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Laura Cornejo: “la danza nos convoca a habitarla desde la necesidad de encontrarnos y movernos colectivamente”

La bailarina Laura Cornejo le luso palabras a los cuerpos y se aventuró a la escritura de Bailes y poéticas serranas. Otra manera de significar la danza. En ese volumen, recorrió diferentes postas: desde la cueca, en el Valle de Traslasierra; la jota “a la que ti criaste”; entre otras manifestaciones. Allí describe, también, la identidad y evolución del sentido de la zamba, el chamamé serrano y mucho más.

En un diálogo profundo, la artista y docente aseguró que sus páginas “desprenden reflexiones para pensarnos en todo el territorio latinoamericano”. Afirmó, además, que su investigación “viene a aportar material de soporte teórico sobre la danza folklórica espontánea y popular, desde la voz de quienes tienen esa sabiduría y memoria corporal/cultural”.

Con Fervor: ¿Cómo nace este libro, en el que repensás la corporalidad en la danza folklórica corriéndote de las estructuras tradicionales?, ¿cómo se combinan los bailes y las poéticas que lo nombran?

Laura Cornejo: Este libro nace como necesidad de nombrar lo no nombrado, de habilitar las voces que dejamos de lado para seguir patrones académicos, que responden a una estrategia metodológica de enseñanza, pero, que se aleja de las realidades que hacen bailar a un pueblo. Repienso y tensiono las corporalidades naturalizadas de lo que llamamos danza folklórica, para habilitar el cotidiano como discurso corporal e identidad de cada persona, que se manifiesta en el baile y, con ella, develar paisajes, voces, historias, memoria ancestral y vigencia.

Esta obra lleva consigo la singularidad de hablar de un territorio geográfico en las serranías de Córdoba, pero, que desprende reflexiones para pensarnos en todo el territorio latinoamericano. Entonces, vamos a estar tensionando las estructuras tradicionales académicas con la expresión folklórica dinámica y popular que vivió y vive al ritmo de las realidades sociales, históricas, económicas y culturales. Y que baila como consecuencia de su idiosincrasia, buscando el encuentro y lo colectivo desde el arraigo a su tierra. Esos cuerpos territorios, esos cuerpos poéticos serán los portadores culturales de la danza folklórica.

CF: Afirmaste, en una entrevista, que ciertas formas impuestas obturan la multiculturalidad histórica y artística que emerge en la danza ¿A qué te referís, puntualmente?

LC: Desde hace varias décadas, el espacio de la academia de danza folklórica, con su metodología de enseñanza a base de manuales, se dispersó, a lo largo y ancho de todo el país, llegando hasta los puntos más inhóspitos y generando una homogeneización de cómo bailar, interpretar y escenificar la danza. En sus inicios, la funcionalidad tuvo que ver con una herramienta de nacionalización e identidad, pero, con el tiempo, llegó a naturalizarse de tal manera que las singularidades de las personas al bailar fueron corregidas hasta decirles cómo debían hacerlo. Se perdió, en muchos casos, la espontaneidad de las personas del pueblo al bailar, por estar copado de bailarines académicos los espacios y haciendo sentir extranjero al propio lugareño.

Esta acotada y rápida contextualización nos sirve para mirar, en el tiempo, lo que acontece actualmente. La escena folklórica naturalizó que lo tradicional es lo académico, que el folklore es lo que está en el manual y no advirtió que sólo fue una herramienta pedagógica de enseñanza, que nada tiene que ver con la forma, sino, con lo que conduce a ella.

Quienes bucean en otros sentidos y dimensiones de lo folklórico, sosteniendo diferentes improntas, que no sea la hegemónica, quedan en la periferia, por no ser considerados folklore. Es por ello, que creo urgente la apertura al diálogo, la escucha consciente, el estudio profundo y plural y el respeto a la diversidad cultural que, históricamente, nos abraza.

Foto: gentileza de Laura Cornejo.

CF: Analizás la zamba, la cueca, el chamamé y otras danzas con un enfoque que fusiona lo popular con lo académico, donde se mezclan Rodolfo Kusch y Ramón Ayala ¿Cómo seleccionaste las danzas del itinerario y a las/os autoras/es y voces que aparecen en él?

LC: Hago foco en danzas que, principalmente, provocan tensión, por la cristalización generada desde hace tiempo y, por otro lado, porque voy hablar de mi región, del Valle de Traslasierra, en Córdoba. Cada capítulo imprime un carácter y abordaje distinto. En el caso de la zamba, como apertura, conlleva una mirada filosófica que permite volver a plantear una manera abierta de danzar, en diálogo con conceptos de Rodolfo Kusch, que nos piensa gravitando a la tierra y en un dinamismo constante. La filosofía nos habilita a preguntarnos, a cuestionar, dudar y darnos la posibilidad de ver otras realidades.

