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Carlos J. Aldazábal, identidad de la poesía regional

El Fondo Nacional de las Artes lleva adelante una tarea singular y necesaria, ningún otro organismo puede desempeñarla, ya que herramientas federales y presupuesto para el área le han sido asignadas desde su creación, la promoción de la cultura y el apoyo a las artes son sus objetivos. “El FNA cerca de los artistas, sostiene cultura”, se lee en su web. Más allá de altibajos en el ejercicio de las funciones específicas, cuestiones presupuestarias e, incluso, dependiendo del variable interés de las distintas gestiones -es innegable el daño que los gobiernos neoliberales han hecho a los diversos sectores de la cultura argentina-, numerosos organismos del área han sufrido un desmantelamiento sistemático por desfinanciación, que es la marca registrada de estas gestiones y, fundamentalmente, son responsables de la idea de que la cultura no es parte del sistema productivo del país, sino, un gasto superfluo. El detrimento producido, gracias a esta conceptualización tan mezquina como errónea, aún no se ha revertido.

Entre las actividades de dicho organismo gubernamental, nos ocupa el Concurso de Letras 2021, dedicado a Olga Orozco, en el cual el poeta salteño Carlos J. Aldazábal obtuvo el Premio Especial de Poesía, causalmente nominado en homenaje al centenario de la poetisa pampeana, de la cual el premiado se considera discípulo. El premio le fue otorgado por su libro Paraje. Aldazábal dirige, además, la editorial de poesía El Suri Porfiado desde 2007 y, también, coordina el Espacio Literario Juan L. Ortiz en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

Consumado autor de los libros: La soberbia del monje (1996), Por qué queremos ser Quevedo (1999), Nadie enduela su voz como plegaria (2003), El caserío (2007), Heredarás la tierra (2007), El banco está cerrado (2010), Hain. El mundo selk´nam en poesía e historieta (2012), Piedra al pecho (2013), Camerata carioca (2017) y Mauritania es un país con nieve (2019). Menciona que, hace 20 años, vive en Buenos Aires. Que sus próximos proyectos son escribir con calma a partir de varias ideas. También, insiste que todo está muy verde, desistiendo de anticipar nada. Sin embargo, sabemos que el laureado texto ya está en proceso de edición y, pronto, saldrá de la imprenta. Carlos está invitado a la Feria del Libro de la provincia del Chaco y espera poder participar de manera presencial.

Para él identidad y procedencia son constitutivas de cualquier escritura, se hagan explícitas o no, incluso, aunque no se pretendan autobiográficas. Afirma que, en su caso, no busca hacerlas explícitas ni, tampoco, ocultarlas. Piensa que escribir poesía tiene que ver con una necesidad de encontrarse en esa otredad, que es un idioma y remarca: “cómo puedo ser yo a través de ese legado inagotable de generaciones al que llamamos lenguaje”. Afirma, además, que: “encontrar la clave del yo en el lenguaje, es la clave del estilo”.

Dicta clases desde hace mucho tiempo, abocándose, en lo que queda del año 2021, que, ciertamente, fue promisorio para él, a sus alumnos del taller curricular del primer año de la Carrera de Comunicación de la UBA. Aldazábal es Magister en Comunicación y Cultura y, también, licenciado en Ciencias de la Comunicación (FCS-UBA).

Con Fervor: ¿Cuál es tu opinión sobre el negocio editorial?

Carlos Aldazábal: De algún modo, los que editamos poesía estamos fuera del negocio. Es conocida la frase: “la poesía no se vende, porque no se vende”, lo que, en otro sentido, significa que, al menos, en este género no hay un público lector consolidado, aunque, circulen muchos poemas en las redes sociales.

CF: ¿Creés en la apreciación objetiva e independiente de los jurados en los certámenes literarios?

CA: No creo en la objetividad en el arte. Sin embargo, sí creo que un jurado puede ser honesto con sus parámetros estéticos, parámetros que se desprenden de las reglas propias de la autonomía moderna de la que hablaba antes. Dicho esto, yo no escribo para concursos, simplemente, escribo. Y si eso que escribí tiene suerte en un concurso, se agradece y se sigue.

