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Albirosa y su poesía social, el filo peligroso de las palabras

Por Redacción Mercosur

 

Agradecemos a Del Huentota Producciones Culturales por permitirnos publicar esta nota (https://www.facebook.com/Del-Huentota-Producciones-1244820762259582/).

 

Hay belleza y fuego en el cieno del verso libre, verdad, rabia y estallido en la metáfora sin pertenencia a ninguna estructura literaria. Andar, resistir la intemperie del ninguneo mundano y salir frente arriba ante el oprobio doliendo en la carne del pueblo. A un poco de eso y más nos remite la obra de Lucio Albirosa, un renegado atreviéndose al ejercicio de la belleza poética para correr, huir y liberarse entre el barro y las flores del día roto e infinito.

El grito de las injusticias (2013) lo vio asomar su rostro ante los espejos lectores. Después, fue El canto de las injusticias (2015) el título disparado y expandido por la senda latinoamericana. Luces y sombras le invadieron la esencia a este poeta residente en el Maipú mendocino y de sangre guaraní hasta el tuétano. Verdor litoraleño de andanzas con tintes de payador enhebrando coplas para alguna guitarra, misterio de piedra y arena cuyana, parafraseando estrofas de alguna cueca, entonando esperanzas o poema desnudo brotando de antojo cotidiano, cuando la simpleza del ser llama pronunciamientos sin tiempo ni horario. Fuerza y empuje le sobran a su decir genuino.

Lucio Albirosa. Foto: Marina Funes Baldo.

Así, encendió, por ejemplo, la llama sonidera denunciante para un Ángel de las calles:

 

El olvidado,

el profeta de una biblia deshojada,

el que no conoce de llanto

pero llora en todos sus adentros,

el revolcado en malparida suerte,

la borra ácida del estrato social,

el despojado de todo

e ignorado por todos

los que celebran su gracia…

 

El acariciado por lluvias de la iniquidad,

el de gastado ropaje,

el desposeído del cariño humano,

el del buen gesto cotidiano

al que le degüellan las esperanzas

entre geografías de ausencias,

en la misma nada

y sin embargo cruza el charco,

atraviesa las fronteras del abrazo

para atrapar la simpleza de lo humano,

alimentando así un poco a su alma…

 

Ángel de las calles,

del pavimento que duele,

aquel olvidado por los pintores,

el que hemos visto casi todos,

el que no tiene alas…

 

El hombre alado,

el rico en sonrisas

que comulga alegrías

mientras nos golpea su mirada…

 

El pájaro de las ausencias

que silbando se anuncia

todas las mañanas,

el linyera, el vagabundo,

el personaje popular

a quién el destino le asestó

la más fuerte cachetada…

 

Ayer apenas lo vi

regalando caramelos

a unos niños en la plaza,

como repartiéndose en brazos

como una semilla de conciencia

de la tanta que nos falta…

 

Y comprendí nuevamente,

clarifiqué ciertamente que;

a veces,

los ninguneados son ángeles

y los demás:

una absoluta hipocresía

que no se define con palabras.

 

El canto de las injusticias, Matías Castro (diseño).

Largamente humano, en el campanario de verdades ardiendo en el corazón de la sociedad, vértebra enorme entre diminutos valientes de la queja versificada, se le vuelve religión caminar con todos los vientos en contra. A veces, le tiende un lecho de blancos papeles al amor y en él funda niños de pan y ríos de dignidad, para sedientos esperanzados del mundo nuevo retrasado en la estación impoluta del imposible. Nada es en vano si el poeta empuja el sueño hasta la realidad. La luz está en cada punto y aparte de sus páginas, llenas de un motivo todo, entero. La existencia tiene cintura de poesía y cuerpo de rebeldía, a veces.

Trece libros editados (Denuncia en llamas y otras manifestaciones, De arrozal y nostalgia, El fuego de Juan Desdicha, Poemas para un tren de olvido y La venganza del olvido, entre otros), cientos de poemas dispersos en sitios web y revistas, letrista seguidor del mensaje fundado en el Nuevo Cancionero (1963), periodista cultural y militante social comprometido en voz y acción, Lucio Albirosa (38) tiene letra en demasía para seguir escribiendo.

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