Política Cultural

Hacia una Ley Federal de Cultura

Somos artistas, trabajadores y trabajadoras de las culturas del nordeste argentino y representantes del sector de la cultura de las cuatro provincias del NEA (Chaco, Corrientes, Misiones y Formosa). En el primer foro realizado en Resistencia, Chaco, el 21 de agosto de 2018, estuvieron presentes representantes del sector de la Cultura de la Cámara de Diputados de la Nación; representantes con funciones de gobierno de las provincias del NEA; la Rectora de la Universidad Nacional del Nordeste, Delfina Veiravé; las autoridades culturales de Chaco, Misiones y Formosa, diputadas y diputados nacionales de las cuatro provincias nordestinas, representantes sindicales de SAT (Sindicato Argentino de Televisión), Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos (SAID), CTA Chaco y CTERA. Y estuvimos presentes, sobre todo, artistas y trabajadores y trabajadoras de la diversidad cultural de región compartida.

El día 12 de julio de 2018, nos reunimos en la Cámara de Diputados de la Nación, junto a más de 70 referentes del ámbito de la cultura, para retomar el proceso de debate de una nueva Ley Federal de Cultura, convocados por el Presidente de la Comisión de Cultura de dicha cámara, Daniel Filmus. Se decidió tomar como base el trabajo que realizamos, como Frente de Artistas y Trabajadores de las Culturas. El mismo consistió en la realización de 46 foros de debate por una Ley Federal de las Culturas, en el marco del decreto 1172/2003 que regula la elaboración participativa de normas.

Se avanzó, allí, en el consenso de construir una norma que le dé institucionalidad al sector cultural -dado que no existe una ley nacional marco- y consagre los derechos individuales y colectivos necesarios para el desarrollo de nuestros ciudadanos y la construcción de un país soberano, integrado y con justicia social. En ese sentido, se presentaron en discusión diez ejes iniciales para el debate de un nuevo proyecto de Ley Federal de Cultura, convocando a todos/as los/las trabajadores/as de la cultura y los ciudadanos y ciudadanas a aportar en foros, a celebrarse a lo largo del territorio nacional. Porque, entendemos que la actual coyuntura, de grave crisis nacional y de avasallamiento sistemático de nuestros derechos individuales y colectivos, precisa de un nuevo debate para la construcción de un gran consenso acerca de un Proyecto Cultural de Nación, que consagre a la cultura como un derecho, como factor fundamental para el desarrollo integral del país, a la diversidad cultural, lingüística, étnica y de género, como una riqueza, desde el horizonte de sentido de la interculturalidad crítica, la soberanía y la emancipación, para rescatar a la Argentina de un proceso integral de neocolonización, que la sitúa al borde mismo de su disolución.

 

El Foro Cultural del NEA se desarrolló el martes 21 de agosto, con una importante cantidad y calidad de intervenciones y dos mesas paneles, donde se llegaron a los siguientes acuerdos básicos:

  1. La cultura como un derecho individual y colectivo. Esto implica el derecho a crear, producir, difundir y acceder a ella, o mejor, a ellas, a las culturas, para desterrar de una vez y para siempre la falacia de la monoidentidad, de la tradición única, de la cultura única, de los que tienen que acceder y de los que facilitan el acceso a los que carecen de cultura.
  2. La Cultura es el principio y el fin del desarrollo humano integral, según lo define actualmente la UNESCO. Es, entonces, los sentidos que les damos a nuestros modos de vida comunitaria. Porque, hoy, nos debatimos entre un modelo de islas de meritocracia darwinista, desde el que se elogia el egoísmo y el individualismo más asocial, articulado a partir del rechazo a lo diferente –un régimen de ganadores y perdedores-, y un proyecto de comunidad solidaria en el que las diferencias se reconozcan desde un horizonte de emancipación e igualdad.
  3. La cultura es una inversión, no un gasto. Porque es factor de construcción de identidad y subjetividad. Y es riqueza material y simbólica. Las industrias culturales aportan hoy más de un 3% del Producto Bruto Interno, lo que representaba, en el 2015, 500 mil puestos de trabajo, una parte importante de ellos hoy perdidos, otra en peligro. Pero cultura no es sólo industria. Porque las culturas ancestrales, autogestivas e independientes retejen los lazos sociales desde una dimensión comunitaria que busca religar, reunir lo roto, fragmentado. Se trata de una herramienta fundamental para erradicar las desigualdades estructurales de nuestra sociedad: geográfica, étnica, económica y de género.
  4. Diversidad e interculturalidad. La diversidad cultural, lingüística, étnica y de género es nuestra principal riqueza, pero ésta debe ser entendida y promovida desde la práctica social de la interculturalidad crítica, cuyo diálogo, no exento de conflictos, construye identidades colectivas, democráticas. Para ello, resulta fundamental la protección de las lenguas habladas en nuestro territorio, nuestros valores ancestrales, el aporte de las distintas comunidades nativas y migrantes que residen en nuestro territorio, así como también las fiestas populares, ferias y artistas callejeros, y la cultura digital.
  5. Un marco institucional para la cultura. La Cultura necesita de instituciones y políticas de Estado sostenidas en el tiempo. Debe recuperarse el carácter de Ministerio que tenía el área.
  6. Transversalidad. La cultura no es solo función de un área de gestión específica, sino un bien que atraviesa las áreas educativas, económicas y sociales. Es preciso integrar a los derechos culturales los derechos laborales de las trabajadores y trabajadores culturales. Porque, las culturas son patrimonios colectivos en tanto productos del trabajo humano acumulado a lo largo de la historia. Por eso, los trabajadores y trabajadoras son sus genuinos productores materiales y simbólicos.
  7. Son sujetos culturales todos los habitantes de la República Argentina.
  8. Financiamiento. El Estado forma y da instrumentos a la sociedad para multiplicar la creatividad cultural. Algunas disciplinas artísticas han conseguido sus leyes de fomento, estas no deben estar en contradicción con una normativa general. El Estado, además, debe reconocer y potenciar el rol que empresas pequeñas y medianas, organizaciones sociales, sindicatos y asociaciones civiles realizan en la cultura. Se coincidió en que es necesario lograr por ley el 1% del PBI como inversión piso en cultura.
  9. Un proyecto de cultura federal para refundar un país centralista y unitario. No hay ley transformadora de cultura sin mecanismos muy claros de redistribución material y simbólica de los fondos, a nivel regional y provincial y sin la superación de la cultura de los grandes eventos, por la paciente y sistemática construcción del quehacer cultural de un país diverso y plural. Para lo cual, se necesita un Consejo Federal vinculante, con representantes de los artistas y trabajadores de las culturas.
  10. La educación articulada con la cultura. El sistema educativo como garantía de la producción y distribución democrática de la cultura para todos los ciudadanos en todos los niveles del sistema. En particular, la necesidad de articulación en el trabajo de las diferentes disciplinas artísticas. Se plantea, también, la necesidad de potenciar la acción de las Universidades, principalmente, las públicas, con sus observatorios de políticas culturales y derechos culturales, para la construcción de indicadores cuanti y cualitativos que ayuden a visibilizar los problemas de cada área.
  11. No hay Soberanía política sin soberanía cultural. Para aspirar a su realización, debemos debatir hoy las soberanías comunicacional y digital, para pensar y crear mecanismos que regulen nuestras formas autónomas para informarnos y formarnos emancipadamente.
Ilustración de Jorge Garnica
Ilustración de Jorge Garnica

Este proceso de debate continuó desarrollándose con conversatorios en Corrientes, Misiones, Formosa y Chaco, para profundizar los aportes al futuro proyecto de ley, durante los meses de septiembre y octubre de 2018. A los que se suman los foros de Mendoza y Mar del Plata. Por último, frente a los cantos de sirena que predican la resignación y el desaliento, recogemos el legado de la entrañable Chicha Mariani -fallecida en 2018- una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo, cuyo legado de Memoria, Verdad y Justicia hacemos nuestro, como legado cultural de una ética y poética democrática ejemplar.


Francisco Tete Romero es escritor, docente y editor. Coordinador del Foro Cultural del Nordeste.

 

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