CF: ¿Antologizar es más difícil que seleccionar material propio para publicar?

CA: Una es tarea de un crítico literario, de un investigador. Puesto en ese lugar, puede parecer más fácil, pero, es un compromiso y una responsabilidad. Prefiero la pelea con la hoja (o, mejor dicho, la pantalla) en blanco, que es la tarea propia de los poetas.

CF: ¿Diversidad, en su sentido más amplio, es un diferencial positivo en un/a escritor/a?

CA: No se trata de que el escritor o la escritora sean diversos, sino, de que haya una crítica literaria capaz de leer la multiplicidad de producciones de un país. Ahora bien, si se encuentra calidad dentro de esa diversidad de producciones, ahí, ya podemos pensar en literatura.

CF: ¿La valoración de una obra literaria es patrimonio del editor, del negocio editorial, del lector o del propio autor?

CA: Lo que, desde la modernidad, se llamó “autonomía literaria” incluía instituciones, como los periódicos y las universidades. Esas reglas, a través de las cuales la crítica instituyó la calidad literaria están en crisis. Pero, sin embargo, siguen funcionando. Las reglas de la crítica literaria y de la literatura como arte no son las reglas del mercado. Si se valora un texto desde el mercado la valoración es distinta.

CF: ¿Cuál es tu opinión sobre el lenguaje inclusivo y su inserción dentro de la literatura, más allá del lenguaje cotidiano?

CA: No conozco muchos textos literarios que lo utilicen como recurso. Pero, si estuviera bien utilizado no me molestaría.

CF: Te has desempeñado como prologuista, compilador, antologizador y sos editor, ¿son estas actividades colaterales o satélites de la tarea de un autor?

CA: Escribí algunos prólogos, solapas y contratapas. Son tareas que, también, forman parte del oficio de la escritura.

CF: ¿Para vos la conceptualización de la obra literaria es una noción anterior a la creación, surge durante el proceso de escritura o es posterior?

CA: Ya una idea que pueda servir, a futuro, para un posible poema es algo creativo. Creo que hay creación en todos esos procesos que nombrás, como cosas distintas. Ahora bien, en mi caso, no tengo un modo definido de cómo pueden darse las combinaciones

CF: ¿Cuándo cerrar un texto, darlo por terminado y considerarlo publicable, en términos de corrección o reescritura?

CA: No podría darte una fórmula. En mi caso, cada libro de poemas es distinto y esa sensación de cierre se da cuando debe darse. En general, es un proceso que lleva varios años.

CF: ¿Hasta dónde se debe nominar y catalogar, diría, deshuesar la producción literaria en pos de neologismos, análisis y nuevos conceptos fundacionales? Pienso, al formularte esta pregunta, en que la categorización literatura contemporánea ha sido invadida por segmentaciones, como posmodernismo, post-postmodernidad, posautonomía, performatismo, posmodernismo humanista, metaposmodernidad y digimodernismo, por citar sólo algunos de estos términos ¿Te interesa ese tipo de conceptualizaciones?

CA: Me interesa leer textos lúcidos. Y algunos de esos conceptos alrededor de la literatura fueron pensados y formulados por críticos como Josefina Ludmer, Nicolás Casullo o David Viñas. En esos casos, las conceptualizaciones pueden llegar a interesarme.

CF: ¿Sentís que el soporte digital liberó y democratizó la circulación de revistas literarias?

CA: Seguramente sí. Todo parece indicar que eso es lo que ha ocurrido.

CF: Poesía, narrativa, ensayo, notas, novela, microrrelato, ¿tu preferencia, como lector, entre estos géneros?

CA: Como lector, no podría darte ningún orden, porque, en todos esos géneros puede aparecer lo que yo entiendo como poesía. Que es algo más que una cuestión meramente clasificatoria.

CF: ¿Cuándo un autor deja de considerarse emergente?

CA: En poesía, quizá, nunca.

CF: ¿La presencia de lenguaje poético en la prosa es para vos un plus, como lector?

