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Salirse de la representación y ser el cosmos

“¡Ay, qué gracioso va a ser cuan do me vean a través del espejo y no puedan alcanzarme!  Entonces, empezó a mirar atentamente a su alrededor y se percató de que todo lo que podía verse desde el  antiguo salón era bastante corriente y de poco interés,  pero que todo lo demás era sumamente distinto”.

Lewis Carroll, Alicia a través del espejo

 

Habitación Macbeth, el espectáculo de Pompeyo Audivert, alberga, en sí, la totalidad del Universo, hasta la más pequeña partícula atómica. La obra de Shakespeare es trascendida por completo, para volverse un trance paranormal en el que los espectadores nos sumergimos en las profundidades de nuestros propios fantasmas.

Sin duda, es una construcción artística que dialoga  con la pandemia, pero, no porque hable de manera literal de ella, sino, porque subyace simbólicamente y corporalmente un afecto que, en la acción, se traduce a lo que Alicia produce al atravesar el espejo o romperlo, como lo presenta Pompeyo en su tesis actoral: se quiebra la existencia unívoca, dando origen a la multiplicidad del significante que deambulará, como alma perdida, haciendo sentido con lo propio, con lo extranjero, con lo universal y con lo subjetivo. Con el mundo de las cosas físicas, metafísicas y de las sensaciones humanas y monstruosas.

La obra, una adaptación perfecta de la original, es, en sí, un laboratorio vivo sobre la actuación, una prueba constante que nos recuerda la puesta en abismo que, necesariamente, se originó cuando el quehacer escénico se vio en riesgo de existencia, junto con la vida de millones de personas alrededor del planeta.

¿Qué es actuar? ¿Actuar es vivir? ¿Vivir es actuar? ¿Sólo los actores actúan? ¿Se puede actuar la muerte estando muerto? ¿Es la actuación desear morir todos los días? ¿Actuar es entregar el cuerpo a las pasiones más inmorales? ¿Actuar es experimentar el temblor de la locura?

La capacidad expansiva del cuerpo de Pompeyo indaga todas estas incertidumbres y se arroja por completo a lo desconocido, para dar nacimiento a una propia monstruosidad que, sin embargo, no proporciona ninguna respuesta más que atravesar las sensaciones de lo irracional de las pasiones.

Es su cuerpo el trazo que presenta figuras abriendo las fauces, como la de una fiera: baila, corre, lleva y trae trastos y escenografía al compas del chelo de Claudio Peña (músico en escena), a medida que va transformándose en ese espectro que, con un péndulo mágico, nos va guiando y llevando al viaje. Él (Pompeyo) es Hécate, quien induce a Macbeth (que también es él) y que, además, persuade a nuestras almas resucitadas a que observaremos la masacre escénica y la crisis planetaria.

Es allí donde todo se vuelve ritual compartido, duelo acompañado y no hay división de cuerpos, personas, personajes ni escenarios. Todo es múltiple espanto y horrorosa sabiduría. Ya para esta altura, el cuerpo de este actor es un chamán que susurra al oído textos ancestrales y está atravesado por el fuego de la muerte.

Hay en el cuerpo del actor una trascendencia de lo humano, porque, abandona lo subjetivo y se convierte en un todo que circula entre nombramientos, pero que, es en sí un ente que se pliega en los intersticios de la sensación pura. Como en un cuadro: aísla la figura, haciendo un corrimiento simple que será la explosión primaria, para romper con la representación y despedazar el relato shakespeariano. Y así, ser un Macbeth que no mata sólo cuerpos, sino, estructuras y paradigmas sociales, sistemas y métodos actorales y artísticos.

Hay una decisión sostenida por traccionar la conformación de la reconocida ilustración y poner en valor el arrojo a la sensación pura, la celebración por el desborde vital que está al filo de la muerte, que es erótica pura y orgasmo acabado.

Habitación Macbeth es una apuesta escénica a las contradicciones que ofrece la tragedia, pues, se erige como posibilidad de ser acción y motivación. El devenir asesino de Macbeth es la condición fáctica para que se abran otras posibilidades y se desestabilicen las convenciones estáticas de la institucionalidad. Hay en el discurso sheakesperariano un llamado enorme a la rebeldía y un trazo común con los tiempos actuales: la muerte es el inicio de la pregunta sobre la existencia, es el inicio de una nueva concepción de la realidad y de las formas de vida, de arte y de política.

 

Ficha artístico-técnica

Actúa: Pompeyo Audivert

Músico: Claudio Peña

Vestuario: Marta Davico y Mónica Goizueta

Escenografía: Lucía Rabey

Diseño de luces: Horacio Novelle

Fotografía: Federico Gianni y Bernabé Rivarola

Asistencia de iluminación: Ana Heilpern

Asistencia de dirección: Marta Davico y Mónica Goizueta

Prensa: Daniel Franco

Producción ejecutiva: Marta Davico y Mónica Goizueta

Dirección: Pompeyo Audivert

Agradecimientos: Fernando Becerra, Verónica Costa, Andrés Gerardi, José Glusman y Santiago Martinelli Massa

 

Habitación Macbeth puede verse los domingos a las 20hs. (hasta el 13/03) en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543, CABA.

Tel. 5077-8000 int. 8313

http://www.centrocultural.coop

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