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Marzo y mujeres. Cine argentino con operas primas, Tres tiempos y Olivia

Dos propuestas hermanadas en lo indecible, realizadas en la Patagonia Argentina, donde los cuerpos se expresan como huella del dolor y de sanación. La propia danza como liberadora de mandatos. Mundos analógicos que fondean en los años 80´. Las mujeres, los objetos y sus rituales de duelo. La coreografía como el sustento de la faena cotidiana. Dos ambientes que nos anestesian del mundanal ruido y que, a la vez, rascan el fondo de las ollas oxidadas del olvido. La «magia corporal», una sensibilidad intuitiva y sensorial que le permite a las protagonistas, entender y transformar el sufrimiento, las dolencias mentales, la vida y la muerte. Dos lecturas propias de este verano que intervienen estas reseñas, Hamnet y La desaparición de los rituales y diálogos con sus hacedoras, Marlene Grinberg (Tres tiempos), Sofía Petersen, Tina Sconochini y Mia Casaretto (Olivia).

 

 

 

Tres tiempos 

 

– ¿Y no le da miedo?
– ¿Qué cosa?
– Estar sola.
– Una mujer sola, eso da miedo.

—Marlene Grinberg.

 

La ópera prima de Marlene Grinberg indaga con intimidad la relación familiar entre tres generaciones de mujeres. La danza como lenguaje de una historia en clave de cuento, pues se presenta de manera arquetípica. La madre representando los aspectos nutricios, cuidadores y protectores de la feminidad y, también, como esa ave rapaz que puede llenar el cielo de advertencias con su vuelo amenazante. O hasta cortar las alas de su pichona.

Esta película fue premiada en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata por su delicadeza visual y el cuidado del trabajo sonoro. El escenario elegido es la Patagonia Argentina, Villa La Angostura, Neuquén. Mayormente en los exteriores de El Messidor y luego en los predios de la Universidad de Uncuyo y de la UBA. 

Una casa de alcurnia descalabrada que se sustenta a mano de obra de su dueña y por la venta de pastelería. No hay celulares, ni internet por la época del relato, la apacibilidad del lugar lo asfixia todo de belleza y sutilezas que comprometen una coloratura de imagen que nos remonta a esos años. Un detalle: la joven tiene su primer sangrado menstrual, la abuela le proporciona algodón para ello, lo reconocí como mi tiempo. Vestuario y objetos maridan con esos tres tiempos. Las texturas orgánicas poco ornamentadas, con colores amalgamados con la frondosidad de esa naturaleza, con óxidos y el rojo sangre en conexión con la tierra. Un vestuario que crece en el relato, a tal punto que llegamos a verlas con capas largas, empoderadas, danzando en esos bosques. Un paisaje psicológico con una estética isabelina reimaginada, especialmente en el personaje de la madre-abuela. 

Tres tiempos. Foto: Federico Caracciolo.

Hace poco vi Hamnet (2025), dirigida por Chloé Zhao. Hay una atmósfera semejante, el varón ausente y un mundo de hechicería y sabiduría que se comparte sin palabras en el reino animal de las hembras: auto sustentación, herbolaria, curación, severidad, mandatos, cuerpos sintientes, contacto y expresividad. 

Ella, como todas las madres, proyecta constantemente sus pensamientos, como sedal, hacia sus hijos, recordándose dónde están, qué hacen, cómo les va. Por costumbre, sentada junto a la chimenea, una parte de su mente los está tabulando y su paradero: Judith, arriba. Susanna, al lado. ¿Y Hamnet? Su inconsciente reflexiona una y otra vez, desconcertada por la falta de contundencia, por la respuesta que le sigue dando: está muerto, se ha ido. ¿Y Hamnet? La mente volverá a preguntar. ¿En la escuela, jugando, en el río? ¿Y Hamnet? ¿Y Hamnet? ¿Dónde está? Aquí, intenta decirse a sí misma. Frío y sin vida, en esta pizarra, justo delante de ti. Mira, aquí, mira. ¿Y Hamnet? ¿Dónde está?
Maggie O’Farrell, Hamnet (2020).

