y canciones. Se manifiesta una gran apertura y sensibilidad. Al respecto nos cuenta Ximena (de 23 y de González Catán): “mi amor hacia el heavy es por el sentimiento de lucha constante hacia quienes siempre fueron un poco marginados por la sociedad”, otro tanto nos dice Tiago (de 22 años y de Avellaneda): “el Flaco Spinetta fue un científico de la música y la poesía”.

Como conclusión, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿cambiaste en algo la música que escuchás en este confinamiento? Unos y unas responden que no. Otros y otras que sí, ya que el encierro influye en los cambios de ánimo y la convivencia. Algunos evitan la música melancólica por el bajón, otros ponen cumbia para limpiar, otras escuchan música para relajarse. Es muy conmovedor los que nos comparte Ximena (de 23 años y de González Catán): “me paso algo loco en esta cuarentena, el paso doble se convirtió en música de mi mañana, por el recuerdo de llegar a la casa de mis abuelos un domingo y escucharla, me acerca a ellos y la disfruto de una forma diferente.”

La excusa de la música nos permitió conocer más a los y las jóvenes. Escucharlos, expresarse desde su sensibilidad planteando una continúa reflexión crítica y analítica de la realidad.
¿Al son de que música estamos los adultos en esta bendita sociedad?
Porque nuestros jóvenes danzan al ritmo de la música y la poesía que lleva su propio sello. A ellas y a ellos no les venden el cuento.

Foto: Maggi Persíncola.

Maggi Persíncola es actriz, dramaturga, directora, fotógrafa y gestora cultural.

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