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Como bestias

La obra teatral Como bestias es una adaptación de la novela homónima de la escritora francesa Violaine Bérot, con traducción de Pablo Martín Sánchez y la brillante versión dramatúrgica de Claudia Piñeiro y Marcelo Moncarz, que además es el director.

Está ambientada en un entorno rural, donde es conocida la leyenda anglosajona de que las hadas roban niños en el bosque o los seducen para que las sigan. En el pueblo hay una madre con un niño de extraño e inquietante aspecto semejante a un Oso, que no puede hablar, pero que tiene una gran sensibilidad y empatía con los animales, con quienes se entiende y puede curar. Las hadas observan y deambulan por el bosque  y entre relatos y bellas canciones se habla de una niña que lo acompaña. La leyenda popular se entreteje con la vida de  los pobladores que conocen el hecho y son citados por las autoridades del lugar y deben declarar, de a uno, acerca de este hecho de la niña vista con el Oso.

La escena se presenta en un formato coral, donde los citados  deben responder a preguntas –tácitas-  frente a un supuesto funcionario policial ante un escritorio imaginario. Desde allí se ejerce el control y la violencia policial. Se presentan un corredor que no es del pueblo, la maestra, el compañero de la escuela, los vecinos, el vendedor de tierras, el cartero, la farmacéutica, un guardia y la madre. 

Cada uno tiene una visión particular del Oso, de  su aparente ferocidad y también bondad. Las opiniones  van desde el rotundo rechazo, la burla, la indiferencia,  a la empatía, la conveniencia y hasta la defensa de ese ser diferente y brutalmente discriminado. Ante semejante situación los distintos actores sociales quieren o encerrarlo en un instituto psiquiátrico para excluirlo totalmente, o defenderlo reconociendo su bondad e inocencia.

En la declaraciones de los pobladores se ponen en evidencia y se expresan los distintos tipos psicológicos y sociales que reaccionan con discriminación, intolerancia, violencia aún la violencia sexual ocultada, la indiferencia, la comprensión, la defensa y el infinito amor y ternura de su madre que relata la decisión que tomó para ir a vivir  allí y proteger a su “pequeño”. Durante todo el tiempo ella está presente, callada, como apartada de las acciones, pero luego llega el clímax trágico que conmueve y resultará inolvidable para las/os espectadoras/es. 

Toda la puesta en escena tiene la elocuencia necesaria que subraya las acciones: la aparición, casi mítica, de las hadas acompañadas de canciones y música en vivo, el comprometido trabajo interpretativo de todos los actores de un elenco tan numeroso (poco frecuente en el teatro independiente hoy) que despliegan sus registros con una belleza, sutileza y dramatismo que sostiene la atención y la participación emocional de las/os espectadoras/es desde el primer minuto.

Otro rasgo genial, es cómo el relato comienza  como en una niebla, donde no se entiende bien qué pasó, qué pasa, quién es el llamado Oso, quién es la niña que lo acompaña, y se va armando el sentido a medida que se expresan los personajes y las acciones hasta la última escena donde toda esa filigrana delicadísima va tomando forma y sentido.

La dirección de Marcelo Moncarz, nuevamente, despliega su elaborado talento puesto al servicio de grandes trabajos escénicos, donde la profundidad del relato toma entidad con la sensibilidad que caracteriza su obra siempre.

Un teatro que en tiempos feroces como el actual renueva la reflexión de cuáles son las bestias, fundamentalmente las sociales, aún las anónimas, aún las que no tienen poder o las que tienen un poder ilegítimo, donde el odio, la desconsideración, el abuso, la violencia y el goce de la crueldad  forman parte del tejido social que destruye y mata. 

Pero en Como bestias, además, se percibe claramente  la otra visión: la vía humana posible y necesaria, asentada en el amor: en el amor incondicional por la naturaleza, por el semejante, por la creación y por todo lo que vemos y, aún, por lo que no vemos.

Este es el sustrato en el que fértilmente se arraigará en la conciencia del/la espectador/a la visión de un mundo otro, posible, mejor al que estamos todas/os invitadas/os a construir y defender.

Sobresaliente desde todos los aspectos. Un gran trabajo, una celebración de las artes escénicas y humanas en el nivel más expansivo. El/la espectador/a queda asombrado/a, emocionado/a y muy agradecido/a por la dedación de este conjunto de artistas y técnicos que, con su oficio, contribuyen al lado luminoso de la existencia ¡Es de una conmovedora belleza! Muy recomendable.

 

 

Ficha artístico-técnica:

Autora: Violaine Bérot  

Traducción: Pablo Martín Sánchez 

Dramaturgia: Claudia Piñeiro y Marcelo Moncarz

Elenco:  Diego Albornoz – El dueño del toro Cecilia Cósero – La madre Jerónimo Dodds – El compañero de escuela Pablo Finamore – Alberto Daniela Flombaum – Hada joven Jorge García Marino – El vecino cercano Luis Alberto González – El otro vecino Cecilia Labourt – Hada mayor Luz Miraldi – La vecina nueva Silvina Muzzanti – La maestra Matías Panaro – El guardia Junior Pisanú – El corredor Marcelo Rodríguez – El vendedor de tierras Lucía Saludas – Hada menor Pablo Turchi – El cartero Yamila Ulanovsky – La farmacéutica 

Diseño de vestuario: Jorge López  

Diseño de iluminación: Sergio Nicolás Iriarte 

Diseño sonoro y música original: Tom CL 

Diseño de escenografía: Gabriella Gerdelics 

Producción ejecutiva: Adriana Yasky  

Asistencia de dirección: Glenda Aramburu

Puesta en escena y dirección: Marcelo Moncarz

Como bestias puede verse los lunes a las 20hs. en el Teatro Hasta Trilce, ubicado en Maza 177, CABA.  


Adriana Prado es licenciada en Ciencias Sociales y Humanidades y Licenciada en Bibliotecología y Documentación. Actualmente realiza periodismo cultural por radio y por redes sociales como “Voces y contexto”, en YouTube: Voces y contexto 4973. Es integrante de EDIT (Encuentro de Divulgadores Independientes de Teatro). Vive en Parque Chacabuco, Comuna 7, CABA.

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