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Gastón Cocchiarale abre las puertas de Almagna

El joven actor apuesta al circuito independiente con la inauguración de un multiespacio cultural en el barrio de Almagro. Un desafío arquitectónico y humano que albergará producciones teatrales, salas de ensayo y su propia escuela de formación.
Gastón Cocchiarale es actor, director, docente y productor teatral. Hace 7 años fundó su escuela de teatro Creer es crear, que hoy alberga a más de 250 alumnos con sus talleres de actuación, producción, cámara y dramaturgia. Su carrera como actor, a sus 33 años, tiene en su haber proyectos audiovisuales como El Clan, Permitidos, Sandro de América, Edha, ATAV, El encargado, Nada, entre otros. Y proyectos teatrales como Jauría (nominado al ACE como mejor actor en drama), Tres, La gran renuncia y Empieza con D (nominado al ACE y al Martín Fierro de teatro como mejor actor de reparto), entre otros. Compartió proyectos con artistas como Guillermo Francella, Luis Brandoni, Robert de Niro, Bizarrap, Juan José Campanella, Eduardo Blanco, Vanesa Gonzalez, Armando Bo, Pablo Trapero, Cohn&Duprat, Lali Esposito, Ariel Winograd, Daniel Burman, entre otros. En esta nota, reflexiona sobre la apertura de su sala y la necesidad de hacer teatro en tiempos de crisis.
Con Fervor: ¿Qué significa Almagna y por qué elegiste este nombre para la sala?
Gastón Cocchiarale: Almagna básicamente significa alma grande. Y un poco el nombre surgió a raíz de pensar qué significa el teatro en la vida de alguien, tanto para quien lo hace como para quien lo observa y quien lo estudia. Creemos que el teatro es algo que engrandece el alma, que la expande, porque bueno… se ocupa de entretenernos, de hacernos reír, de hacernos llorar, de generar empatía y pensamiento crítico, de instalarnos preguntas, de hacernos pensar. Entonces, de alguna manera, genera una grandeza en el alma, como todo buen aspecto del arte. A partir de ese concepto, de engrandecer el alma a partir del arte y del teatro, puntualmente, llegamos a la idea de que un buen nombre sería Alma Magna, Alma Grande… Almagna. También estamos haciendo un juego de palabras con el barrio en el que estamos, que es Almagro.
CF: Luego de tantos años trabajando en teatro, dando clases, ¿qué te motivó a decir “quiero gestar y dirigir mi propio espacio”? ¿Qué aprendiste de las salas en donde te involucraste, de alguna u otra forma?
GC: Bueno, básicamente lo que me motorizó a tener mi propia sala fue un alumno llamado Jorge García, con quien tuvimos un vínculo primero de cuatro años de alumno-maestro y después compartimos un proyecto juntos que yo produje con la escuela, Creer es crear, que es mi escuela de teatro. Amantes, casados y desconocidos es un espectáculo que compartimos hace tres años, una obra que viene llenando la sala en Timbre 4 y este año fue la obra inaugural de nuestra sala. En ese momento, pegamos muy buena onda produciendo ese espectáculo, trabajando juntos y obviamente el vínculo de alumno-maestro mutó a vínculo de compañeros y él se enamoró del teatro. Jorge es un tipo de cincuenta y pico de años, con la vida ya armada en relación con lo afectivo, lo familiar y lo laboral. Y estaba buscando nuevos rumbos, asegurarse una vejez divertida. Se enamoró de actuar y del universo del teatro. Y a partir de ahí, me empezó a decir que quería ponerse una sala, que quería armar un espacio, que quería tener ese proyecto y que lo quería hacer conmigo. Y bueno, yo obviamente siempre tuve el deseo, el sueño de poder tener un espacio propio, sobre todo porque mi escuela en estos últimos años ha crecido exponencialmente. Yo estaba dando clases en Patio Actores, una sala divina ahí en Villa Crespo, y ya me estaba quedando un poco chica. Me vino como anillo al dedo esta propuesta, así que me sumé y entre los dos fuimos constituyendo una sociedad que empezó con una idea, terminó con un proyecto de teatro y hoy todo eso es Almagna.
