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La invención de los afectos

Si dos cuerpos femeninos se sitúan a orillas del mar, ¿estos cuerpos son mar? Si duermen en una cama de hotel, ¿son sueño? Si recitan poesía, entonces, ¿serán palabras?, y si son adolescentes en pleno éxtasis sexual, ¿son orgasmo, frenesí, deseo, ruptura, potencia?

Un cuarto de hotel en Mar del Plata, en algún mes de invierno, es el escenario donde transcurre Las Oceánicas, obra escrita por Lucila Rubinstein y dirigida por Manuela Méndez. Allí, observamos a dos jóvenes amigas que asisten a una convención de poesía. Ellas dicen que están alfonsineando, nombre propio hecho verbo que alude, indudablemente, a la poetisa feminista Alfonsina Storni. La noche se extiende en su total inmensidad, mientras, el insomnio, la ansiedad, el juego y las olas traen a un hombre que armará este tríptico afectivo que desatará diversos conflictos.

 

“Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
no fuera más que aquello que nunca pudo ser,
no fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer.

Dicen que, en los solares de mi gente, medido
estaba todo aquello que se debía hacer…
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna… Ah, bien pudiera ser…

A veces en mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero, se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloró.

 

Y todo esto mordiente, vencido, mutilado,
todo esto que se hallaba en su alma encerrado,
pienso que sin quererlo lo he libertado yo”.

(Poema de Alfonsina Storni).

 

La irreverencia de estas dos jóvenes se advierte desde el minuto uno en la obra. Ellas son el manifiesto empírico de la nueva juventud, esa que viene a cuestionar los paradigmas establecidos y a reivindicar el pensamiento femenino, callado históricamente por el patriarcado. No es casual, justamente, que la obra haga referencia a las poetisas Storni y Pizarnik, cuerpos disidentes que han sido pioneras en la lucha por los derechos de las mujeres, desde su arte, en un mundo masculino.

Lo interesante del vínculo de las dos muchachas es cómo se configura un espacio otro de invención de lo cotidiano, del mundo y de todo lo que nombramos y, asimismo, de esa relación que viene a quebrar un modelo preconcebido acerca de qué es la amistad, para abrirse a las amplias posibilidades que tiene el devenir de la práctica humana de los sentimientos. Milne y Muriel, los dos personajes principales de la obra, nos atraviesan con las siguientes preguntas: ¿qué es un amigux?, ¿qué limites tiene la amistad?, ¿qué se espera de un amigux?

Así es como considero que el espectáculo cuestiona las maneras de organización simbólica y ontológicas de la amistad, los afectos y los objetos dentro de la norma heteropatriarcal. Haciéndose cargo de las complejidades del vínculo en la incorporación de un personaje tercero, que no sólo aparece como el objeto de deseo de ambas, sino, como lo desconocido, como la materialidad hecha carne de la geografía toda de la ciudad atlántica. Guillermo es el frío del mar, es el trabajo, la estabilidad esperada, pero, también, la alineación, la angustia y el hastío, la pregunta por el mandato y la fragilidad masculina.

Foto: Ana Schmukler.

Lo performativo de los personajes, que van enunciando funcionalidades posibles, como un prisma múltiple y diverso. Nunca son alguien, sino, que van al borde del ser sujeto, para fundirse en las nubes borrascosas de las operaciones semánticas y existenciales. Les tres dibujan jeroglíficos, por momentos, inaprehensibles, por momentos, más identificables, dentro de la representación hipernaturalista, hasta acariciar los instantes donde el tiempo deja de ser lineal y pueden nadar en lo surreal, lo cuántico, vasto y suspendido.

Las Oceánicas nos demuestra que la vida es un verbo en pura conjunción y que sus sustantivos y adjetivos producen infinitas combinaciones, como las composiciones vivenciales entre unxs seres con otrxs. Así, es posible que el agua del mar coexista, también, en el caño roto del baño que la expulsa, porque todo es movimiento y porque somos parte del todo. O, como dirá Judith Butler, sólo hay “fundamentos contingentes”, cuerpos que se agencian, inclasificables energías, ni objetos ni sujetos, un todo en constante transformación. Lo que permitirá construir categorías identitarias que habiten la contradicción, partiendo del seno de la crítica y de la noción de libertad, por fuera de los sectores incuestionables de poder.

El espectáculo de Rubinstein-Méndez juega con el lenguaje mediante la poesía, pero, no sólo pretende coquetear con la belleza de las palabras y la apreciación de las mismas en su rítmica y presencia en el éter, sino, más bien, hace hincapié, principalmente, en los significantes que contiene cada vocablo. Presenta al lenguaje como un océano de inagotables posibilidades-olas que rompen en la producción simbólica y material del mundo.

Y es en este procedimiento estético donde radica la reflexión que sugiero se piense como potencia de la obra artística. La autora feminista Donna Haraway, en su libro Ciencia, cyborgs y mujeres, plantea la participación de otros mundos que no sean humanos en la existencia cotidiana, cree que es posible leer la historia social como fusiones de cuerpos, máquinas y criaturas no humanas. Haraway piensa la presencia de la naturaleza, sexo y cuerpo como categorías a reinventar por los feminismos, para que se pueda dejar de lado los binarismos obsoletos que establecen estructuras, arquetipos y roles preestablecidos en la cultura machista. Dirá la autora: “Algunas diferencias son agradables, otras son polos de sistemas mundiales históricos de dominación”.

Es, entonces, en esta tesis de Haraway donde encuentro un punto de encuentro con Las Oceánicas, ya que, de alguna manera, la obra propone el desarrollo de nuevas políticas de producción de conocimiento, que sean más objetivas, sobre el mundo y funda una nueva revisión del objeto, pero, esta vez, no como un recurso pasivo para el ojo del sujeto, sino, como un agente activo implicado en la producción de la realidad.

Así, es como se erige la objetividad feminista capaz de concebir al sujeto-objeto en sus límites y transformaciones, capaz de adquirir una óptica inesperada, no tradicional, de las relaciones y jugar con la subversión de los paradigmas sociales que establecen cómo debemos ser.

 

Ficha artístico-técnica

Actuación: Delfina Colombo, Stephanie Troiano y Fabián Carrasco

Diseño espacial y de vestuario: Martina Nosetto

Diseño de iluminación: Jessica Tortul

Ilustración: Laura Carrasco

Diseño gráfico: Clara Colombo

Fotografía: Ana Schmukler

Prensa: Valeria Franchi

Producción general: Las Martas

Dramaturgia: Lucila Rubinstein

Dirección: Manuela Méndez

Duración del espectáculo: 50 minutos

 

Las funciones se realizan los domingos a las 19hs. (el 12/09 no habrá función debido a las elecciones), en el Teatro Cultural Morán, Pedro Morán 2147, CABA.

Entrada: $660. Reservas: https://www.passline.com/sitio-evento/las-oceanicas-teatro-67461

Agradecimientos a Fabián Díaz, Federico Ottone, Ana Schmukler y Tam Painé Ciai.

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