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Pour la galerie!! Golpes de Estado y estados del arte

No era perfecto mi país antes del golpe militar.

Pero era mi estar, las veces que temblé contra los muros del amor,

las veces que fui niño, perro, hombre,

las veces que quise, me quisieron.

Ningún general le va a sacar nada de eso al país,

a la tierrita que regué con amor, poco o mucho,

tierra que extraño y que me extraña,

tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar. 

Juan Gelman (roma/9-5-80)

 

Ya no alcanzan las nuevas estrategias neoliberales para simular, disfrazar, ocultar y enmascarar, con argumentos “republicanistas”, el accionar evidente de un GOLPE DE ESTADO, con mayúsculas. En los últimos años, jugaron a ser sutiles y acomodaticios en la lógica del poder concentrado y el monopolio de los medios, habilitando acciones distractivas e innovadoras, como la asimilación natural del Golpe parlamentario a Fernando Lugo, en Paraguay (2012), que fue GOLPE DE ESTADO; o el Impeachment a Dilma Rousseff, perpetrado por el Senado, en Brasil (2016), que, también, fue GOLPE DE ESTADO; y la situación reciente que conmueve a toda Nuestra Mayúscula América Profunda, a través de un golpismo militar “por omisión” –en palabras de Atilio Borón- al presidente constitucional Evo Morales en la República Plurinacional de Bolivia. Otro GOLPE DE ESTADO que reverbera los tiempos más oscuros de nuestra historia, en un retroceso feroz a la hora de pensar la consolidación de los procesos democráticos en Sudamérica, luego de la escalada represiva, con tortura, desaparición y muerte, que impusieron los GOLPES DE ESTADO, en su condición más perversa, contra los derechos humanos en los años setenta.

El “negacionismo comunicacional” desmesurado evidencia la aplicación sistemática de programas estructurales, que abarca a los actuales gobiernos neoliberales y sectores fácticos concentrados, con el apoyo de los poderes tecnoculturales de gran impacto en las subjetividades masivas, cuyo objetivo fundamental es horadar y desmantelar la histórica lucha de las construcciones populares y democráticas de la región. Este avasallamiento de los derechos y conquistas sociales nos lleva a pensar la pregunta por cómo configurar nuevos imaginarios de lucha y un futuro de organización colectiva, solidaria y afectiva, para enfrentar el crecimiento de los discursos negacionistas que vienen acompañados de políticas antipopulares, de falta de justicia -cooptada por el poder político- y medios masivos de información sostenidos bajo el incremento en el espacio público de las fuerzas represivas del Estado.

Desde principios del siglo XIX, el arte, el coleccionismo y el poder se vinculan, indefectiblemente, con los GOLPES DE ESTADO. Tan sólo recordar la frase de Adolfo Saldías, en Historia de la Confederación Argentina, cuando habla de que el derrocamiento de Manuel Dorrego cayó en Buenos Aires como el anuncio de una catástrofe. Ante el pedido de Díaz Vélez y Brown de salir del país con las seguridades del caso, los unitarios, prohombres como Del Carril, Agüero, Juan Cruz y Florencio Varela, solicitaban la necesidad de sacrificar al gobernador Dorrego. Y dice: “El criterio desprevenido se inclina á creer que fueron estos hombres quienes, haciendo pesar su autoridad sobre el ánimo impresionable del general Lavalle, decidieron, con su condenación colectiva, la muerte del gobernador Dorrego; por más que aquel se responzabilizase ante la historia de un hecho que debió evitar para no abrir la era de las tremendas represalias de la guerra civil”.

Luis Felipe Noé.

Ese cruel asesinato, comandado por los ilustrados intelectuales lame botas que dieron inicio al GOLPE DE ESTADO y al toque de puerta de los cuarteles, no tuvo una representación visual contundente y repudiable en su propio contexto inmediato. Por el contrario, el Estado de Buenos Aires supo, con claridad, construir un repertorio de imágenes gráficas para perpetuar su ideología de clase. En 1857, aparecen los retratos en la Galería de Celebridades, cuya tradición política selectiva incorporaba las biografías junto a las imágenes de los líderes de la Revolución de Mayo y de la experiencia política del período rivadaviano. Y la única figura litografiada con uniforme militar fue la de Juan Lavalle, quien, desde el unitarismo, enfrentó al poder del rosismo. Lavalle tuvo su retrato heroico y Dorrego no. Hubo que esperar el derrotero de todo un siglo de GOLPES DE ESTADO, hasta que el artista Luis Felipe Noé le pusiera imagen a semejante aberración histórica en la obra Imagen agónica de Dorrego, de la Serie Federal (1961) ¿Por qué el arte olvida y niega en imágenes los hechos simbólicos que atormentaron a nuestro pueblo? ¿Quiénes están detrás del arte ocupando un lugar de poder? ¿Quiénes ostentan el poder real del Golpe?