La curaduría, la programación, es muy importante; poder construir una audiencia fiel que venga al teatro a disfrutar cualquier tipo de espectáculo, poder tener una mirada crítica sobre el material y poder programar artistas que me generen placer, que admire, que respete. Porque, en definitiva, nuestro trabajo es contarle lindos cuentos a la gente antes de irse a dormir, así que un poco toda mi óptica y mi mirada está puesta en hacer ese trabajo como director del teatro lo mejor posible. Con Jorge pudimos, de manera privada, armar una sala casi semi-comercial, te diría, con butacas de teatro, camarines muy lindos, muy estéticos, muy funcionales. Y un espacio con dos salas de ensayo. Así que hemos invertido mucho tiempo, dinero y esfuerzo en que el proyecto sea el de nuestros sueños. Y la verdad que estamos muy conformes con eso.
CF: Guillermo Francella tiene indudablemente un rol central en tu impulso actoral, ¿qué aprendiste de él? ¿Y qué otros maestros guiaron tu carrera y génesis de Almagna?
GC: De Guillermo Francella aprendí muchas cosas, sobre todo la pasión y la obsesión por su oficio. En ese sentido, fui una esponja durante los últimos años que trabajé con él en El encargado. Pude absorber no sólo cómo actúa, sino también cómo se relaciona con su profesión, cómo ama la actuación y cómo respeta tanto a sus colegas como al ejercicio mismo de actuar. Todo esto consolidó en mí una impronta que ya tenía, pero que él terminó de cultivar al convertirse en mi referente, mentor, padrino y maestro. Su figura recoge, de alguna manera, muchas de las enseñanzas y de la formación que recibí previamente de grandes maestros como Lito Cruz o Agustín Alezzo.
Además de ser un gran actor, Guillermo es un auténtico emprendedor que produce sus propios proyectos, películas y series; está todo el tiempo involucrado en cómo se construye y se vende una producción. Por esta razón, siempre ha sido una fuente de consulta clave para mí. Le estaré eternamente agradecido por todo lo que ha hecho, incluso, por el gesto de ponerle su nombre a la sala principal de Almagna, algo que valoro enormemente y que me dio un impulso maravilloso para arrancar con el espacio este año. Sólo tengo palabras de felicidad, agradecimiento y admiración hacia él.
Por último, cabe destacar que he tenido la suerte de contar con muchos otros referentes y maestros a lo largo de mi carrera. En estos últimos años, la vida me ha dado la oportunidad de compartir el trabajo con personas que siempre he admirado profundamente, tales como Juan José Campanella, Eduardo Blanco, Luis Brandoni y Robert De Niro. Muchos artistas que siempre respeté, que siempre consumí, que siempre admiré y que de pronto, hoy, son compañeros, son colegas y obviamente son fuente de consulta permanente para mí en todo lo que emprendo, en todo lo que hago. Así que, nada, soy un privilegiado en ese sentido porque me considero un pibe joven, emprendedor y entusiasta, pero también con muy buenos referentes que me han hecho de faro en muchos sentidos y eso está buenísimo.
CF: Hoy en día tener un espacio dedicado al arte implica una articulación con apoyos oficiales (no siempre, pero muy frecuentemente) ¿Qué de lo que ocurre por fuera de la sala te genera temores, desafíos o, incluso, demandas?
GC: Principalmente, me inquieta mucho lo que ocurre fuera de la sala: el maltrato sistemático que está sufriendo la cultura por parte del Gobierno actual. En este sentido, aclaro que no soy partidario ni tengo una bandera política que me identifique; sí me considero un ser político, pero ningún partido ni referente actual representa mis ideas y valores. Sin embargo, tengo muy claro lo que no quiero. Este Gobierno ha atacado a la cultura y a sus trabajadores de manera constante, no sólo a nivel mediático, sino también desfinanciando a las instituciones. Si bien coincido en que muchos organismos necesitaban auditorías y una mejor gestión en el manejo de fondos, la forma de implementarlo me parece violenta, agresiva e injusta para lo que la cultura de un país merece. Sobre todo en el caso de la Argentina, una nación con un cine, un teatro y una televisión increíbles que ha sido admirada durante años por su industria cultural.
