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Un poemario inédito de Jacobo Fijman
Críticas del criticado (segunda entrega)

Jacobo Fijman es un poeta maravilloso. Su obra poética está atravesada por la música, las artes visuales y la religión, porque él era un músico, un artista visual y un religioso. Podría decirse, quizá, que, de alguna manera, en su obra arte y religión eran una misma cosa. Una religión repleta de simbolismo: el catolicismo. Aunque no me atrevería a considerar a sus poemas como simbolistas, ya que las vincularían a una poética a la cual no pertenece, sino que, más bien, su poética se vincula mucho más a la mística y su eterna búsqueda de lo divino.
Libro de cántiga de pasión –publica por Editorial Duino- fue escrito entre 1952 y 1962, según nos informa María Teresa Dondo -hija del amigo de Fijman: Osvaldo Horacio Dondo- en la Presentación, quien agrega que “Fijman y mi padre tenían el proyecto de editarlo”. La palabra cantiga o cántiga hace referencia a un antiguo género poético medieval (finales del siglo XII) destinado al canto de los trovadores, característico de la lírica galaico-portuguesa y cuyos tipos eran de amor, de amigo, de escarnio y religiosa.
Dos características aparecen a primera vista al leer este poemario: el uso de la métrica -a través de endecasílabos y alejandrinos- y, también, a veces, la rima (Cantiga de bondad y Cántiga de pasión) y el recurso de la repetición -tan común en la música (canción) y la religión (plegaria o rogativa a lo divino)- de palabras y de ritmos. Asimismo y en relación con lo anterior, son muy frecuentes las anáforas y las aliteraciones. Finalmente, otro recurso muy presente es el oxímoron -la unión de los opuestos-, lo cual, también, se vincula a lo religioso y al misticismo en su afán de expresar lo inexpresable, lo divino, por ejemplo, como puede leerse en “dichosa soledad” o “entre los cantos / bajarán los silencios” o “la buena muerte”.
Hay ciertas palabras que se repiten una y otras vez a lo largo de estos deslumbrantes poemas: muerte, soledad, estrellas, mar, sueño, amor, dolor, luna, ríos, campos, tarde y llanto. El ambiente es preferentemente el campo, pero, en algunos textos la ciudad se hace presente de modo tenue, aunque concreto. Los neologismos, tan relevantes en la obra de Fijman, aquí también aparecen: eternando, cartofonía, fetosas, suspirosa, celestiar, eviternando, extravaga y pantofóbica. Por momentos, se asoma, levemente, la influencia de Federico García Lorca, otro amante de las cantigas (Cantiga do neno da tenda) y las formas poéticas antiguas y populares.
Destacamos que la edición presenta dos exquisitos apéndices, uno, con una selección de manuscritos del poemario y, otro, con dibujos y pinturas del poeta.
Es sabido que el símbolo de la pasión es central para el catolicismo. Y, como bien lo expresa Fijman en una entrevista: “La felicidad también es pasión. Aunque no mire al sol tengo pasión del sol. Y estoy movido no sólo por el sol sino por todas las cosas. Pero también sería difícil precisar el día de mi mayor dolor. Toda la carrera que hice fue la de llegar al mayor sufrimiento o pasión”.
Santiago Julián Alonso es artista plástico, escritor, dramaturgo, licenciado en Letras (UBA), periodista e investigador en el Centro Cultural de la Cooperación. Vive en Villa Ciudad Parque, Córdoba.





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