El universo visual de la Patagonia Argentina y otro tópico que se aborda, la salud mental, necesario de abrir al diálogo. La filósofa argentina Esther Díaz analiza la salud mental de las mujeres desde una perspectiva crítica ante el patriarcado, el poder y la subjetivación y observa, con preocupación, a los cuerpos de las mujeres desvinculados del deseo por las culpas impuestas por la sociedad. La propia Díaz desafía los prejuicios sociales sobre el cuerpo y la sexualidad femenina, especialmente en la vejez, la «edad de la libertad», promoviendo el empoderamiento, el deseo y el placer como formas de resistencia. Por ello, Tres tiempos fomenta una subjetividad que se resista a los determinismos de género, en sus intersecciones etarias y de discapacidades. 

Así como los pasteles son trasladados en lancha de una orilla a otra, estos tres tiempos, van y vienen, intentando reencontrase para liberarse. En la danza y la música está la clave, redescubriéndose en una forma esencial, el vínculo primero, el tocarse, el olerse, el dormir abrazadas, respirando a tempo.

Tres tiempos. Foto: Federico Caracciolo.

Con Fervor mantuvo un intercambio con la directora y esto nos compartió.

Con Fervor: ¿Qué pertenencia tenes con ese paraje? 

Marlene Grinberg: Voy de vacaciones al sur desde pequeña y mis padres, además, trabajan en la zona, así que estoy muy familiarizada con esos paisajes. 

CF: ¿El proyecto tuvo apoyo del INCAA? 

MG: Sí, tuvimos una audiencia media del INCAA. Rodamos a finales del 2022. Y la postproducción duró hasta mediados de 2025. Además del INCAA, tuvimos coproducción con Uruguay, donde hicimos el sonido, Chile, donde hicimos el color, y Francia. 

CF: ¿Reconocés que hay una manera de contar singular de las mujeres cineastas? Y, en todo caso, ¿cómo lo entendés? 

MG: Es muy importante que cada vez seamos más mujeres dirigiendo. Creo que, al encarar ese rol, hay un camino recorrido hasta llegar a dirigir, por lo menos en mi caso es así. Fui mucho tiempo asistente y ayudante. Pasar al lugar de la dirección, fue fruto de muchísimo trabajo. Todos los roles son importantes en un rodaje. Pero tener un rol de liderazgo, en general, estaba reservado a los varones. Entonces sí, hay algo de lucha y a la vez una manera de entender al equipo técnico con una visión muy horizontal. Una escucha permanente. Claro que también puede haber varones que dirigen de esa manera.  

CF: ¿Cómo tomaste las decisiones del casting? 

MG: A Mara Bestelli y Flor Dyszel las conocí en un rodaje hace mucho tiempo, ellas llegaron primero. Mara es bailarina y además una actriz con un registro muy amplio y super trabajadora, y Flor es una actriz que desborda ternura. Y combinaban muy bien. Y luego con Casting Club fuimos completando el casting. Vimos muchas chicas para el personaje de Alicia, Viole Postolsky llegó en el tercer llamado, y no tuve ninguna duda que era ella. Es muy inteligente y atenta, y con la dosis justa de dramatismo. Las tres armaban familia. Y Fer Contigiani, también llegó por casting, yo lo había visto en algunos trabajos y me gustaba mucho su presencia en escena y su sensibilidad. Para las actrices que hacen de Bárbara Joven y niña, ahí era importante el parecido tanto física como energéticamente con Flor. Y Christophe, llegó al casting y fue muy claro que era él. 

CF: ¿Contaste con una persona para la Coordinación de Intimidad? O, en todo caso, ¿cómo trabajaste las escenas intimidad? 