Lamentablemente, hoy vivimos un franco retroceso evidenciado en la ausencia de ficción en la televisión abierta, la falta de incentivos al cine y el descuido por nuestras historias locales. Todo esto me preocupa profundamente, pero mi respuesta política no es la queja o el insulto, sino ponerme al frente de un teatro y predicar con el ejemplo. No tengo nada en contra del Gobierno nacional; al contrario, me encantaría que sus funcionarios fueran abiertos, reflexionaran sobre el valor de la cultura en nuestra sociedad y aceptaran reunirse a tomar un café con los actores clave de la industria —como sindicatos, empresarios y trabajadores—. El objetivo debería ser alcanzar cuatro o cinco acuerdos fundamentales para que la cultura recupere el lugar que siempre tuvo en la Argentina.
A causa de las nuevas tecnologías, los avances actuales y las políticas de gobiernos que atacan al sector, el trabajo ha mermado demasiado. Esto representa una pena muy grande para mí, especialmente porque formo a futuros actores y actrices. Hoy en día, los jóvenes no tienen un rumbo claro como el que yo tenía a los 18 o 19 años, cuando sabía exactamente para qué y dónde quería actuar; el panorama actual es sumamente frágil y hay muy poco trabajo. Me encantaría que la realidad fuera distinta y que tuviéramos gobernantes a la altura de las circunstancias, capaces de valorar la identidad que hemos construido y de brindar los apoyos correspondientes.
CF: La sala está en un barrio potente para el espacio teatral independiente. Entonces, ¿qué estilos, improntas o marcas estéticas deseás que tenga?
GC: Efectivamente, la sala se encuentra en un circuito teatral maravilloso, uno de los mejores espacios de teatro independiente de la ciudad. De hecho, estadísticamente es una de las zonas con mayor densidad de salas, lógicamente exceptuando la calle Corrientes. En menos de cinco manzanas conviven cerca de diez espacios, como El Extranjero, El Callejón, Teatro del Pueblo, El Portón de Sánchez, El Camarín de las Musas y El Tinglado. Hay una cantidad enorme de salas con excelente programación, muy buena curaduría y grandes artistas, por lo que es un verdadero honor pertenecer a este circuito con Almagna.
A partir de ahora, trabajaremos para construir nuestra propia audiencia. Pienso en un espacio para todos, popular y prestigioso al mismo tiempo, donde conviva una mixtura muy linda entre figuras consagradas, profesionales y artistas amateurs que dan sus primeros pasos. Busco una curaduría que sea accesible tanto desde lo económico como desde su propuesta artística. En ese sentido, tengo como faros y referencias muy potentes del teatro independiente y comercial a espacios que admiro profundamente, tales como El Picadero, Timbre 4, El Camarín de las Musas o Dumont 4040. Ellos han sabido consolidar una identidad muy fuerte e intentaré inspirarme en su labor para construir la nuestra; ojalá lo podamos lograr.
Por supuesto, los espero a todos en Almagna para disfrutar de buen teatro. Actualmente, ya estamos en cartelera con Amantes, casados y desconocidos —obra que dirijo y adapté— los sábados a las 20hs. y con Lobas los domingos a las 18hs. Se suman Una, con Miriam Odorico, los sábados a las 17.30hs. y el Ciclo Expreso —un ciclo de obras cortas de mis alumnos— los sábados a las 22.30hs. Los domingos a las 15hs. está Vania, dirigida por Oscar Barney Finn; los viernes a las 22.30hs. estará Todo roto, bajo la dirección de Nicolás Acosta; y próximamente, en julio, sumaremos Alfa, dirigida por Felicitas Kamien, a las 20hs. Será un gran orgullo que esta curaduría que arranca funcione bien y trabajaremos intensamente para que así sea.
Ezequiel Obregón es docente en el área de Lengua y literatura y periodista cultural. Es estudiante de la Carrera de Artes Audiovisuales, con orientación en Realización (UNLP). Integra el Área en Investigación de Ciencias del Artes del Centro Cultural de la Cooperación. Vive en San José, Temperley, provincia de Buenos Aires.






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