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De lobos y corderos

Un minuto de gloria, de Kristina Grozeva y Petar Valchanov

En el cine, sucede, frecuentemente, que las películas nos conmueven por la historia que cuentan: la narración de los hechos nos impacta por lo original, por lo imprevisto o, incluso, por lo bien construido del relato. Pero, también, existen historias más pequeñas, cuyos hechos, más bien cotidianos o representativos de cierto tipo de culturas o sociedades, nos seducen por sus protagonistas: Forrest Gump –cuyo título lo confirma-, más allá de la extensa historia que cuenta y de las peripecias que allí se narran, es lo que es por el protagonista –y no sólo por la actuación de Tom Hanks-, por la ternura de Forrest, con sus debilidades y esa fragilidad tan a flor de piel, que es lo que nos hace recordar el film entrañablemente.

Un minuto de gloriaGlory es el título original-, dirigida por el binomio Kristina Grozeva-Petar Valchanov en 2016, pertenece a este segundo grupo. Y es que la película búlgara no sería lo que es sin Tsanko Petrov –interpretado, brillantemente, por Stefan Denolyubov-, un histórico y obediente empleado del ferrocarril, que vive solo, en una casa muy humilde y que debe lidiar, permanentemente, con su tartamudez.

Tsanko es honesto hasta la médula. Una mañana, yendo a su trabajo, encuentra entre las vías, mientras ajusta paciente y tenazmente las tuercas de los rieles que las sostienen, una suma cuantiosa de dinero. Pero Tsanko es tan honesto que, luego del hallazgo, acude de inmediato a la policía y, por supuesto, el hecho no tarda en trascender y llegar a los medios de comunicación. El paso siguiente es la condecoración, por parte del Ministro de Transporte, quien le regala, en una ceremonia pública –orquestada impunemente por quienes manejan la prensa del Ministerio en cuestión-, un reloj. Pero, el hombre ya tiene un reloj en su muñeca -un objeto muy preciado para él, porque le fue obsequiado por su padre- y no le interesa, además, ningún tipo de reconocimiento público: sólo quiere cobrar un aumento salarial, que se le viene prometiendo hace tiempo y que él sabe perfectamente que otros –que no se caracterizan, precisamente, por su transparencia como empleados del ferrocarril estatal- se ocupan de cobrar ilegalmente.

Concluida la ceremonia y después de sufrir todo tipo de vejaciones y maltratos –desde la burla de la jefa de relaciones públicas del Ministerio por su dificultad al hablar, hasta la humillación a la que ella misma lo somete, al obligarlo a cambiarse sus pantalones y quedar desnudo frente a todos sus asistentes-, Tsanko sólo quiere que le devuelvan su reloj y volver tranquilo a su casa. Pero, este objeto, en una muestra más de desprecio hacia su persona, se extravía y, entonces, se inicia una peregrinación en la que el hombre intentará, exponiéndose todavía a más humillaciones, recuperar el reloj original, marca Glory -al igual que el título original de la película-, interesante juego de palabras entre ese momento fugaz de gloria, que atraviesa el protagonista, y la marca del objeto tan preciado.

Volviendo al planteo inicial, ocurre muchas veces que la consolidación del protagonista de una película se logra gracias a la aparición de un antagonista fuerte. Y Un minuto de gloria suscribe, con creces, a esta premisa. Julia Staikova (Margita Gosheva), jefa de relaciones públicas en el Ministerio de Transporte, responsable del extravío del reloj –y de todos los padecimientos sufridos por Tsanko, que ya fueron mencionados-, es una mujer totalmente inescrupulosa y capaz de hacer lo que sea para no perder el poder que su cargo, en la función pública, le ha dado. Dicho de otra manera, Julia es en vicios morales lo que Tsanko en virtud. Y es a través de este contrapunto tan marcado e interesante que la historia sigue su curso.

Pero la bondad del hombre –como la de cualquiera de nosotras y nosotros- tiene un límite. Y Tsanko tiene muy en claro lo que quiere: que le devuelvan su reloj. Por eso, su búsqueda no cesará fácilmente, como así tampoco lo harán, claro está, las manipulaciones y destratos de su –a esta altura- enemiga declarada. Con un desenlace que, difícilmente, pase inadvertido y que el espectador juzgará, seguramente, desde varios ángulos.

Un minuto de gloria puede verse, en forma gratuita, en el sitio: https://cineartelumiere.com.ar/


Laura Fuhrmann es profesora de Lengua y Literatura y correctora literaria y de imprenta.

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