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¿Qué hace el actor cuando no trabaja?

Situación de la cultura en contexto de cuarentena (Quinta entrega)

Las actividades teatrales no son valoradas como un trabajo. Para la economía, el espectáculo y la actividad artística, directamente, no existen. Es notable y paradojal porque, en general, el aporte al PBI que ofrecen las industrias del espectáculo es muy significativo.

No actuar es no trabajar ¿Qué hacemos cuando no trabajamos? Las actrices y los actores algo sabemos sobre este tema. Muchos de nosotros, cuando terminamos una obra, pasamos a ensayar otra. No nos detenemos hasta el próximo estreno, invertimos constantemente. El arte es una entrega constante, una militancia, para muchos, es casi una religión.

La pandemia no es la causa principal del estado de precariedad en que vivimos.  La cuarentena le da visibilidad a las dificultades históricas, pero, el problema es mucho más estructural. El teatro comenzaba a recomponerse, luego de cuatro años de neoliberalismo. Las consecuencias habían sido devastadoras: la disminución de la ficción en la pantalla de la TV, la parálisis del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), el cierre de espacios culturales, el aumento excesivo de los costos para la producción artística, la caída del público en las salas.

Con la creación del Instituto Nacional del Teatro (INT) en el año 1998, se potenció la actividad y fue el motor para el desarrollo teatral independiente. Se impulsaron grupos, elencos y cooperativas. Se logró multiplicar la actividad teatral en todo el país.
Pero, el desarrollo teatral a nivel federal no estuvo acompañado por un sistema de contratos profesionales y relaciones laborales que permitieran una continuidad estable, con todos los derechos con que cuenta cualquier trabajador.

Juan Manuel Correa. Foto: Valentina Fernández de Rosa.

Las cooperativas de trabajo teatral, si bien garantizan cierta formalidad con su registro en la Asociación Argentina de Actores (AAA), no permiten, necesariamente, un sistema estable de trabajo formal, ni una continuidad orgánica, como tiene toda cooperativa que se registra ante el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES). La actividad artística, de una u otra forma, tiene un alto grado de informalidad laboral. Hay que pensar en cooperativas estables, con una vigencia que supere el breve tránsito de una obra en cartel. Una cooperativa hace una obra de teatro y, luego, sigue haciendo nuevos proyectos culturales y nuevas obras. Deberían ser cooperativas que reconfiguren el trabajo artístico y  permitan una formalidad orgánica y estable a sus asociados. Este es un tema que debe ser pensado, integralmente, en el sector cultural; particularmente, para la producción independiente. Asimismo, el Estado podría contratar cooperativas de trabajos cultural formales y estables.

En el año 2006, con la creación de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI), se logró reparar un reclamo histórico, que contribuyó a una mejora en la calidad de vida para las actrices y actores que trabajamos en medios audiovisuales, a partir del cobro de derechos de propiedad intelectual generados por la reproducción pública de las interpretaciones.

En el año 2013, se logró, mediante la gestión de la AAA y el INCAA, comenzar con la reglamentación de la Ley de Doblaje, sancionada en 1988 y olvidada ese mismo año. Aún, se está trabajando en la elaboración de un convenio que regule la actividad.

En el año 2015, celebramos, fervientemente, la sanción de la Ley del Actor, que incluye a directores, apuntadores, asistentes, coristas y cuerpos de baile, gracias a la labor constante de nuestra AAA. Como toda ley, es plausible de ser mejorada.

La enumeración de las conquistas mencionadas y el avance en la ampliación de derechos en las últimas décadas tendieron a mejorar las condiciones de trabajo y la vida de las actrices y de los actores en la Argentina. Pero, ninguna de estas reparaciones históricas y conquistas dieron solución definitiva a la precariedad que atraviesa la actividad, desde la larga noche de los tiempos.

¿Es posible encontrar mecanismos para que, una vez que termina una temporada, las y los trabajadores no perdamos los ingresos? En Bélgica y en Francia, cuando las obras bajan de cartel, los actores perciben un seguro, hasta que vuelvan a estrenar una nueva obra. Hay un Estado que garantiza la calidad de vida de sus artistas y trabajadores en tiempos de inactividad.

Atravesamos una situación inédita en todo el mundo y, si bien existen emergentes que deben ser atendidos en lo inmediato, el sector cultural, también, requiere de políticas públicas que atenúen el impacto en medio de la emergencia sanitaria. Por eso, celebramos las políticas que está llevando adelante el Ministerio de Cultura de la Nación. Respaldamos la Encuesta Nacional de Cultura y el Fondo Desarrollar.

Se hace necesario que nos sentemos, todos los miembros del quehacer cultural, a buscar soluciones de fondo a las problemáticas de la informalidad laboral. El sistema de cooperativas de trabajo puede ser una gran solución. Tenemos, una vez más, la gran oportunidad histórica de instalar los cimientos que garanticen que el trabajo artístico sea considerado con las mismas condiciones que tiene toda la actividad productiva en el país.


Juan Manuel Correa es actor, docente y director egresado de puesta en escena de la EMAD. Trabaja como docente en el Excéntrico de la 18, que dirige Cristina Banegas y gestiona el Espacio Lavallén, casa de artistas, en el barrio de Cosntitución. Es miembro del FAyTC. Actualmente, trabaja en Trastorno, un culebrón metafísico de Pompeyo Audivert y prepara su Edgar Poe de Isrrafel escrita por A. Castillo. Que será dirigida por Daniel Marcove.

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