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Status, imagen, degradación. El lado violento de la risa

Es muy llamativo el parecido que tiene la risa humana -aquella descontrolada, la que no podemos contener y que nos da mucho placer- con la actitud de amenaza, de ataque de los animales superiores. Sobre todo, la risa que aparece cuando a alguien, que no es de nuestro agrado, le sucede algo que lo degrada. Cuando nos reímos, desde el aspecto fenomenológico, externo, mostramos los dientes, hacemos sonidos inarticulados, de volúmenes variables, se nos acelera el corazón, se dilatan las pupilas, aparecen movimientos desarticulados, en fin, es la preparación del cuerpo del animal para el posible ataque. Lo querramos o no, la risa, siempre, tiene un aspecto violento. Tiene una víctima, que es un tercero o nosotros mismos, si nos tomamos como objeto.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, decía que, para la estructura del chiste, se necesitan tres: el que cuenta el chiste, el que lo escucha (y se ríe) y una víctima (que es reída). Y que, en cambio, en la comicidad sólo se necesitan dos, al que le sucede el altercado, por ejemplo una caída, y el que lo ve y se ríe.

El filósofo Alfred Stern, en su libro Filosofía de la risa y el llanto, trabaja sobre la teoría axiológica, es decir, sobre la degradación de los valores como fuente de la posible risa. La risa, dice Stern, es una reacción frente a una degradación de valores. Pero, también, puede ser una acción provocadora o, al menos, busca, en ocasiones, provocar, mediante la risa, una degradación de valores. Éste sería el caso de una violencia ejercida a través de la risa (bullying). El mismo alcance tiene la observación de Thomas Hobbes sobre la risa como sentimiento de superioridad. Ya que nos reímos cuando percibimos un error, una impericia en otro y, ese desacreditamiento, nos enaltece a nosotros mismos.

El que ríe juzga, ejerce una crítica, que viene del griego ho krites, que significa el juez. Por eso, el que critica, siempre, se siente superior al criticado.

En la naturaleza no existe el bien y el mal, sólo el hombre vive en un mundo de valores. Por eso, para Stern, “El hombre sabe reír en cuanto sujeto apreciante que confiere valores a todos los objetos de su juicio, y es capaz por ello de comprobar toda degradación de valores”. Pero, nos advierte que la degradación tiene que ser ligera, que no esté amenazada o haya una pérdida de valores, porque, sino, pasaremos de la risa al llanto. Y nos da el típico ejemplo de alguien que se tropieza y cae. En este caso, podríamos reírnos, pero, si no se levanta, porque falleció con el golpe, pasaremos de la risa al llanto.

Henri Bergson, también, notó la relación violenta de la risa. Llamándola “un castigo social”. Siguiendo a Bergson, si alguien es víctima de la risa, tratará de corregirse, por lo menos, en su aspecto externo, porque, a nadie le gusta ser burlado.

En la vida cotidiana, nos manejamos a través de prejuicios de apariencia y, de ahí, por inferencias. Es el prejuicio fisiognómico. La fisiognomía es una pseudociencia que estudia la apariencia del hombre, sobre todo, los rasgos de la cara (Portación de rostro). A través del aspecto externo, se deduce la personalidad. Lo externo como correlato de la interioridad. Tanto para los aspectos positivos como para los negativos. Si bien, no tiene ningún tipo de fundamento científico, este prejuicio sigue teniendo fuerza hoy en día.

La apariencia como la moral de la persona. La vestimenta, por ejemplo, tiene un papel importante en el juego de la apariencia. Que viene del latín apparentia y significa cualidad que se muestra. En la vida cotidiana, durante la interacción social, se trata de generar, en los otros, una imagen positiva.

Por eso, Erving Goffman realiza un análisis sobre la interacción social y una de las características que nombra es que, durante la interacción, proyectamos una imagen que queremos cuidar y, sobre todo, que los demás respeten. Para eso, dice Goffman, realizamos prácticas protectivas, para salvar la imagen de los otros (pasar por alto algún desarreglo personal, por ejemplo). Y prácticas defensivas para salvar nuestra propia imagen (disimular cuando nos sucede un inconveniente).

Keith Johnstone, en su libro La Impro y el Teatro, utiliza el término status para dar cuenta de la risa. Cuando, en una relación de interacción asimétrica, en donde una persona tiene un status alto y la otra uno más bajo, si se invierten los status, puede aparecer la risa. El policía que tropieza cuando corre a un ladrón y éste escapa. Chaplin bajándole el status al poderoso. Los dúos de clowns.

Jacques Lecoq, en su libro El cuerpo poético, también notó, en su entrenamiento en clave clown, que la risa surge con el fracaso del otro. Nos relata la experiencia de hacer pasar a un alumno y pedirle que haga lo posible para hacer reír al resto de los estudiantes. El resultado, después de no lograr el objetivo y luego de muchos esfuerzos, es que se retira con la sensación de una mezcla de fracaso y ridículo. Y, es en ese repentino cambio de status, cuando todos se echan a reír.

Siempre será inversamente proporcional, la sensación de placer y de desagrado, cuando buscamos hacer reír y lo logramos, y cuando se ríen de nosotros sin buscarlo.

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