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Sergio Olguín: “estamos viviendo una crisis social y política, con empobrecimiento general de la población”

El autor de Lanús, El equipo de los sueños, Springfield, entre otros textos, dialogó con Con Fervor a propósito del reciente lanzamiento de Media Verónica.

 

La unión entre el concepto de saga y los detectives conflictuados ha dado un sinfín de éxitos editoriales en todo el mundo. Pero, en el universo policial, es sabido, no siempre es necesario tener a un policía como protagonista absoluto. A veces, cumplen un espacio más bien lateral y sus lugares son ocupados por otra clase de agentes vinculados a la investigación. Verónica Rosenthal, de profesión periodista, es un claro ejemplo de eso. Y se trata de un personaje que acaba de llegar a su quinto libro, tras La fragilidad de los cuerpos, Las extranjeras, No hay amores felices y La mejor enemiga.

Ezequiel Obregón: Con Media Verónica volvés a la vida de Verónica Rosenthal, ¿qué moviliza en vos este personaje como para ampliar libro tras libro su universo?

Sergio Olguín: A mí me pasa algo muy particular cuando escribo novelas y es que me cuesta mucho despegarme de los personajes. Entonces, siempre siento la necesidad de seguir en contacto con ellos. Me imagino una nueva historia con esos personajes. Lo hice con El equipo de los sueños. Y cuando escribí La fragilidad de los cuerpos me pareció que Verónica reunía los requisitos para que fuera un personaje que pudiera repetirse de una novela a otra. Reunía los requisitos de lo que podía ser una protagonista de novela policial. O sea, investiga a partir de su oficio, que es el periodismo, y que tiene cierta curiosidad por averiguar y cierta valentía como para meterse en problemas o en situaciones difíciles. Entonces, se dio la situación ideal de utilizar a Verónica para generar una serie de novelas alrededor de ella, como han hecho muchos escritores de novelas policiales, ya sean clásicas o negras. Ahí nació la continuidad de Verónica de una novela a otra.

Pero, creo que lo que más me fascina hoy es su entorno, esos personajes secundarios que aparecen de libro a libro: Federico, Rodolfo Corso, Patricia, Paula, Aaron Rosenthal, las hermanas. Generan todo un universo de distintos personajes que me parece muy rico para seguir indagando en sus propias historias. Y creo que por eso puede llegar a una quinta novela. Me gusta ver cómo un personaje evoluciona en su vida de novela. Por ejemplo, la Verónica de La fragilidad de los cuerpos es muy distinta a la de Media Verónica.

EO: Me resulta muy interesante la pulsión vital del personaje. Noto, de hecho, una marcada vertiente erótica en estos libros. Los momentos de sexo están narrados con el lenguaje que Verónica usaría ¿Cómo encarar la voz femenina?, es una pregunta que me suscita la lectura de tus novelas ¿Alguna vez te generó encontronazos con tu oficio el hecho de pensar este asunto?

SO: Se podría hacer una especie de sociología de la lectura con eso, en el sentido de qué es lo que lee la gente cuando lee. Me resulta interesante. En general, si uno revisa mis novelas para adultos, todas tienen escenas de sexo, de violencia, de todo tipo. Y es cierto que las escenas de sexo están narradas desde una descripción muy explícita con respecto a lo que se cuenta y cómo se cuenta. En un lenguaje que es una búsqueda, también, de cómo narrar las escenas vinculadas a la sexualidad.

Generalmente, es muy difícil encontrar un lenguaje que no resulte todo lo contrario de lo que uno busca, o sea, uno no busca que el lector se aleje, sino, que se acerque más al texto. Y, a veces, en las escenas de sexo -cuando están narradas desde una metáfora- el lector termina más alejado que cerca del texto. Yo no, yo busco que el lector se sienta compenetrado con lo que está leyendo. En el caso de Verónica, como es un personaje femenino, uno pensaría que las escenas de sexo son muchas en comparación de las que uno está acostumbrado en la novela policial. En donde el que lleva la voz cantante es el varón para narrar sus experiencias sexuales con distintas mujeres.

En la novela clásica negra, los detectives viven ciertas historias vinculadas con la sexualidad, pero, desde cierta genitalidad más que desde lo afectivo. Verónica puede tener relaciones de ese tipo, pero, también vincula sus afectos con la sexualidad y a veces no. Está expresado en un epígrafe de Media Verónica, de Marguerite Yourcenar; la idea de que no se puede conocer bien a unos personajes si no se los conoce en la cama. Y me parece que cómo vive la sexualidad el personaje te habla mucho de él. Lo que me llama la atención es algo que ocurría más en La fragilidad de los cuerpos y, luego, las/os lectoras/es se acostumbraron, la definición de Verónica como un personaje promiscuo, cuando, en realidad, no hacía más que lo que hacen los personajes varones. Lo que me interesa remarcar en su caso es que no hay una moralidad ni una inmoralidad alrededor de la sexualidad. Vive a partir de sus propios deseos, que es lo que yo pretendo para la humanidad; vivir a partir de los propios deseos y no de los que los demás esperan.

