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Sacro Santo o el lenguaje como descomposición de lo sagrado

La obra de Damián Smajo puede verse en el sótano de una peluquería de Villa Crespo. Con reminiscencias de la poética de Ricardo Bartís, la pieza construye todo un universo y entrega tres estupendas actuaciones.

 

Hipólita (Micaela Rey) y su hermano Payo (Leo Martínez) viven en un paraje que parece estar en los confines del mundo. No tanto por su precariedad, sino por el patetismo que le da forma al violento vínculo que construyeron y que, al mismo tiempo, los sitúa en un contexto en el que la desesperanza es omnipresente. Hubo un pasado en el que esta suerte de santa pagana y popular abrazó la congoja y necesidad de otros, a quienes ahora sólo les puede lanzar promesas. Los dones están perdidos y sólo queda la reiteración, referencia de un ritual que tiene mucho de teatro: distribución de roles, repetición de parlamentos y un espacio único en donde Smajo -dramaturgo y director- encontró un aliado para el drama que se cuenta.

Sacro Santo nos rememora la poética de Ricardo Bartís (prestar atención a la voz en off) en su desmesura verbal acriollada, en la (des)sacralización de los cuerpos y en esos márgenes tan lúmpenes desde donde el lenguaje se hace fascinante. A los dos intérpretes mencionados, se agrega la estupenda Mirta Bogdasarian como presencia foránea sobre la que es mejor no anticipar nada, pero que la pieza integrará sin desmerecer su drama familiar ni su irradiación simbólica. En ambas dimensiones se dirime esta obra, en la que en la tensión entre los hermanos también opera como el trazado de un afuera, un “más allá” en el que se vislumbra una sociedad sin norte, sin religión oficial, acaso con hambre y desasosiego.

Además de construir un universo compacto y de afilar la tarea del “decir” en los actores, Sacro Santo hace gala de un humor que va hacia el borde de la corrección sin caer en el chiste fácil. Entrega momentos potentes y de gran espesor cómico, como aquel en el que la reminiscencia de una misa, con el cuerpo y la sangre de Cristo ofrecida a los fieles, puede ser un cuadro de subversión poética que lleva al llanto, pero también a la risa, ¿por qué no?

 

Ficha artístico-técnica:

Dramaturgia y dirección: Damián Smajo

Actúan: Mirta Bogdasarian, Leo Martínez y Micaela Rey 

Diseño de iluminación: Ricardo Sica 

Diseño de movimientos: Jazmín Titiunik 

Vestuario: María Laxague Viñuela

Diseño de sonido y música: Martín D´Agostino

Voz en off: Ricardo Bartís 

Realización de objetos y maquinaria: Mateo Smajo 

Fotografía y diseño gráfico: Mauricio Cáceres  

Asistencia artística: Ariel Lucero

 

Sacro Santo puede verse los viernes a las 20.30hs. en El sótano, ubicado en Av. Scalabrini Ortíz 121, Villa Crespo, CABA.


Ezequiel Obregón es docente en el área de Lengua y literatura y periodista cultural. Es estudiante de la Carrera de Artes Audiovisuales, con orientación en Realización (UNLP). Integra el Área en Investigación de Ciencias del Artes del Centro Cultural de la Cooperación. Vive en San José, Temperley, provincia de Buenos Aires.

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