CA: Sí, definitivamente. Sin que deba entenderse por lenguaje poético un lenguaje recargado y ampuloso.

CF: ¿Tus libros son, siempre, temáticos? ¿Cuál es la esencia de una edición?

CA: No necesariamente. Busco que la unidad, más que en el tema esté en el estilo, en la música de los textos, en la respiración. Intento no tener fórmulas.

CF: ¿Lo críptico en la poesía es un requerimiento de la modernidad, una marca distintiva, una búsqueda, un signo de época? ¿Lo ejercés conscientemente?

CA: No me considero un poeta críptico ni transparente. Simplemente, escribo con mayor o menor claridad, intentando ser fiel a lo que quiero (o a lo que el poema quiere) decir.

CF: Ritmo y musicalidad es una constante en tu poesía, ¿qué otros elementos distinguen tu producción literaria?

CA: El ritmo (que no es lo mismo que la rima), para mí, es fundamental. Pero, no sólo de mi poesía. Pienso que no existe poema sin ritmo y si no tiene ritmo algo está fallando. En cuanto a las características de mi estilo, es lo que se puede encontrar en los poemas. Dejo la interpretación a los lectores.

CF: ¿Hispanoamérica y Latinoamérica son conceptos posibles, segmentaciones válidas o clasificaciones significantes según tu visión de la literatura contemporánea?

CA: Todos sabemos que “la patria es el idioma”. Desde ese punto de vista, los hablantes somos ciudadanos de nuestro idioma y el que nos ha tocado en suerte es el castellano. En esa perspectiva, las dos conceptualizaciones/segmentaciones me parecen válidas.

CF: ¿La regionalización es algo positivo para la literatura?

CA: Toda literatura es regional (que no es lo mismo que decir que toda literatura es regionalista). Es un modo de leer que puede ser democratizador a la hora de pensar alternativas a las canonizaciones. No necesariamente es algo positivo ni negativo para la literatura.

CF: ¿Lo cotidiano en tu poesía es un dato que te encuadra dentro de la corriente costumbrista en el panorama literario actual?

CA: No soy un poeta costumbrista, aunque, aparezcan elementos cotidianos en mis poemas. No me parece que sea un rasgo distintivo de lo que hago.

CF: ¿Hay, siempre, un mensaje en lo que escribís?

CA: El poema es el mensaje.

 

 

Trilobites

 

Si es por tragedia,

alguien debería

contar la historia

de los trilobites,

animales marinos

condenados a fósiles,

a que nadie humedezca

sus mañanas.

 

Pero no se trata

de escribir lo que se sabe.

Aquí la tragedia

es no poder despedirse,

no poder desear buena ventura,

un “que te vaya bien, que amaine todo”.

 

No se conocen las rutas de la muerte

ni los designios del azar que transforman los restos.

 

No se conoce el rumbo, ni el color, ni la forma.

 

Sólo sabemos

lo que supura el ojo,

y líquido por líquido,

ojo por ojo,

es la tragedia

la que decora el cuadro:

caminata torcida

para subir un cerro

con fósiles marinos

creciendo en sus cornisas.

 

Un caprichoso adiós, que ya no importa.

 

(de Mauritania es un país con nieve)

 

 

Motivos

 

No es fácil perder tantas peleas,

remontar las tareas cotidianas,

decidirse a vivir con la náusea en la nuca.

 

Resucitar por día, por minuto,

reencarnado en helecho o en hormiga,

resucitar contrarreloj en la caída

para evitar morir de doble muerte.

 

No es posible aflojar: así es el juego,

esta sutil condena de continuar naciendo

a pesar de los otros.

 

Por eso es que persisto en mi disfraz de circo,

porque la risa y el amor son escaleras

que trepamos sin miedo mientras nos resbalamos.

 

Quiero decir:

 

tus ojos me han mirado,

 

y así vale la pena tanto esfuerzo.

 

(de Piedra al pecho)


Fernando González Oubiña es actor, autor, docente teatral y gestor cultural. Ha recibido importantes premios y distinciones internacionales.

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