El referente actual de la oposición conservadora en Bolivia es Carlos Mesa, quien disputó la presidencia a Evo Morales en las últimas elecciones, impugnadas por el supuesto fraude, con el apoyo internacional de la OEA (Organización de los Estados Americanos). Carlos Mesa es hijo de José de Mesa y Teresa Gisbert, encumbrados historiadores del arte colonial boliviano y andino, dueños del arte, del saber y de los discursos que el poder aristocrático les confirió a los “dueños de la tierra”, para entender -al igual que los intelectuales que impulsaron el GOLPE DE ESTADO a Dorrego en 1828-, la existencia de las mismas disputas negacionistas ante los procesos políticos legítimos, populares y democráticos. Los chupa cirios del arte y la política, con la biblia en la mano, por la fuerza, como lo hizo Pizarro sometiendo a Atahualpa durante la colonia, se reactualizan en las imágenes viralizadas por las redes sociales, cuando la horda de señoritos bien incendian la bandera wiphala de los pueblos originarios y sobreponen la Biblia, como mandato jurídico sostenido bajo el manejo disciplinario del poder de clase, racista y patriarcal que defiende los privilegios económicos, políticos, culturales y de identidad de clase.

Si pensamos otros vínculos entre coleccionismo artístico y el poder político en nuestro país, no podemos desconocer que una de la colecciones más importantes de arte argentino está en manos de la familia de Pedro Blaquier y Nelly Arrieta de Blaquier, dueños del Ingenio Ledesma, en Jujuy, y cómplices civiles del último GOLPE DE ESTADO en la Argentina. Durante el conocido “Apagón de Ledesma”, fueron secuestrados y desaparecidos trabajadores del ingenio en un operativo, realizado por el ejército, la gendarmería y la policía, con las propias camionetas de la empresa, entre el 20 y 27 de julio de 1976. Aún siguen desaparecidos 33 trabajadores del Ingenio Ledesma y la colección Blaquier de arte argentino está manchada de color rojo sangre.

Evo Morales Ayma.

¿Cuál es el miedo de los sectores acomodados? No queda ninguna duda: el de perder su lugar dominante en la sociedad ¿Cuál es el futuro que podemos imaginar desde el arte? Entre tantas y múltiples posibilidades, nos atrevemos a pensar, desde las prácticas artísticas, activistas y militantes, la producción de imágenes estratégicas que resisten desde la memoria colectiva y oral de nuestros pueblos, reinventándose a cada paso para fungir nuevos imaginarios que disputen los discursos de poder que esgrime la autonomía del arte y la política.

De algún modo, en el complejo cruce entre el arte y la política, una posible respuesta al conflicto la dan las imágenes gráficas en toda su diversidad: gráficas textuales, tipográficas, cuerpos gráficos, gráficas tradicionales y digitales, gráficas cantadas, gráficas del color y la luz en movimiento, que ejercen la voluntad de reactivar las prácticas en resistencia, hoy, en el marco del neoliberalismo antipopular y antidemocrático que oprime a nuestros países Sudamericanos. Tal vez, resulte fundamental gestar un trabajo cooperativo más activista en la calle, ocupando los espacios públicos, como lo hacen los movimientos campesinos indígenas, cortando los caminos del Alto, en La Paz, exigiendo la renuncia de Jeanine Áñez, a través de una micropolítica de acción social y colectiva, que intervienen sobre sitios específicos en distintas movilizaciones y, en sí mismo, desde el propio lenguaje y la comunicación, activando las subjetividades de la opinión pública y confrontando la verborragia neofascista que circula, tanto en las plazas como en las redes sociales.

En definitiva, de manera sincrónica, entre el siglo XIX y el XXI, ante la injerencia elocuente de los GOLPES DE ESTADO, los muertos los sigue poniendo el pueblo en lucha. Mientras tanto, los actores de las clases acomodadas mantienen el status quo de los dueños de la tierra, los dueños del arte y de quienes hegemonizan, localmente, los discursos neoliberales. Contra ese poder, hay que ser irreverentes.


Juan Pablo Pérez es coordinador del Departamento de Ideas Visuales del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

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