Por otro lado, dialogo con posiciones de Ramón Ayala, ya que condensa, en su palabra, el concepto de la tierra moldeada en la persona y cómo nos hace responsable de la misma. Son estos lugares los que nos vuelven vulnerables y con compromiso asumido al decidir bailar una zamba.

Decidí este primer capítulo con abordaje filosófico, para abrir la posibilidad a mirar el resto de los mismos con permeabilidad y apertura. Luego, el resto de los escritos tienen un carácter documental, investigativo, donde cobra entidad y relevancia el relato oral de personas no académicas, que describen su universo con categorías distantes a las esperadas y que cobran múltiples sentidos al imaginarlo. También, la descripción de trabajo etnográfico, de cómo se interpretan y manifiestan las danzas en terrenos y paisajes diferentes, otorgándole al lector ingresar en la visualización de videos desde códigos QR.

CF: En el entramado del libro, se despliegan fotos, afiches, entrevistas y breves anotaciones, casi bitácoras, al inicio de cada capítulo ¿Por qué te volcaste hacia esa polifonía, hacia esa variedad de materiales para explicar la evolución de nuestras danzas?

LC: Sostengo que la danza es una consecuencia de una multiplicidad de dimensiones. El patrimonio cultural nos otorga múltiples sentidos, que, luego, va moldeando nuestro estar siendo diariamente. Asimismo, la danza nos convoca e invita a habitarla desde la necesidad de encontrarnos y movernos colectivamente. En el libro, busqué acercar al lector a la mayor posibilidad de entradas a ese mundo, a esa cosmovisión. Cada foto, cada afiche, cada bitácora, cada relato, cada registro tiene, en sí, un contexto, un momento que el lector puede descubrir y darle tantos significantes como pueda y desee. Soy una convencida, como profesión docente que tengo, de que la posibilidad de poder ingresar a un contenido desde múltiples maneras genera un aprendizaje significativo y vivencial. De esta manera, en algún momento, algo nos conmueve, algo nos molesta, algo se mueve y, ese algo, hace que resuene, muy adentro, esta mirada en evolución de la danza.

CF: Tu trabajo lleva por subtítulo Otra manera de significar la danza ¿Cómo emerge esa invitación o propuesta?

LC: Hay varios escenarios que coexisten en mi persona. Lo escénico, lo investigativo y el escenario educativo. En los tres, descubro que hay una necesidad de bucear hacia el fondo de la propia historia personal, para descubrirnos en la historia colectiva. Estas historias dan respuesta a esta actualidad con sus pro y sus contra y denuncian la necesaria mirada y autorreconocimiento, como cuerpos poéticos singulares. El libro lleva, entonces, el subtítulo de Otra manera de significar la danza, porque, será necesario reconocernos, aceptarnos y, a partir de ahí, construir esta danza en un aquí y ahora que se hace efímero, como cada instante respirado. Es otra manera de comprenderla y vivirla sin la necesidad de que nos digan cómo, simplemente, despertando la memoria corporal heredada.

CF: ¿Qué encontrarán en tu investigación los lectores en general, más allá de las zonas serranas, qué le aporta tu tarea a bailarinas/es y, antes de la danza, a lo largo del país?

LC: En este libro, encontrarán múltiples maneras de viajar por puentes poéticos que hablan de diferentes paisajes del país. Recorrerán zambas y se preguntarán cómo bailar la propia. Llegarán a la cueca y los relatos de los lugareños les darán ganas de agarrar un pañuelo y repiquetear. Se encontrarán bailando la jota como juego y descubriendo múltiples posibilidades de interpretarla. Llegarán al chamamé y las caderas jugarán al tiempo de la música y los contextos, entre infancias y patios. Para llegar, al final, con la posibilidad de cuestionarnos qué bailamos, cuándo bailamos, desde dónde decido pararme a la hora de bailar y qué historia decido visibilizar.

Esta obra viene a aportar material de soporte teórico sobre la danza folklórica espontánea y popular, desde la voz de quienes tienen esa sabiduría y memoria corporal/ cultural.

Esta pluralidad cultural heterogénea y diversa de la que habla el libro, aporta visibilidad y posibilidad a bailarinas/es, para abrir el juego a mostrar su propia danza.

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