MG: No trabajé con una persona de Coordinación de Intimidad. La realidad es que teníamos un presupuesto acotado. Entonces, lo que tiene que ver con la intimidad la trabajamos en ensayos previos. Tanto el elenco como el equipo técnico está conformado con personas de mucho recorrido y experiencia, entonces en ese sentido, se cuidó mucho que fuéramos pocas personas en set en algunas escenas, resolverlas de la manera que fuera cómoda para los actores y las actrices. Siempre se trabajó con muchísimo respeto y escucha. 

CF: ¿Qué opinión te merecen las políticas culturales actuales, especialmente las que se están abordando desde el INCAA? 

MG: Es un desastre la verdad como se está desprestigiando el INCAA y toda la cultura. Paso de la tristeza al enojo a la impotencia. Creo además que es muy injusto. Hay una cantidad de artistas impresionantes en toda la Argentina. Con una historia, trayectoria y compromiso inmensos. El Estado tiene que proteger su cultura y sus artistas, sino nos disolvemos en las plataformas de turno. 

 

 

Ficha artístico-técnica: 

Dirección y guión: Marlene Grinberg 

Producción: Pelícano Cine 

Fotografía: Mariano Suárez 

Montaje: Natacha Valerga 

Música (Banda sonora): Guillermina Etkin 

Dirección de Arte: Marina Raggio 

Elenco Principal: Mara Bestelli, Florencia Dyszel, Violeta Postolsky, Fernando Contigiani García, Mathieu Carrière, Lara Pastuszuk y Ema Spadaccini

 

Tres tiempos puede verse los jueves de marzo a las 18hs. en el Centro Cultural Recoleta. 

Entradas gratuitas: https://agendadecine.ar/verpelicula/?po=342221

Tres tiempos. Foto. Federico Caracciolo.

 

 

Olivia

 

  • ¿Qué soñaste?
  • Soñé que el matadero ardía en llamas.
  • ¿Estabas adentro?
  • Sí.

—Sofía Petersen.

 

Para el filósofo coreano Byung-Chul Han, los umbrales no son solo puertas, sino espacios intermedios necesarios para la experiencia y la transformación, formas de cierre, a menudo vinculadas a rituales que han desaparecido. 

«…los umbrales hablan. Los umbrales transforman. Más allá del umbral está lo distinto, lo foráneo. Sin la fantasía del umbral, sin la magia del umbral, solo queda el infierno de lo igual. Lo global se instaura a costa de desmantelar sin escrúpulos los umbrales y las transiciones».
— Byung-Chul Han. La desaparición de los rituales. (2020)

De la espesura de los bosques de Tres Tiempos a la estepa de la misma Patagonia Argentina, en donde el viento guillotina hasta las lágrimas. Las brasas aún tibias que, al menor soplido, Olivia sabe reiniciar en llamas. 

Olivia, la ópera prima de Sofía Petersen, fue estrenada en el Festival de Locarno nominada al Leopardo de Oro – Cineastas del Presente, tiene al Matadero de Río Grande (Tierra del Fuego), como contrapunto a la casa mínima de Olivia y su padre, donde atesora un insectario de piezas que ella misma aniquila y engarza para su colección. Cascarudos, polillas, arácnidos son acopiados con el mismo esmero de cada fotograma: la miel en su tarro, la aureola de sangre en la camisa del padre que ella lava infructuosamente cada día, la herbolaria de sus recorridas por la planicie, cada puesta de sol, las liturgias en procesión al cerro, el silencio de las vacas ante el instante del matadero. 

Olivia vive con su padre y tras la desaparición de él, ella inicia su búsqueda, tras un fuego que una vez más, arrasa a la Patagonia. Una vida de crianza confinada y, ante la pérdida, desvaría hasta encontrar nuevos rituales de supervivencia y comunidad. Esos varones que trabajaban con su padre en el matadero la devuelven coreográficamente a la vida, mientras baila Alma de diamante de Luis Alberto Spinetta (1980)*, con su propio movimiento, en esa pureza, inmutabilidad y resistencia del espíritu humano ante la adversidad. La mirada impávida de los varones en el ocio del bar, esa quietud, como otra coreografía posible de entendimiento. 

