Notas de Opinión

El día que Federico conoció a Gardel

“Yo sé que existirá una nostalgia de la Argentina de la cual no me veré libre y de la cual no quiero liberarme porque será buena y fecunda para mi espíritu.” (Federico García Lorca)

 

Federico García Lorca llegó a Buenos Aires el 13 de octubre de 1933, a bordo del trasatlántico italiano Conte Grande. Se alojó en el Castelar Hotel (Av. de Mayo 1152), en la habitación 704, ubicada en el séptimo piso, con una deslumbrante vista sobre la Avenida de Mayo y baño privado, todo un lujo para la época en que fue fundado el hotel, en 1929.

A metros del hotel, en el teatro Avenida, se llevaría el estreno en Argentina de Bodas de sangre, para el que había sido invitado Federico por la Sociedad Amigos del Arte. La obra fue un éxito rotundo en Buenos Aires, de la mano de la actriz Lola Membrives.

Los periodistas, Octavio Ramírez (La Nación), Pablo Suero (La Razón) y Edmundo Guibourg (Crítica), gravitaron sobre el público para que fuera a verla y, allí, comprobaron que la obra tenía asidero suficiente para ser un éxito, pese al fracaso que había tenido en España.

Federico García Lorca brindó conferencias, tanto aquí como en Montevideo. Su estancia en la Argentina se extendió hasta marzo de 1934.

En una carta a sus padres, Lorca recuerda aquella noche de gala en un teatro Avenida abarrotado “por lo mejor de la sociedad de aquí”, que se puso en pie para darle “una ovación de cinco minutos”.

Lorca fue un asiduo de la peña Signo, que se reunía en el sótano del Castelar Hotel, una tertulia a la que concurría la flor y nata del mundo literario, musical y pictórico de la época.

También, tuvo apariciones esporádicas y espontáneas, pero, muy recordadas en Radio Stentor, que, asimismo, funcionaba en el hotel, donde era común que recitara alguno de sus poemas.

Durante su temporada en Buenos Aires, Lorca conoció al poeta chileno Pablo Neruda, con quien realizó un homenaje al escritor nicaragüense Rubén Darío, en el Hotel Plaza.

En su trabajo Poeta en Buenos Aires: Vida, pasión y miseria de Federico García Lorca, el investigador Pablo Medina consigna el paso del poeta granadino. Quien conoció a fondo la ciudad a fuerza de caminarla. Lorca recorre Palermo, visita El Tigre, cruza la calle Florida, charla con compatriotas en Avenida de Mayo, pasea por la Costanera, entra en bares y restaurantes céntricos, donde se reúne la bohemia. También, se registran visitas a La Plata y Rosario, y un amague de viaje a Córdoba.

En una de esas tantas recorridas por nuestra ciudad y a la salida del teatro Smart, de la calle Corrientes, sucedería un hecho inolvidable, contado por César Tiempo: “Estábamos parados con Federico en la esquina de Libertad y Corrientes y Carlos Gardel cruzaba Corrientes, era noviembre de 1933 y por esos días Corrientes se encontraba en pleno ensanche. Nos saludamos muy afectuosamente y los presenté a ambos, Carlos con la cordialidad que lo caracterizaba nos invitó a ir a su departamento en Corrientes y Rodríguez Peña, allí fuimos. Fue una noche larga de charlas, poemas y canciones, Federico recitó poemas de su Romancero gitano y Gardel pulsó su guitarra para el granadino cantándole tres piezas, Caminito, Mis flores negras y Claveles mendocinos, luego llegó el momento de la despedida y el abrazo fraterno selló la noche”.

Federico había conocido el tango en España. Ian Gibson, su máximo biógrafo, agrega que, incluso, había ensayado algunas composiciones de este género. En la década de 1920, tanto Gardel como Canaro y, luego, el trío Irusta, Fugazot, Demare, habían actuado con gran suceso en la península. Al llegar a Buenos Aires, además de su vinculación con la intelectualidad porteña, tomó contacto con la gente del tango.

Entre los personajes de la noche porteña, trabó amistad con Carlos de la Púa, cuyo nombre real era Carlos Raúl Muñoz y Pérez, poeta y periodista argentino, también conocido como el Malevo Muñoz, autor del libro de poemas La Crencha Engrasada, quien llevó a la máxima expresión poética las posibilidades del lunfardo. Dicen los testigos de aquellos encuentros, que Federico se sintió vivamente impresionado por esa jerga que, a la manera de François Villon, sacudía las entrañas de la poesía extrayendo los fermentos del bajo mundo.

