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Criollo

Criollo, palabra despectiva para diferenciarse de aquellos que no merecían ser personas de alcurnia. Algunos investigadores aseguran que criollo deriva de crío, palabra con la que se denomina a los niños y niñas que nacían en las indias. Otros dicen que proviene del portugués crioulo, como se denominaba a los esclavos nacidos en América. Hay quienes dicen que es una derivación de criar, que tiene la misma raíz que criado, o sea, los sirvientes y esclavos.

“La palabra se hizo costumbre, y pasó a identificarse con los hijos de padres europeos o africanos nacidos en América. Pero no a los ‘mezclados’, como mestizos o mulatos, que los llamaban así porque provenía de ‘mulo’, animal de carga”. De esta forma comienza un artículo del profesor Rafael Tobías Raguel, donde pone de manifiesto de qué modo las clases dominantes, desde el fondo de la historia, han tenido prejuicios para aquellos que eran propios de estas tierras.

Vale recordar las palabras de Domingo Faustino Sarmiento, en carta enviada a Bartolomé Mitre en el año 1861: “Se nos habla de gauchos… (…) …la lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esa chusma criolla incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos”. Domingo Faustino Sarmiento, siendo presidente de la Argentina, mostró, siempre, su desprecio hacia el aborigen y hacia las poblaciones más pobres del país. Sarmiento y Mitre querían poblar con rubios de ojos azules y construir una patria sobre las ruinas de la Argentina criolla. Lo que, por boca de Sarmiento, sostenía la inutilidad del criollo. Decía Alberdi que Sarmiento lo tomó de Rivadavia, ambos “criollazos”, pero, renegados.

En El Proyecto y construcción de una nación (1846 – 1880), expresa: “La inmigración indiscriminada no buscaba, como se dice por ahí, incrementar demográficamente al país, sino, reemplazar a los incapaces incivilizados criollos con capaces y civilizados extranjeros. Ese crisol de razas pretendido no fue lo que arribó a nuestros puertos entre 1869 y 1936. Entre esos años llegan a nuestro país 2.415.142 inmigrantes, de los cuales ingleses son 0,2%, alemanes 0,7% y franceses 0,6%. Sarmiento diría, al respecto: “Vinieron, justamente, la gente que no se quería, italianos, españoles, rusos, judíos, etc.”. Así es como el criollo, el paisano, iba creciendo en cantidad, pero, también, en pobreza.

Por otra parte, Juan Bautista Alberdi no distaba mucho de los pensamientos de Sarmiento y Mitre, ya que afirmaba: “Con tres millones de indígenas, cristianos y católicos no realizareis la república ciertamente”. La misma suerte corrieron los negros y mulatos de estas tierras que, en su gran mayoría, fueron enviados a pelear en la llamada Guerra de la Triple Alianza. Y que, en palabras de José Pablo Feinmann, podríamos denominar “guerra de la triple infamia”.

Joaquín Mauricio Mora.

Jorge Luis Borges nos lo recuerda en su libro Para las seis cuerdas (1965), justamente, en la Milonga de los morenos: “Alguien pensó que los negros / no eran ni zurdos ni ajenos / y se formó el Regimiento / de Pardos y de Morenos”. La negritud, al igual que el criollo, el gaucho o el indio, siempre, fueron mirados de costado. Omer Freixa dice: “para 1800, en varias provincias, el porcentaje de la población de origen africano era superior a la mitad de los habitantes”.

La etimología de la palabra tango, que proviene del africano, deriva de Shangó, el Dios yoruba del trueno o, simplemente, el nombre del cuero que recubre al tambor. Porque, el candombe de los negros (el que tocaban, obligados, en la cubierta del barco negrero) es el primo lejano del tango. Asimismo, la milonga pasó por un proceso parecido, que ayudó a definirlo más tarde. La presencia del negro en el tango es visible desde la producción, hasta tangos compuestos por blancos que hablan de lo negro.

La música es imprescindible para construir la identidad de un pueblo. Pero, también, los marginados o desaparecidos la construyen. El afro lleva el ritmo en la sangre, estamos todos de acuerdo. Esa vitalidad impregna al tango, sin perder la mezcla con otros elementos culturales no negros. La música popular tiene mucho que ver con el nacionalismo. El tango ayudó a definir la identidad del inmigrante europeo del 1900. Pero, los blancos se han apropiado de esa identidad desmereciendo el aporte negro en sus orígenes. En la forma en que se representó al tango, si bien los primeros payadores y compositores fueron negros, hoy, la típica pareja que baila es blanca. Es que los argentinos de color eran de origen pobre y hechos al margen. Los de color hicieron tango, pero, debieron ajustarse, como pasaba en otras esferas, al canon de producción, que era bien europeizado. Les decían cómo componer, en síntesis. Por eso, no se los aprecia a simple vista.

Horacio Salgán con el Quinteto Real (1964).

La música construyó identidades, pero, también, excluyó. Cuando la gente escucha tango, sin saberlo, de alguna forma, oye música negra. Sin embargo, que no se sepa no es culpa del oyente, sino, de la propia historia o, en otras palabras, de los historiadores, políticos y otras personas que han resaltado una Argentina blanca, en donde hablar de lo negro remite a lo peor. En ese sentido, en Occidente, se habla de lo negro como lo negativo, el humor negro, un pasado negro y otras tantas expresiones que denotan que, si históricamente a África se le negó todo, no es fortuito que en la Argentina se niegue el origen negro del tango. Y, al propio afro argentino, se lo excluya de su historia, cuando siempre fue protagonista.

Hay otra contradicción que atenta contra el mito de un país blanco. Es que la forma típica de denostar a los pobres es refiriéndose a ellos o a los inmigrantes de países limítrofes, como negros cabeza, bolitas, paraguas u otras formas racistas. Durante años y aún hoy, hemos escuchado la frase: “En Argentina negros no hay”.

Pues bien, para allanar cualquier duda, pondremos a su consideración un documento, escrito porteño, que es el más antiguo en que aparece la palabra tango y, casualmente, es del 11 de diciembre de 1802. Se trata de un boleto de compra-venta de un “sitio de negros”, en el barrio de La Concepción (hoy Constitución). En líneas generales, la historia oficial se escribió bajo los influjos del blanco, utilizando, para ello, una naturalización de neutralidad con racismo científico. El entrerriano, tango de 1897 del compositor y pianista afro porteño Anselmo Rosendo, es el primer tango formalmente creado. El cual tomado como inicio del período conocido como Guardia Vieja (1897-1920).

La lista de músicos afrodescendientes es extensa dentro de la creación tanguistica. Entre los más destacados, podríamos recordar al guitarrista, compositor y músico acompañante de Carlos Gardel: Guillermo Barbieri; el payador Gabino Ezeiza; José “el Negro” Ricardo, también, guitarrista de Carlos Gardel; Enrique Maciel (La pulpera de Santa Lucía); Joaquín Mora (Margarita Gautier); Horacio Salgán; y el contrabajista Ruperto “el Africano” Thompson (1890-1925), quien introdujo lo que se llamó “estilo cayengue”, un sello del tango moderno, que se basa en dar pequeños golpes al instrumento como si fuese un tambor.

El Día Nacional del Tango se celebra el 11 de diciembre, fecha propuesta por Ben Molar (productor musical) en homenaje al nacimiento de dos grandes del género, Carlos Gardel (cantante y compositor) y Julio de Caro (músico y compositor). Pero, casualmente, fue realizda un 11 de diciembre -pero, de 1802- la mención más antigua de la palabra tango en Buenos Aires.

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