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Quién sea llega tarde
Quien sea llega tarde es una celebración del teatro, de la indagación sobre la existencia en lo que se percibe como un fin de ciclo de la humanidad y de la luz evanescente de la esperanza que sigue alumbrando al ser humano. Con dramaturgia de Eusebio Calonge y dirección de Paco de La Zaranda, por primera vez en Buenos Aires con un elenco argentino.
Comienza la obra con un inquietante silencio y oscuridad. Luego vemos a dos mujeres que nos evocan la escena inicial de Esperando a Godot. Comenzamos a adivinar una situación absurda donde ellas irán desplegando un intenso diálogo acompañado de constantes movimientos de sus cuerpos en un ir y venir, en una perfecta sincronía conceptual con el texto.
La iluminación es aquí un componente fundamental: paulatinamente alumbrará el económico dispositivo escénico. Un aire anacrónico envuelve el escaso equipamiento: un gran fichero metálico con cajones que cumplen distintas funciones, una vieja máquina de escribir, un teléfono de línea, una radio, una lámpara, un dispositivo de ducha y una extensa sábana de papel continuo. Casi nada más. Nada funciona, no hay luz, ni agua, ni comunicación, ni comida. Ni sentido en lo que hacen.
Son seres abandonados, descartados de la maquinaria burocrática ministerial. Copian una y otra vez interminables listados con apellidos. Están solas, el edificio está vacío. Una falla, una distracción en el sistema las dejó solas y olvidadas, sin interlocutores ni respuestas. Todo está oscuro, incluso su entendimiento. Como una perfecta metáfora del sistema-mundo actual que usa, descarta e inutiliza a las personas reemplazándolas por nuevas olas de pedaleadores de este engranaje cruel.
Dice Eusebio Calonge en una entrevista: “Todos llevamos dentro una oficina como esa, porque es un espacio metafísico que representa la inoperancia de un mundo que se acaba, que se desploma y está ardiendo por todos lados. Y aunque hablemos el mismo idioma no nos entendemos mientras intentamos ver a través de los escombros y la polvareda”.
Las actrices Lucía Adúriz (Fina) y Nayla Pose (Tecla) parecen haber sido elegidas con adecuada perfección para darle alma y cuerpo a esta historia. Las características físicas de cada una parecen las más apropiadas. Una de contextura pequeña dinámica, locuaz y obstinadamente optimista. La otra de estatura más alta, concentrada y reflexiva, consciente del estado en el que se encuentran y de cómo viven. El vestuario y los zapatos gastados y pasados de moda, es de colores neutros que acentúan la monocordia de su estar. Repiten mecánicamente movimientos, preguntas y conjeturas desesperadas. Están convertidas en mera mercancía desechable, no sirven porque ya no sirven.

El hambre las asedia y recurren a revolver en la basura algo, mínimo, para comer. Y allí, como ocurre en nuestras calles a diario, se van sumando otros en las mismas condiciones de carencia y vulnerabilidad, que también revuelven las exiguas sobras, porque ellos mismos son lo que sobra. Como si danzaran recurrentemente en esta nada que las mantiene en constante expectativa y ansiedad.
Como suele pasar ahora cada vez más frecuentemente, algunas/os espectadoras/es sueltan ruidosas carcajadas incomprensibles porque no hay humor en estas escenas; el escenario es un sabio espejo que nos muestra esta desolación en que el sistema de reproducción del capital y finanzas, de creciente e infinita voracidad, quema la vida de multitudes arrinconándolas a una existencia de miserable y cruel sinsentido. Un gran apagón, una desconexión, una cancelación social, una deserción de la vida humana y también del planeta.
Pero -por el estilo característico de La Zaranda- el/la espectador/a espera “algo más” de lo que se presenta aquí con tanta profundidad y belleza a pesar de todo. Y ese momento llega con un brillo tenue y débil al comienzo. Es una luz que alumbra diferente en el escenario, pero también en los personajes que descubrieron entre sus recursos íntimos la imaginación. Cada una de manera diferente se conectará con algo profundo: la esperanza allí más allá de todo vacío.
Quien sea llega tarde es una invocación al hondo respeto por el alma humana que manifiesta en cada obra La Zaranda. Una y otra vez, con una profundidad que a veces abisma, pone una luz focal ahí donde se esconde el diamante de la vida: el amor, el arte, la creación.
Celebración de la dirección de Paco de La Zaranda, de las dos brillantes actrices: Lucía Adúriz y Nayla Pose, de la escritura siempre pulida y exquisita de Eusebio Calonge y de los colaboradores que participan en esta obra. Por mucho tiempo seguirá reverberando en otros escenarios de la vida y seguramente en lo íntimo de nuestra memoria emocional y colectiva.

Ficha artístico-técnica:
Autor: Eusebio Calonge
Dirección: Paco de la Zaranda
Actrices: Lucía Adúriz y Nayla Pose
Producción general: Sebastián Blutrach
Espacio escénico: Eduardo Graham
Iluminación: Adriana Antonutti y Juan Manuel Noir
Vestuario: Ideas enhebradas S.A.
Prensa: SMW
Asistencia de dirección: CamilBltrach
Producción ejecutiva: Luciano Greco
Quién sea llega tarde puede verse los domingos a las 18hs. en Teatro Picadero, CABA.
Adriana Prado es licenciada en Ciencias Sociales y Humanidades y en Bibliotecología y Documentación. Actualmente, realiza periodismo cultural por radio y por redes sociales en “Voces y contexto”, en YouTube: Voces y contexto 4973. Es integrante de EDIT (Encuentro de Divulgadores Independientes de Teatro). Vive en Parque Chacabuco, Comuna 7, CABA.





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