Federico indagó sobre los herméticos vocablos del habla marginal. Se sintió subyugado por la atmósfera que de la Púa creaba en sus poemas, donde conviven ladrones y prostitutas, malevos y cafiolos. Tenía una natural inclinación para sentir esos versos: «Yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos. Del gitano, del negro, del judío… del morisco que todos llevamos adentro. Granada huele a misterio, a cosa que no puede ser y sin embargo es….»

Con El Malevo Muñoz, Federico aprendió los secretos de la noche porteña, intimando con músicos, letristas, poetas, autores teatrales y bohemios. Frecuentó la Confitería Real y el Gran Café Tortoni. Solía comer sus buenos pucheros a la española en el Viejo Tropezón de la calle Callao (que él llamaba «a la argentina»). Su presencia fue inevitable en los sitios de moda y en los baluartes del tango y de la amistad de la Buenos Aires de los años de 1930.

Lola Membrives y Federico García Lorca en el Teatro Avenida, Buenos Aires.

Hizo una fuerte amistad con Enrique Santos Discépolo y su esposa Tania, quienes compartieron largas cenas en la casa del matrimonio, de la calle Cangallo (hoy Juan Domingo Perón).

Se conocieron en los primeros meses 1934 y se volvieron a encontrar en 1936, en España, en ocasión del viaje de Enrique y Tania a la península. Tania recuerda: «En ese tiempo español con nubarrones de la guerra civil que se desataría a poco de nosotros dejar la península, conocimos a mucha gente… Ninguno nos dejó la impresión indeleble de Federico García Lorca, el bueno, genial y desdichado Federico. Dos años antes Enrique había simpatizado a mares con él en Buenos Aires e incluso había compartido nuestra mesa en el departamento de la calle Cangallo. De ese conocimiento, en España, resultó una amistad fraternal. Federico y Enrique caminaban y conversaban largas horas.

Le interesaba el tango y quería información: letras, títulos, anécdotas. Había profundizado hasta la esencia la canción popular española y se apasionaba por las mismas manifestaciones de todos los países, especialmente de la Argentina.

Enrique tuvo el privilegio de que Lorca le leyera el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejía mucho antes de publicarlo, en un café de la Gran Vía, frente a la plaza de Callao. Federico debió de tener el privilegio de que Enrique le adelantara algunas de sus letras. Los dos en una íntima comunión».

En España, había ya presagios de guerra civil. Tania recuerda: «Enrique sintió que su España querida estaba al borde del enfrentamiento entre hermanos».

En la primavera española de 1936, se oyó, por última vez, la voz de Federico desde una radio madrileña. Tenía apenas 37 años y una firme, clara y rotunda posición humanista: «Odio al que es español por ser español no más. Soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre del mundo, hermano de todos».

Discépolo conoció la noticia en el barco, de regreso a Buenos Aires: han asesinado a Federico García Lorca. En Granada, los fascistas han fusilado a Lorca, escribieron casi todos los diarios de España.

Bibliografía: García Lorca y el Tango por Ricardo Ostuni – Foro El Tango y La Literatura – Todo Tango.com – Fotografías Bs. As. Ciudad y Tiempo Argentino.

 

Tango a Federico García Lorca (letra de Gloria Marcó -Gloria Marcolongo- y música de Quique Greco -Enrique Salvador Greco)

 

Ocultando la noche en su sombrero

él caminó la luna por Corrientes.

Con soles de poesía, entre sus manos,

pintó la cruz del sur sobre su frente.

Bebiéndose la luz de Buenos Aires,

se reencarnó su duende en un porteño.

Federico cambió la geografía,

y nos plantó Granada en pleno centro.

Estribillo

…El tango, Federico hoy es tu tango,

en setenta balcones florecidos,

amaneció la Alhambra en el Abasto

con su traje de luces y obelisco

 

un tango de claveles encarnados

se bailó con tu voz en las esquinas

un tango de faroles sin pasado

y disparos de miel en tus pupilas…!

Partieron de tu pecho las alondras

llevándose los versos por San Telmo,

Y un mudo campanario granadino

extraña en el vitral tus ojos negros.

Camina entre las brumas tu fantasma

tangueando con la noche entre tu pelo,

Federico, Granada y Buenos Aires

acunan tu alma errante bajo el cielo.


Carlos Varela es cantor, productor discográfico, artístico, televisivo y radial.

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