Foto: Alejandra López.

EO: Empleás una tercera persona, pero que se asimila a la forma de ver el mundo de Verónica. Hay un registro más explícito, entonces. Pienso en otras narrativas, como en las de Claudia Piñeiro, en donde aparece cierto pudor. Y aclaro que sus novelas me gustan mucho, en general.

SO: Me parece que cada historia exige una forma de narrar distinta. En el caso de Verónica, hay una continuidad porque, justamente, son las historias de Verónica. Hay una marca de estilo de las/os escritoras/es. A mí también me parecen excelentes las novelas de Claudia, yo soy fanático de sus libros. Y ella tiene una forma de narrar distinta a la mía. Mi forma es bastante explícita con respecto a la sexualidad, pero, también en las escenas de violencia. En el caso de narrar con una voz en tercera persona, como advertís, es cierto que es una tercera persona muy pegada al personaje. Es algo que hace Simenon, un escritor que admiro mucho y que yo comparo con las películas que siguen a un personaje, con la cámara puesta casi a la altura del hombro. A mí me gusta que pase eso. Puedo cambiar el foco, pero lo que trato es que siempre esa voz esté muy pegada al personaje. Y es casi como una primera persona. En el caso de Verónica y el sexo, siempre las/os escritoras/es tenemos un especial cuidado cuando nos metemos en esos temas. Hay una cuestión de elegir el lenguaje, las formas de expresar las cosas. Pero, si vos te fijás en Media Verónica, las escenas de sexo vinculadas a 1975 están narradas de una manera menos explícita que las escenas de Verónica. Porque me pareció que aquella historia, de otra época, con personajes vinculados a otra generación, merecía un tono más medido, si querés.

EO: En esta oportunidad, aparecen militares “de capa caída” en la actualidad, pero que, sea como sea, ahí están. En otros libros de la saga fuiste directo a los juegos clandestinos y al feminicidio, temáticas vinculadas al poder en su peor variable ¿Cómo llegás a cada tema en cada novela?

SO: En realidad, de lo que siempre tengo ganas es de contar una historia. Después, veo en qué tiempo transcurre. No hago una búsqueda por tema histórico, sino, que escribo a partir de las ganas de contar una historia. En este caso, la historia de un mapa que se perdía y se recuperaba. La historia de los túneles del Club Hurlingham la vengo arrastrando desde hace más de 30 años, porque el chico que aparece en la novela soy yo. El concesionario que acompaña a Verónica en su falsa aventura es un falso yo. Mi viejo fue, antes, concesionario del Hurlingham.

Con respecto a los militares, en la primera parte hay un crecimiento de la violencia militar porque comienza en el 75, un poco antes del Golpe de Estado. La parte más cercana a nuestra época tiene más que ver con la complicidad civil y cómo ciertas formas de violencia institucional también tienen un coletazo en la vida íntima de los personajes.

EO: Estudiaste Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Hoy, más fácilmente identificable como “Puan” (Nota del periodista: en la calle Puan se encuentra dicha facultad). ¿Cómo ves el vínculo entre lo académico y lo popular? En Puan, hoy en día, noto un acercamiento al fantástico, pero encuentro cierta resistencia con el policial.

SO: Me he dedicado muchos años de mi vida a estas cuestiones. En 1990, a los 23 años y siendo estudiante de Letras, creé una revista que estaba en contra del canon literario que manifestaba la carrera de Letras. Y mi discusión, durante los años siguientes, abogaba por lo que se pensaba como la “Cultura Clase B”. Por un lado, la literatura de género, la reivindicación de las series, rescatar todo lo que tuviera que ver con el cuerpo, el erotismo… Todas esas cosas que en la carrera no aparecían y, mucho menos, en el estudio de la literatura argentina.

