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Mitad ángel, mitad marisco

Recién culminadas sus funciones en España, en el marco de los ciclos El umbral de primavera (Madrid) y L’ Estranger (Barcelona), Marúnica -con autoría e interpretación de Cecilia Hopkins y dirección de Ana Alvarado- se presenta para su segunda temporada en la sala Ítaca (Humahuaca 4027), de El Abasto porteño, los sábados a las 17.30hs.

Como se expone en el dossier de presentación, “la clave del sentido del espectáculo consiste en aludir al carácter evanescente de la trascendencia artística” y hace epicentro en el largo exilio en la Argentina de la pintora española Maruja Mallo (1902-1995). El procedimiento es un reportaje a la que la protagonista intenta dar respuestas desde su extravagancia y memoria.

El exilio de Maruja Mallo en la Argentina (1937-1949) marcó su etapa de mayor madurez creativa. Huyendo de la Guerra Civil y el franquismo, la artista de la Generación del 27 y de Las Sinsombrero se integró plenamente en la vanguardia porteña. Aquí encontró un ambiente cosmopolita y de gran efervescencia cultural. Se vinculó íntimamente con el círculo de la Revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo. 

Su obra evolucionó hacia la abstracción poética y dio un vuelco radical hacia el horror y lo fúnebre, que consolidó su entrada de lleno en el surrealismo más puro y visceral, luego del evento trágico que la sumió en una larga y dolorosa convalecencia física y de duelo.  

En el pretexto del reportaje queda expandida su biografía, en especial y de mi interés, cómo monetizó su obra, de una manera directa, poco convencional y sumamente activa, impulsada tanto por su carisma como por la necesidad económica de subsistir en el exilio. A veces exponía sus cuadros en el Hotel Alvear o en exclusivas casas de decoración, donde eran adquiridos por porteñas adineradas para que combinaran con los empapelados y mobiliarios de sus casas. Recordemos que, a mediados del siglo XX, las mujeres enfrentaban una exclusión institucional casi absoluta, por ello y sus motivaciones, enfrentó la brecha de género en el mercado del arte que, aún hoy, sigue mostrando una disparidad histórica estructural. 

Foto: Alicia Busso.

Otro tema que sobrevuela es lo amoroso de la artista, defensora del amor libre, rechazando las ataduras convencionales del matrimonio. Se relata como significativa la relación con el escritor Rafael Alberti. Colaboraron estrechamente: ella diseñaba las escenografías para sus obras de teatro y él le dedicaba poemas vanguardistas, hasta la ruptura dolorosa del vínculo. 

También, hubo otro romance que no pudo sostener, esta vez secreto, con el joven escritor Miguel Hernández. Ella fue la musa e inspiración directa de una de las obras cumbres de la poesía española: El rayo que no cesa.

 

Sal de mi corazón, del que me has hecho

un girasol sumiso y amarillo

al dictamen solar que tu ojo envía:

un terrón para siempre insatisfecho,

un pez embotellado y un martillo

harto de golpear en la herrería.

 

Foto: Alicia Busso.

La delicada realización de la títere, concebida por Alejandra Farley, nos reclama una atención decidida. Una muñeca que, además, lleva mascarón de pico y alas, como consagración de la gracia. La misma gracia corporal a la que nos sumerge Cecilia Hopkins, quien traslada, en su voz y sus piernas, la levedad de las aves.

La trama artística entre Cecilia y Ana (Alvarado) se agradece, la dirección toma las narrativas de la autora actriz y las conjuga en el juego escénico, con sarcasmo, y el drama que conlleva el abuso, el desamor y el exilio. Se materializa una dupla creativa necesaria para la vida teatral porteña con dos nominaciones a los Premios Trinidad Guevara: Actriz Protagónica y Dirección Escénica.

Me quedo pensando en las visuales del dispositivo escénico que funcionan, en esta obra y en otras tantas, como evidencia de los acontecimientos y de ciertos efectos de desdoblamiento. No hay duda de que se han instalado como lenguaje escénico en las prácticas teatrales de los últimos años, sin embargo, en el cómo aparece la pantalla, aún queda pendiente una realización que estalle esa lógica. Pareciera que se recurre a lo posible y nos limita en términos objetuales y semióticos. Es decir, desde qué otros emisores podría alumbrarse la escena virtual, con qué otras proxemias, sobre qué otras formas puedan impactar y que se transformen…, etc., para que no redunde en la planicie de la persiana lumínica de la sala que termina indicando más que expandiendo otros campos de significación.

 

Marúnica – Reportaje a una pintora española puede verse los sábados 17.30hs. en Ítaca Complejo Teatral, ubicado en Humahuaca 4027, CABA.


Claudia Quiroga es licenciada en Artes. Dramaturgia, Dirección, Docencia y Actuación. Mediación y Gestión Cultural. Artivismo y Género. Co-Fundadora de la Colectiva Feminista Artivista, MAT – Mujeres de Artes Tomar. Integrante Asociada y docente en el CELCIT (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral). Integra la Colectiva de Autoras. Vive en Villa Sarmiento, Morón, Provincia de Buenos Aires.

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