 

*Silencio o verdad
Sos alma de diamante
Por eso ven así
Con la humanidad
Alma de diamante
Aunque tu corazón recircule
Siga de paso o venga
Pretenda volar con las manos
Sueñe despierto o duerma
O beba el elixir
De la eternidad
Sos alma de diamante
Alma de diamante

 

Olivia. Foto: Owain Wilshaw.

Los personajes del Matadero y del bar fueron transitados por los reales trabajadores del Matadero Municipal de Río Grande, es decir, no actores, quienes han concentrado un ambiente verosímil para esta apuesta. Y, ante todo, con conmovedora vocación en sus recorridos corales nocturnos y ensambles de acciones cotidianas.

«Toda vida tiene su núcleo, su eje, su epicentro, del que todo fluye, al que todo retorna».
― Maggie O’Farrell, Hamnet (2020)

Para la directora y guionista Sofía Petersen, los cuerpos son refugios, de y entre mujeres. La hechicería en conexión profunda y mística con la naturaleza, el duelo y la memoria. El abrazo, el baño, la canción al oído y la sanación. De las botas blancas de frigorífico ensangrentadas, Olivia emerge del duelo con un vestuario ancestral que, también la empodera. Como si las mujeres aún necesitáramos ungirnos de capas super poderosas para poder sobrevivir y re inventarnos. Pequeñas o grandes muertes diarias de nuestro haSER y SER.

«Que tenías más oculto en tu interior que cualquier otra persona que ella hubiera conocido».
— Maggie O’Farrell, Hamnet (2020)

Para Olivia, ese umbral, la vuelve a vincular con los rituales desaparecidos de su vida y, que, precisamente son vitales. La muerte la rodeaba hasta ahora, la que veía olía tocaba escuchaba lamía, la que ejercía y la que ya no recordaba.  

Olivia estuvo presente en 2025 en Locarno Film Festival (Estreno mundial), en la Mostra São Paulo International Film Festival, el Seville European Film Festival, Transcinema International Film Festival, el 25FPS Festival. Y en 2026 estará presente en el Bremen Film Festival y en San Diego Underground Film Festival.

Para la producción, contaban con un guión a medio terminar y querían rodar en un matadero en funcionamiento, en película y a miles de kilómetros del laboratorio cinematográfico más cercano. Por lo que, “ningún organismo de financiación ni ningún inversor privado en su sano juicio nos habría apoyado”, nos comenta Tina Sconochini, actriz e integrante de la producción de la película.  “Se trataba de elegir entre esterilizar el proyecto -mitigar los riesgos- y esperar probablemente unos años, o autofinanciarnos. Nos decantamos por lo segundo.” 

Estas condiciones la vuelven una película diferente, porque no ha pasado por los controles y contrapesos que exige cualquier tipo de financiación (privada o pública). Y, al superar la producción sin desmanes y con la película en la lata, el proyecto era más financiable. Aunque, en ese momento no había fondos disponibles para la producción ni la posproducción en Argentina. La post-producción contó con el apoyo económico del Hubert Bals Fund+Europe fondo del Festival International de Cine de Rotterdam. Del mismo modo, en el momento de la distribución no había apoyo local disponible.

Olivia. Foto: Owain Wilshaw.


Con Fervor:: ¿Cómo fue el anclaje en la Patagonia?

Sofía Petersen: En Tolhuin construimos una cabaña alpina con los escombros de la primera panadería del pueblo, La Unión, que se incendió hace unos años. Fue hecha sobre un carretón, y luego transportada entre las montañas y sobre la turba. De Tolhuin, sus calles congeladas, su bar ‘Don Segundo Sombra’, su Río Turbio, su viento. En Río Grande filmamos principalmente en el Matadero Municipal. También figura su viejo muelle, y el río que le da su nombre.

