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La casa de lado, de Sergio Kisielewsky
Hace unos días, le consulté a Sergio Kisielewsky sobre la posibilidad de utilizar para mi nuevo poemario ciertas construcciones poéticas que él aplica en la elaboración de su último libro La casa de lado. Directamente le expliqué que las iba a utilizar, inclusive, aunque no contara con su aprobación. Kisielewsky no estuvo muy de acuerdo con mi decisión. Creo fervientemente que en el tránsito poético del libro La casa de lado, el propio Kisielewsky construye también, sin autorizaciones, nuevas formas para presentar su poesía y la poesía. El exceso en estas primeras líneas de mi comentario, donde se nota que no he llegado todavía a ninguna parte, apuestan justamente a explicar la confrontación o desautorización que el propio poeta se adjudica desde el propio título del libro, porque cualquier primera lectura autorizada implicaría directamente considerar como un título correcto: La casa de al lado. Pero, lo más interesante está en el propio desarrollo de las nuevas construcciones poéticas que también desautorizan los usos y costumbres.
Resulta muy atractiva la cantidad con que se desautoriza y la sorpresa insistente de lo aparentemente inhabilitado como solución para una forma poética dentro de las diversas estéticas o poéticas a la que estamos acostumbradas/os, sin desmerecer, por cierto, calidades o excelencias que puedan tener cada una de ellas. El libro de Sergio Kisielewsky La casa de lado, desde su título, arriesga a descolocar al lector. Todo el libro trabaja con un lenguaje desautorizado para el sentido común de una lectura, construcciones que se han trastocado y posiblemente estén inhabilitadas para los usos y las costumbres. Pero, justamente allí radica el valor del trabajo poético: poder trastocar el tratamiento del lenguaje y la propia poesía.
Desde uno de sus primeros poemas, que tiene como título Bufandas: “La pelea de fondo / no es la pelea de fondo / son dos gorditos que toman birra en un restorán / donde ya no quedan brasas ni fuego”. Uno no puede sentirse parte de una pelea de fondo entre dos pugilistas “donde ya no quedan brasas ni fuego” para el último ring, pero, no se puede desconocer tampoco la posible pelea de fondo en la que estamos acostumbradas/os en el box, pero, en este caso, si se quiere, dentro de una parrilla que oficia de ringside. El poema Compañero, donde “es un triciclo que lleva un niño a la vejez”, vuelve otra vez sobre el sentido del acto trastocado presentado a un viajante que ha dejado hace mucho de ser niño. En el poema Ayer, también se superpone una sumatoria de costumbres desautorizadas por los usos, ya que jamás el médano será una ballena que galopa, ni nadie ira al mar para ver perder el agua del verano, ni que la toalla de la señorita es un pequinés, ni que el mar pueda ser ella, la princesa, que se deja ver únicamente como ella, porque el mar ya no existe en el lugar del mar.
Yo, por eso, fui muy claro con Sergio Kisielewsky y le expliqué fervientemente que yo podía utilizar sus nuevos inventos sin necesidad de ninguna autorización del autor. Y quizás Kisielewsky lo siga pensando con extrañeza porque son tantos los lugares inhabilitados por el lenguaje que dejan al poeta desnudo ante su propia literatura. En el poema Rincones: “En la Antigua Farmacia no hay dolores”, “sólo una mujer que llora sentada en una silla de mimbre”, quizás se le pueda permitir que sea una mujer ya sin rímel, pero es más difícil admitir que esté presente: con “Su cabello atado como una postal de fuga”. Son valiosas las imágenes cuando dice: “No hay dolores en la Antigua Farmacia / sólo un barco que sostiene las lágrimas del océano,”. Y después: “dice que en el fondo la Antigua Farmacia / estaba el mar,”. Esta hermosa imagen de colocar el mar debajo de una Antigua Farmacia es un bello ejemplo del sentido trastocado que uno va sintiendo en los poemas. Por eso, La casa de lado puede ter un mar escondido dentro de una farmacia.
En este libro el estado de superposiciones es el dominante y deja de ser el estado de las comparaciones el lugar más común para el trabajo poético. Aunque, no se trata de superposiciones como estados acumulativos constantes que se van dejando a la deriva, pero, es también una deriva de acumulaciones que se corren de las formas en que estamos acostumbrados a escribir poesía. El poema Sueño deja ver con claridad este sentido de confrontar acumulativamente esa suma de contrastes que permiten decir “la rueda, la tripa gorda, el surubí cae. / El perro, el gato, la vaca, el cisne y el diluvio / el mimo junto a la salamandra cae. / El sátrapa cae.”
La idea original de utilizar diversas formas de los estados poéticos de Kisielewsky sigue presente. La reapropiación de lo que se superpone para encontrar el sentido de lo poético es algo que le estaba faltando a mi poesía. Uno, ahora, sabe por su poema Marejada que la terapeuta del autor de La casa de lado “se casa y se va de Luna de miel a París”. El poeta, en cambio, nos dice “Me voy a Sauce Viejo en Monte Hermoso donde / hay yararás / y el mar golpea desde lejos”, pero, el pasaje que se recuerda queda en Villa del Parque, un conocido barrio de la ciudad de Buenos Aires. Es interesante superponer los estados poéticos que supone estar en París, en Monte Hermoso o en Villa del Parque y que, en cualquier geografía que golpee el mar y emerja de la tierra, se puede ver el micro en que viajaban algunos “de mis abuelos”; porque los recuerdos no son recuerdos ni en Madrid, ni en Copenhague, ni en Buenos Aires y la juventud era un año en los años 70.
Yo, por eso, le expliqué muy especialmente a Sergio Kisielewsky que me permita utilizar todo lo que sea posible de La casa de lado, esa cierta inclinación que habilita a que los estados poéticos se acumulen nuevamente sin repetirse, aunque se posen sobre las mismas paredes, se fijen en los poemas para poder reconocer las nuevas instalaciones, de las cuales nos podemos reapropiar maravillosamente y ver también cómo se explica la poesía que se inclina en este mundo.
La casa de lado, Ediciones Del Camino, Buenos Aires 2024.
Juano Villafañe es poeta, dramaturgo y gestor cultural. Vive en Balvanera, Comuna 3, CABA.






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