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Murió Troilo. “A los 60 años de edad falleció el bandoneón mayor de Buenos Aires”

El diario de la época Última hora en su quinta edición, decía en su tapa: “El tango le toca su Responso a Pichuco”.
Aquel pibe del barrio del Abasto que jugaba al fútbol con sus amigos Tito Rossi y Giacumin (el hijo del carbuña de la esquina de Soler y Gallo), esos tres pibes se habían denominado a sí mismos “Club Atlético”.
“Que yo me fui de mi barrio, ¿cuándo, cuándo?, si siempre estoy llegando”.
Dice el escritor Daniel Ballester: “Troilo, después se iría a vivir a los bandoneones, a las milongas, a la gloria. Pero en esta foto sigue siendo el pibe que cuida la pelota como si fuera de oro y el botiquín como si fuera un trofeo”.
Aquel pibe de 10 años, miraba en la vidriera (como años después diría Discépolo: “con la ñata contra el vidrio”) en el comercio de Azcuénaga y Córdoba, un bandoneón que al tiempo le compró su madre, Felisa Bagnolo, a pagar en cuotas por $140 de aquella época. Pero ocurrió que el comerciante, al poco tiempo, falleció y nadie más reclamó el dinero restante. Así fue que ese bandoneón estuvo hasta los últimos días con él.
Su principal mentor formal y musical fue el destacado bandoneonista Ciriaco Ortiz, bandoneonista que ocupa una de las páginas principales en la historia del tango. También los músicos de los cafés del barrio, y así se fue formando su estilo, conociendo el gusto del pueblo, la sensibilidad tanguera que lo fue moldeando paso a paso o compás por compás.
Nunca olvidó sus orígenes, siempre fue leal con sus amigos y muy respetuoso con los demás colegas. Hay una anécdota que flota en el tango como un secreto a voces: “un día en camarines, los músicos de Troilo, se burlaban de la orquesta de D’Arienzo (por la rítmica y la velocidad en la ejecución). Troilo los escuchó y sólo les dijo: ‘Más respeto con Juan, gracias a él nosotros seguimos tocando’”.
Aníbal Troilo fue un formador de cantores, indicando matices, intensidades y fraseos. Pero él también imponía a sus músicos respetar al cantor, frase única de Pichuco: “cuando entra el cantor los músicos cuerpo a tierra”.
Con los grandes arregladores musicales que tuvo en su orquesta siempre supo anteponer la “goma de borrar” con gran absoluto criterio, ya que él y sólo él conocía lo que quería expresar con su orquesta. Entre ellos, podemos mencionar a Argentino Galván, Héctor Artola, Astor Piazzolla, Emilio Balcarce, Julián Plaza, Ismael Spitalnik, Roberto Pansera, Eduardo Rovira, Alberto Caracciolo, Horacio Salgan, Carlos García, Oscar de la Fuente, Enrique Mario Francini y Raúl Garello.
En 1975 se encontraba algo delicado de salud pero igualmente llevó a cabo su espectáculo en el Teatro Odeón Simplemente Pichuco, que se estrenó el 3 de abril de aquel año.
Con una idea y textos del poeta Horacio Ferrer, el elenco y los músicos que integraron esta emotiva despedida estuvieron formados por las siguientes figuras:
Troilo con orquesta y cuarteto
El elenco estaba integrado en bandoneones por Aníbal Troilo (director), Domingo Mattio, Abelardo Alfonsín, Eduardo Marino, Raúl Garello y Fernando Tell. Violines: David Díaz, Hugo Baralis, Nito Farace, Claudio González, Alberto del Bagno, Emilio González, Aquiles Aguilar y Francisco Oréfice. Viola: Simón Slotnik. Violonchelo: Miguel Ariz. Piano: José «Pepe» Colángelo. Guitarra: Aníbal Arias. Contrabajo: Rafael del Bagno. Cantores: Edmundo Rivero (cantor invitado), Alba Solís y Roberto Achával (último cantor estable de Troilo). Danza: los bailarines Juan Carlos Copes y María Nieves. Recitados: el actor Juan Carlos Palma, encargado de los versos de Ferrer.
El 18 de mayo de 1975 al finalizar la función, Aníbal Carmelo Troilo de 60 años de edad se descompensaba y era atendido de urgencia, pero lamentablemente nos dejaba.
Desde sus 11 años de edad, lo suyo fueron las presentaciones en público. Comenzó como solista en el cine de su barrio, el Petit Colón de Córdoba y Laprida. Pasó por diversas orquestas donde fue ganando experiencia. Y, a partir de 1937, cuando tiene orquesta propia, no cambia su hábito, sigue tocando en vivo, tanto en los cabarets como en los clubes de barrio.
Nocturno a mi barrio, de y por Aníbal Troilo y Aníbal Arias en guitarra.
Carlos Varela es cantor, productor discográfico, artístico, televisivo y radial.







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