Yo odiaba la crítica literaria, pero, a la vez, hacía crítica literaria. Comentaba libros. Me parece que hay una discusión que es eterna… No es la Facultad de Filosofía y Letras la que define el lugar que ocupa la literatura y las/os escritoras/es. Lo intenta, arma cánones de autoras/es, de géneros, de cuestiones, pero eso siempre está limitado por la experiencia de las/os profesoras/es. Por lo que las/os propias/os profesoras/es proponen en sus cátedras, que suele ser un arco muy limitado. No hay una mirada muy amplia con respecto a eso. Y mucho menos con la literatura que se produce en los últimos años, porque ahí está más la discusión estética que, en general, hoy por hoy, no se manifiesta mucho más allá de lo que se pueda decir en la clase de literatura. No aparece reflejada en la crítica literaria porque no se produce mucha crítica. A mí no me preocupa demasiado eso.

Yo estuve muy enojado con la Facultad en su momento, a los 22, 23 años. Dejé la carrera, cosa de la que me arrepiento. Estudiaba la especialización de Literatura Argentina y Latinoamericana porque era lo que me interesaba; pelearme con las opiniones de Sarlo, ponele. Pero, pienso que tendría que haberla seguido. Fue una posición mía dejar la carrera. Y el hecho de escribir Filo, después, una novela que transcurre en la Facultad de Filosofía y Letras, me volvió a amigar con la Carrera de Letras. Porque, con el tiempo, me di cuenta de que me dio muchísimas cosas positivas. Como la posibilidad de entender la literatura como un corpus que va más allá del libro que uno lee. Poder trazar líneas entre distintos libros de distintas épocas y conocer muchísima literatura y autoras/es que no hubiera descubierto por mi cuenta y que la Facultad me hizo leer.

Más allá de eso, creo que uno mismo va armando su propio canon de escritoras/es. No me preocupa mucho si el policial se lee o no en la Facultad. No me interesaba antes, no me interesa hoy. La Carrera de Letras y la literatura, asuntos separados.

Foto: Alejandra López.

EO: ¿Cómo ves el mercado editorial hoy? Aumentaron las ventas en la más reciente Feria del Libro de Buenos Aires en comparación del año pasado. Pero, suena a “resistencia” más que a auge de la lectura.

SO: Es muy difícil gastar 35 lucas en un libro, que creo que es lo que cuesta Media Verónica. Creo que los libros están muy caros para las posibilidades económicas de la gente. Eso me parece que lleva a que el mercado editorial no esté tan vital como en otras épocas. Pero, estamos viviendo una crisis social y política, con empobrecimiento general de la población, con gente despedida de su trabajo, gente que no encuentra trabajo, con un enorme crecimiento de la pobreza. Y el mundo editorial forma parte de todo eso. Hay algo que va más allá del momento del mercado editorial.

Así y todo, se sigue vendiendo literatura argentina, algo que no ocurría tan así en otras épocas. Me parece que sí hay un público lector que sigue a sus autoras/es y compran sus libros cada vez que sale uno. Me parece que lo que hay que alimentar es la lectura, más que nada. La lectura gratuita. Tenemos que aprovechar más las nuevas tecnologías y leer todo lo que tengamos ganas de manera digital. Hay diez autoras/es de literatura en la Argentina a los que las/os lectoras/es argentinas/os siguen. A eso hay que sumar las escritoras de novela romántica, que son más de diez y mueven muchísimo el mercado editorial. Y la gran cantidad de autoras/es de literatura infantil y juvenil. Todo eso, vinculado a la literatura argentina, habla de un buen momento.

La literatura argentina tuvo en los años ‘50, ‘60 y ‘70 un/a lector/a muy fiel de escritoras/es argentinas/os. La Dictadura rompe con eso, destroza todo y, también, el sistema de lectura de la literatura argentina. Estaban Mujica Láinez, Silvina Bullrich, Sábato, Cortázar, Borges… La gente, si se los cruzaban por la calle, los reconocían. Hoy pasa eso con algunas/os autoras/es, como Claudia Piñeiro, Federico Andahazi, Eduardo Sacheri… La gente los reconoce. Y eso, hace veinte años, no ocurría. No pasaba con Piglia. Con todo el amor que uno les tenía a él o a Andrés Rivera, no eran reconocidos por un público no lector. Antes, las/os escritoras/es iban a comer con Mirtha Legrand… Borges iba a Grandes valores del tango, lo veías en una mesita rodeado de vedettes y cantantes de tango cocainómanos que habían envejecido mal y, al lado, estaba Silvia Süller (risas). Había una popularidad de las/os escritoras/es que se perdió en los ’80 y en los ’90.


Ezequiel Obregón es docente en el área de Lengua y literatura y periodista cultural. Es estudiante de la Carrera de Artes Audiovisuales, con orientación en Realización (UNLP). Integra el Área en Investigación de Ciencias del Artes del Centro Cultural de la Cooperación. Vive en San José, Temperley, provincia de Buenos Aires.

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