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Simulacro y materia sensible en La salud de los enfermos

La obra, dirigida por Leandro Cóccaro, transpone el cuento homónimo de Julio Cortázar, publicado en Todos los fuegos el fuego (1966).
Tal vez por ceñirse de manera muy directa al material primigenio, este espectáculo que puede verse en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636, CABA) los domingos a las 18hs. tiene, en su ficha técnica, al nombre de Julio Cortázar como su autor. Es, a priori, un acto de honestidad intelectual: Cóccaro retoma su cuento y lo lleva a escena con fidelidad. El director es, en esencia, un adaptador, aunque es sabido que en el pasaje de un lenguaje a otro (del universo narrativo al dramático, en este caso) siempre operan transformaciones, incluso en las denominadas “adaptaciones respetuosas” como esta.
En este caso, aquello que se lleva a escena es un cuento muy conocido, que condensa buena parte del espesor poético del autor de Rayuela. Podríamos señalar su predilección por un fantasy que no termina de desprenderse del orden de lo cotidiano, pero también de un lenguaje que abraza la matriz familiar y, a la vez, proyecta un imaginario acaso fantasmal, como si el cuerpo enfermo operara como un limbo, una llave de acceso que, bajo la forma de simulacro, pone en entredicho aquello que identificamos como “realidad”.
El argumento reposa sobre un simulacro asumido por toda una familia. Alejandro, uno de los hijos, muere en un accidente y para resguardar la vida de su frágil madre -que, se advierte, podría fallecer si se llegara a enterar de tan funesto acontecimiento- el resto del clan familiar decide engañarla, enviando cartas apócrifas útiles para construir la fantasía.
Lo mejor que tiene La salud de los enfermos -la obra- es transponer la voz extrañada del cuento en una operación que distancia al cuerpo de lo enunciado; los intérpretes mencionan las sensaciones que van emergiendo del dispositivo del engaño a medida que las ponen en escena, como si pudieran des-subjetivarse y mirar lo que ocurre desde un afuera. Pero lo interesante es que, lejos de “enfriar” el componente emotivo, acompañan el drama, lo sienten. De alguna forma, como también lo hace el espectador. Cóccaro entiende que la obra trabaja sobre una trama sensible, específicamente sobre el dolor ante la pérdida, al mismo tiempo que los intérpretes se amoldan a su propuesta de manera orgánica.
La puesta es dinámica, sin por eso ser deliberadamente veloz. No lo necesita; el derrotero se hará cada vez más duro, porque sostener la mentira cuesta y porque se sucederán nuevos dramas y “dar marcha atrás” se transformará en una decisión difícil de tomar. El dispositivo escenográfico es austero, aunque bien diagramado, y logra construir espacios que adquieren autonomía. Como defecto visible (algo que, en general, se visibiliza en muchísimas puestas) señalamos que un sólo tipo de piso acapare toda la obra no termina de ser funcional, sobre todo para una sala con gradas en las que el suelo por el que circulan los personajes adquiere tanto espesor dramático. El resto de los rubros, como vestuario e iluminación, están muy cuidados y sobresale notablemente el acompañamiento musical que Michel Gaudin propone con su guitarra; un personaje más para esta historia que tiene su propia partitura y genealogía del dolor.
Ficha artístico-técnica:
Autoría: Julio Cortázar
Actúan: Cecilia Cósero, Edgardo Marchiori, Gabriel Schapiro, Martha Sosa Quintana y Paula Thie
Vestuario y escenografía: Roma González
Diseño sonoro: Leandro Cóccaro y Michel Gaudin
Instalación visual: Alejandro Dramis
Música original: Michel Gaudin
Diseño De Iluminación: Leandro Cóccaro y Manon Minetti
Fotografía: Juan Pablo Caldarone
Asistencia de dirección: Guillermina Arciniega
Prensa: Cecilia Gamboa
Producción ejecutiva: Guillermina Arciniega, Leandro Cóccaro, Alejandro Dramis y Edgardo Marchiori
Producción: Leandro Cóccaro y Edgardo Marchiori
Puesta en escena: Leandro Cóccaro
Dirección: Leandro Cóccaro
La salud de los enfermos puede verse los domingos a las 18hs. en el Teatro del Pueblo, ubicado en Lavalle 3636, CABA.
Ezequiel Obregón es Profesor en Letras por la UBA y periodista cultural. Es estudiante de la Carrera de Artes Audiovisuales, con orientación en Realización (UNLP). Asimismo, integra el Área en Investigación de Ciencias del Arte del Centro Cultural de la Cooperación. Es votante de los Golden Globes y del Premio Teatro del Mundo (UBA) e integra la Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina. Vive en San José, Temperley, provincia de Buenos Aires.





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