CF: Sabemos que los trabajadores de la película no son actores, son los trabajadores del matadero.

SP: Así es. Los trabajadores del Matadero Municipal de Río Grande actúan por primera vez en ‘Olivia’. Darío -quien trabajó allí durante más de 50 años-, interpretó el papel principal del ‘Padre’.

CF: ¿Cómo se organiza la dirección de actrices y no actores para lograr esta intimidad? ¿Contaron con algún rol técnico específico?

SP: El equipo técnico estaba conformado por seis personas: Shaun Finneran (productor), Mia Casaretto (directora de arte), Owain Wilshaw (director de fotografía), Jessica Lee (primer asistente de cámara), y Tina Sconochini (protagonista, y un poco de todo), y yo. Al ser un grupo reducido, con una cantidad finita de celuloide, y en condiciones lumínicas y climáticas muchas veces complejas, el riesgo latía todos los días y con él crecía la sensación colectiva de vulnerabilidad, delante cómo detrás de cámara. Por lo general las escenas más íntimas de una película se filman con un equipo esqueleto, pero nosotros éramos un equipo esqueleto todos los días.

Olivia. Foto: Owain Wilshaw.

CF: ¿Cómo fue entrar en este personaje con su delicado mundo de insectos y objetos? 

Tina Sconochini: La construcción del personaje viene desde hace mucho tiempo. Con Sofi nos juntamos a explorar el personaje hace ocho años. De a poco fuimos encontrando a Olivia, su manera de ver el mundo y esa mirada fue un faro para mí en la actuación, su percepción distinta a todo. Podría decirte que personificar a Olivia tiene más que ver con desaparecer y dejar que aparezca ese otro estar que es el de ella. Fue un dejarse ver, un correrme a mí misma y habitar este otro ser tan puro, tan vacío de gestos sociales. Tiene que ver con volver a algo puro, algo que ES sin categoría, sin definiciones, simplemente ES. Más que con construir y personificar un personaje, el trabajo partió siempre desde la intuición y desde el cuerpo y sus posibilidades, y no, desde una idea racional sobre Olivia. El vínculo con los objetos, los insectos y toda esa casa fue muy enriquecedor, me ayudaba a desplegar el imaginario. De alguna manera hay algo de Olivia en todos ellos, en cada rincón de esa casa, en esos objetos, en esos bichitos. El trabajo de Mía Casaretto como directora de arte fue fundamental, cada objeto, cada decisión sobre lo que construía el universo de Olivia fue decidido con mucho cuidado y dedicación.
CF: ¿Cómo están viendo la actual administración de recursos para la cultura con el actual gobierno?
Mia Casaretto: Lo vemos con mucha tristeza. Olivia es una película muy artesanal, hecha con un equipo de seis personas y sin apoyo de fondos nacionales. Aun así, tuvo una recepción muy linda afuera, con su estreno en Locarno y su recorrido por otros festivales. Para nosotras eso también muestra algo del cine argentino: hay una forma de mirar y de contar que es muy propia nuestra y que es muy valorada. Cuando no se invierte en cultura, el impacto no solo se ve enseguida, pero, también aparece con el tiempo en las películas que no se hacen, en las historias que dejan de contarse y retratarse. El cine, como otras formas culturales, también es parte de cómo un país se piensa y se reconoce.

Olivia. Foto: Owain Wilshaw.

 

 

Ficha artístico-técnica:

Guión y dirección: Sofía Petersen 

Productor: Shaun Finneran 

Fotografía: Owain Wilshaw

Directora de arte: Mia Casaretto 

1er AC: Jessica Lee 

Edición: Sofía Petersen 

Diseño de sonido: Pietu Korhonen 

Música: Utsav Lal 

Postproducción: Tom Wilshaw 

Anímicas de producción 

Coproducción: Vitrine Filmes 

Productor asociado: Elías Querejeta Zine Eskola 

Elenco protagónico: Tina Sconochini, Dario Haro y Carolina Tejeda

Con el apoyo del Programa Hubert Bals Fund+Europa del Festival Internacional de Cine de Rotterdam y la Universidad del Cine de Buenos Aires.

