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El teatro argentino en la restauración neoliberal (diciembre 2015-2019): macropolítica y malestar

Venimos trabajando hace dos años, en el Centro Cultural de la Cooperación (AICA), una investigación sobre el teatro durante los años de la presidencia de Mauricio Macri, con especial atención en Buenos Aires. Pero, también, con algunos indicadores de lo que pasa en las provincias. La materia es amplia; ofrecemos aquí una breve reflexión preliminar, apenas un comienzo. Hacemos historia del presente y del pasado inmediato, con las ventajas y problemas que tiene este tipo de historización.

El primer problema está en  nombrar el período. Sabemos que está dentro de la Postdictadura, esa nueva unidad histórico-cultural argentina que se caracteriza por venir después de la dictadura (de diciembre de 1983 hasta hoy) y por padecer sus consecuencias (“post” en el doble sentido: lo que viene después, lo que es consecuencia de…). Las etapas internas del teatro de la Postdictadura, anteriores a la actual, según nuestros trabajos, son a grandes rasgos:

  • 1983-1989: el teatro en la democracia condicionada;
  • 1989-1995: el teatro frente al proyecto neoliberal y la resistencia / resiliencia política;
  • 1995-1999: el teatro en la declinación del neoliberalismo y en el crecimiento de las revueltas sociales;
  • 1999-2003: el teatro en la crisis del neoliberalismo;
  • 2003-2015: el teatro en el proyecto post-neoliberal y las transformaciones sociales que acarrea.

¿Cómo nombrar el período diciembre de 2015-2019? Tras barajar distintas opciones, pensamos en el teatro en la restauración neoliberal, tanto por su corte respecto del post-neoliberalismo en los años 2003-2015, como la forma en que reconecta con las variables históricas impuestas entre 1989-2003.

Ilustración de Vicente Stupía.
Ilustración de Vicente Stupía.

La herramienta teórica que nos permite subperiodizar de esta manera la Postdictadura es la distinción entre macropolítica y micropolítica (para la que seguimos a F. Guattari / S. Rolnik, y a Eduardo “Tato” Pavlovsky). En síntesis: la macropolítica como los discursos de representación de alto grado de institucionalización (por ejemplo, los que se imponen desde las políticas estatales y/o los grandes partidos); la micropolítica como la construcción de territorios de subjetividad alternativos a las macropolíticas. Nuestra hipótesis es que, cuando cambia la macropolítica, se redefinen las micropolíticas en relación dialéctica. Pero es fundamentalmente la macropolítica la que impone ejes de cambio a esa interacción.

En la Argentina, a partir de diciembre de 2015, cambia profundamente la macropolítica respecto del gobierno anterior. Macri impone, desde el Estado, que “el problema de la Argentina son los argentinos” y propone un “cambio cultural” para revertir comportamientos de “siete décadas”. En síntesis, algunas de las variables de ese supuesto “cambio cultural” implican aceptar (y aclaremos que sobre cada uno de estos aspectos existe ya una amplísima bibliografía académica y de investigación periodística): la reducción del Estado y la imposición de políticas de ajuste en Educación, Cultura, Salud, Deporte y en todos los planos de la administración en general, así como propiciar la iniciativa privada y el emprendedorismo; que el Estado esté conducido por CEOs que, al mismo tiempo, están vinculados a las grandes empresas; la financierización; la desigualdad de clases, concentración de poder y privilegios en un sector mínimo dominante (a la manera del modelo chileno); el tarifazo, la caída del mercado interno, la desindustrialización, la exportación de materias primas e importación de productos de elaboración industrial, con las consecuentes inflación y recesión y aumento de la pobreza y de la pérdida de fuentes de trabajo; el brutal endeudamiento (FMI); el desconocimiento de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (conocida como Ley de Medios); sumado al apagón mediático / blindaje mediático / “justicia” mediática, posverdad, fake news; control de las redes sociales a través de “brigadas” de “trolls”; profundización de la “grieta”; creciente militarización y políticas represivas; nuevas alianzas internacionales (como el Grupo de Lima); entre otras variables. Insistimos: sobre cada uno de estos aspectos existe ya una amplísima bibliografía académica y de investigación periodística (que aquí no podemos detallar).

¿Cómo no afectaría el cambio de macropolítica al campo teatral en todos sus niveles: producción, poéticas, imaginarios, circuitos, públicos, intercambios con el mundo, publicaciones, equipamiento, etc.? Se advierte un crecimiento de las micropolíticas de la resistencia y la resiliencia (especialmente en el teatro independiente, como en los noventa) y un sentimiento de malestar generalizado, tanto en quienes rechazan (gran mayoría) como en quienes apoyan (una minoría) la macropolítica vigente. Hay un marcado fenómeno de empobrecimiento, achicamiento y de reordenamiento de los agentes en los circuitos de producción: nuevos roles para el teatro independiente (cada vez más hundido en la preocupación y la adversidad), para el teatro oficial (que en este contexto empobrecido crece en visibilidad por la expectativa de contratos para los artistas y por el precio más accesible de las entradas para los espectadores) y el teatro comercial (reducido drásticamente en cantidad y en calidad). Continuará…

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