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El espacio “Memorias y Reinvenciones” presentará, el 9 de julio, un Manifiesto por la Soberanía Cultural, como corolario de una gran Asamblea Autoconvocada

El jueves 23 de abril por la tarde, se realizó en el Espacio Cultural Tacuarí, ubicado en Tacuarí 1557, CABA, el segundo encuentro, del Espacio Cultural “Memorias y Reinvenciones”, cuyas/os integrantes se reconocen como personas vinculadas a la diversidad de manifestaciones artístico-culturales en su condición de trabajadoras/es. En esta oportunidad contaron con la participación de secretarios de cultura de la Intersindical Radar Cultural.
En el texto que presentaron para su discusión se puede leer:
“A cincuenta años del inicio de la dictadura cívico-militar-empresarial y eclesiástica, quienes escribimos este texto, personas vinculadas a la diversidad de manifestaciones artístico-culturales, nos proponemos pensarla en clave cultural, federal y plural, de modo reflexivo-propositivo, bajo el espíritu de los debates o querellas intelectuales por una democracia con justicia social, soberanía política y emancipación cultural. Como aporte abierto a las discusiones que necesitamos dar para reconstruir nuestra Patria tan hambreada como saqueada. Para que aquella tradición nacional de los intelectuales comprometidos con el devenir de la patria no quede en el olvido. Porque no habrá reconstrucción política de la Nación, sin la reconstrucción de su cultura como potente faro de sentido. Porque la cultura son los sentidos que le damos a nuestras formas de vida comunitaria. Y hoy esa vida comunitaria está siendo ferozmente atacada.
La nutrida cantidad de referentes artístico-culturales y sindicales que dio vida a la asamblea, luego de debatir los ejes del documento “Memorias y Reinvenciones”, decidió una dinámica de reunión mensual, abierta, circular, para pensar colectivamente, producir teóricamente y buscar una práctica cultural e intelectual como sujeto político cultural. En cuanto al plan de acción, se propuso organizar para el 9 de julio de este año una gran Asamblea bajo el nombre “Hacia un Proyecto Cultural de Nación Soberana y Emancipada”, en la que será presentado un Manifiesto por la Soberanía Cultural. Dicho documento, sintetizará en una serie de puntos una Propuesta Nacional de Políticas Públicas, en especial Culturales, en clave federal. En cuanto a su elaboración, de carácter colectivo, tendrá una ronda de consultas con los diferentes espacios de la vida artístico-cultural y sindical. Porque se asumen como parte de un amplio archipiélago de actores y actrices sociales en lucha. Porque proponen articular y unir esas luchas. Para recuperar las mejores experiencias de nuestra historia, desde su diversidad de tradiciones, e imaginar propositivamente las políticas públicas que nos hacen falta en nuestro aquí y ahora.
Sostienen que así como hay una Argentina desaparecida, con la dictadura, la que fuera la sociedad más igualitaria de América Latina –con el horizonte igualador de su educación pública, con potente cultura e industria, sin desocupación y escasa deuda externa-, ahora hay una Argentina invisibilizada, la de los sub 45 –el 65 por ciento de la sociedad-, que además de padecer, como la gran mayoría del pueblo argentino, pobreza e indigencia, en este cuarto ciclo neoliberal –el primero se inició en marzo de 1976-, padece de muchas necesidades y escasos derechos. Y mayormente, no sabe lo que ocurrió durante la dictadura. Por un lado, porque al institucionalizarse como política de estado la narrativa con la que se vino contando quedó cristalizada y dejó afuera de la agenda de derechos humanos la realidad de esas generaciones. Por otro lado, porque la extrema derecha que hoy nos gobierna vino construyendo su “batalla cultural” en su procura de romper los pactos democráticos de 1983 y de 2003, expresados en el Nunca Más, primero, y en Memoria, Verdad y Justicia, luego.
Por eso, plantean que no se puede transformar lo que no se comprende. No se puede transformar sin transformarnos. No se puede gobernar en clave de soberanía solo administrando. Porque gobernar debe ser transformar, para una más justa redistribución de nuestra riqueza material y simbólica.
En cuanto a las secuelas de la dictadura cívico militar, recuerdan que no puede explicarse la dominación económica y el disciplinamiento social sin dominación cultural y pedagógica, cultura del terror mediante, sin la existencia de un plan sistemático para censurar las culturas y las artes, intervenir y reducir nuestro lenguaje, para que el habla social deje de nombrar las experiencias, ideas y palabras a través de las cuales fue posible la Argentina que desaparecieron. Por eso hay que vincular la desaparición forzada de 30 mil personas con la desaparición forzada de palabras, ideas y bienes culturales a través de los cuales fue posible la existencia de un sujeto colectivo con pensamiento crítico. Proponen pensar nuestra realidad 2026, de guerra cognitiva y nuevo proyecto de la miseria planificada, a partir de aquella definición de la dictadura de la guerra cultural librada en el corazón y la mente de los jóvenes.
¿Necesitamos una Nueva Ley de Comunicación Audiovisual-Digital?
¿Necesitamos una Ley Federal de las Culturas?
¿Necesitamos gravar a las plataformas digitales para financiar de modo federal, diverso y plural las políticas públicas culturales, comunicativas y educativas?
¿Necesitamos un gran Congreso Pedagógico para una Nueva Ley de Educación Superior?
¿Necesitamos la derogación de la Ley de Entidades Financieras?
¿Necesitamos una Nueva Constitución, con una Asamblea Constituyente que discuta a lo largo y ancho del país un proyecto nacional soberano?
Por último, plantean que necesitamos preguntas propias. Agenda propositiva. Nuevas prácticas políticas, abiertas, plurales e inclusivas. Por eso proponen el arte de la escucha como método y filosofía para la creación de un espacio cultural abierto y propositivo.
Recuerdan, que, en el día del idioma, 23 de abril, es indispensable plantear que no se puede hablar de Soberanía Cultural sin proponer la descolonización de nuestro lenguaje, sometido a la ideología del poder, a su violencia perfomativa que escinde la realidad en nosotros y ellos, que condena y cancela toda diversidad y diferencia, que invierte drásticamente sus sentidos, lo tergiversa, uniformándolo en frases tan reduccionistas como brutales; a la lógica del mercado, y el vaciamiento de la palabra pública. Por eso sostienen que es imprescindible recuperar el peso y la coherencia de la palabra pública, como condición de posibilidad para recuperar tanto horizontes de credibilidad social como espacios públicos para su circulación.
Coinciden en que no puede hablarse de Soberanía Nacional sin Soberanía Cultural. Pero para que esta hoy sea posible es necesario tener como horizonte la Soberanía Digital.
De la Teoría de la Dependencia a la Teoría de las décadas del 60 y el 70, como producción latinoamericana de una teoría para explicar los conflictos y proponer una narrativa y una práctica política, a la emergencia de la Dependencia Digital que hoy padecemos. Porque necesitamos vincular el extractivismo de nuestros recursos naturales con el del conocimiento, porque somos nosotros la materia prima de la cual nos extraen los datos. Nosotros alimentamos a las grandes corporaciones big tech.
O inventamos o erramos escribió el maestro de Simón Bolívar, Simón Rodríguez. Y en nuestro aquí y ahora, esa idea fuerza tiene mucha vigencia: o nos reinventamos o fracasamos.







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