 

Olivia puede verse el jueves 26 de marzo a las 20 hs. en el Ciclo Caligari Autores en Arthaus, Bartolomé Mitre 434, CABA, y los sábados 11 y 18 de abril a las 20hs. en Arthaus, Bartolomé Mitre 434, CABA. 

 

A partir del interés de ver dos películas donde sus escenarios patagónicos son parte de la construcción de las historias, concentradas en el entramado dramático con la espacialidad, consultamos a Mariano Benito, guionista, director y productor de series y películas, formado con José Martínez Suárez. Ganador de 6 Concursos INCAA. Director artístico del FAB 2023, jurado de varios concursos del INCAA y residente de la ciudad de San Carlos de Bariloche, Río Negro.

CF: ¿Cómo se aprovechan los escenarios naturales de la Argentina para las producciones cinematográficas?

Mariano Benito: Habría que pensarlo en una etapa pre Milei y lo que tenemos ahora. Empiezo por el final ya que de alguna manera es más sencillo. La producción ha bajado enormemente y podríamos decir que existen las producciones independientes con muy pocos recursos en donde generalmente hay una sola locación y las producciones de/con plataformas que al contar con muchos recursos, las posibilidades de filmar en diversos lugares es mayor.
Pero para responderte, siento que hay películas que buscan tener la postal del lugar donde están filmando (bellos paisajes de toda nuestra geografía) con un objetivo más “for export” y otras en donde el paisaje, el lugar, son parte singular de la historia que se está contando.
Sin embargo, como el 85% de la producción se concentra en Buenos Aires, estamos quizás cansados de ver historias que suceden en los barrios clase media de CABA o, a lo sumo en casonas del Tigre y de la ruralidad bonaerense.

Con esto digo que creo se aprovechan poco los escenarios naturales. Claro que hay razones económicas siempre en esto y no sólo por los pocos recursos en dinero para la producción, sino porque cuando una de esas productoras que monopolizan la producción quiere filmar en algún lugar alejado del epicentro porteño, se encuentra con varios inconvenientes como la conectividad aérea, la falta de equipos en todo el interior (no hay rentals prácticamente en ninguna ciudad, salvo quizás Córdoba, Mendoza y algo Rosario). Acá en Bariloche hubo una fuerte apuesta de Hadock Films y Netflix para hacer la serie “Atrapados” ya que fue un rodaje de un mes aprox. Con un equipo numeroso que incorporó a locales en rubros técnicos y artísticos. Pero es quizás la excepción. Este tipo de producciones eligen lugares muy emblemáticos e icónicos.
Finalmente diría que se aprovechan poco los escenarios naturales, como así también las historias de esos lugares. Es todo parte de un desarrollo o falta de desarrollo pensado en y para Buenos Aires.

CF: ¿Eso se ve reflejado en la presentación de los guiones?

MB: Mi experiencia como jurado de varios concursos del INCAA me dice que en la instancia de guiones existe más amplitud, ya que todavía el gasto no se ha hecho o está muy lejos. Claro que siguen prevaleciendo las locaciones cercanas a CABA. Pero hay más variedad.


Claudia Quiroga es Licencia en Artes. Dramaturgia, Dirección, Docencia y Actuación. Mediación y Gestión Cultural. Artivismo y Género. Co-Fundadora de la Colectiva Feminista Artivista, MAT – Mujeres de Artes Tomar. Integrante Asociada y docente en el CELCIT (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral). Integra la Colectiva de Autoras. Vive en Villa Sarmiento, Morón, Provincia de Buenos Aires.

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