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Lo primero es la familia

Antígone, de Sophie Deraspe

Si bien es innegable que los mitos griegos constituyen los pilares en los que se basa el pensamiento occidental moderno y que su recurrencia en los relatos de todos los tiempos es tan necesaria como reveladora de ciertas conductas humanas, recrearlos en el cine actual no siempre resulta acertado.

En Antígone (Sophie Deraspe, Canadá, 2019), sin embargo, los elementos clásicos se imbrican, perfectamente, en el marco actual que propone la película: los cuatro hermanos (Etéocles, Poliníces, Ismene y Antígona) son refugiados argelinos que, luego del asesinato de su madre y de su padre, emigran junto a su abuela a un barrio popular de Montreal. En su condición de “ciudadanos de segunda” –uno de los tantos subtemas que atraviesa el film sin fisuras-, los hermanos deberán enfrentarse a situaciones en las que la violencia –de modo, más o menos, explícito- está siempre cercándolos.

Es así que, a raíz del nuevo asesinato de uno de ellos –un caso que bien podría encuadrarse dentro de lo que aquí llamamos gatillo fácil- y del arresto de otro de los hermanos, será Antígona quien, al igual que en la tragedia de Sófocles, buscará justicia oponiéndose, para ello, a las distintas instituciones de la sociedad moderna.

Como en todo relato construido a partir de una estructura narrativa clásica, hay, en esta verdadera obra de arte, ayudantes –punto a favor para el personaje de Hemón, cuyo amor inconmensurable hacia la heroína constituye otro de los grandes aciertos de esta versión libre de la tragedia homónima- y oponentes (la policía, la justicia –aunque no toda). No obstante, es a partir de estos últimos que una áspera crítica social cobra fuerza, ensalzando, de este modo, la figura femenina –sobresaliente actuación de Nahéma Ricci, en el rol protagónico- como símbolo de la justicia social.

Pero la película de Deraspe –nominada y ganadora de varios premios- es, además y por sobre todas las cosas, una oda a la familia, a la hermandad y, todavía más, a la historia de crianza personal de cada ser humano y la importancia capital de los primeros vínculos, en nuestra relación más primitiva con el mundo.

Por eso, cuando, tantas veces, nos recuerdan cuán importantes son los primeros años de vida de una persona para entender ciertas respuestas de la vida adulta, una memorable escena de esta enorme película nos lo demuestra con creces: cuando se le pregunta al personaje de Antígona por qué defiende tanto a sus hermanos -con todo lo que ella tiene para perder-, la adolescente responde algo así: “la única imagen que recuerdo es a Polínices estirando sus brazos para que lo alcen y volviéndolos a bajar, porque no hay nadie para levantarlo”.

La imperdible Antígone, de Deraspe, puede verse de manera gratuita en la plataforma: https://cuevana.nu/

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