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Se presenta Están volviendo, la nueva novela de Francisco Tete Romero, en el Centro Cultural de la Cooperación

El viernes 20 de noviembre a las 19hs., se realizará la presentación de Están volviendo, última novela de Francisco Tete Romero, en el Centro Cultural de la Cooperación (Sala Jacobo Lacks, 3° piso). La misma, fue publicada por Editorial Contexto en la colección La Tierra sin mal que dirige el escritor Juan Mario Basterra. Estará acompañado en dicha presentación por Daniel Omar Luppo -reconocido dramaturgo y gestor cultural-, la escritora, docente y periodista Marina Arias y la escritora y psicoanalista Nora Merlín. Quien, junto a Luppo y la poeta Claudia Masin, escribieron textos de análisis del texto de Romero. 

Trascribimos, a continuación, un fragmento del primer capítulo de la novela y otro del prólogo de Claudia Masin.

 

CAPÍTULO UNO

 

Último día de junio de 2032. Hace mucho frío en Buenos Aires. Cielo crepuscular de invierno gris plomizo manchado por drones. Muchos drones. Patrullan sin cansarse para que todos nos sintamos más seguros. Debe ser la seis de la tarde, piensa una mujer flaca, de pelo blanco, corto, estatura mediana, mientras sale de la boca del subte a la altura de Avenida de Mayo, a una cuadra de la 9 de Julio. Se frota las manos heladas y piensa cómo será ver el cielo de su Chaco surcado por drones. Ayer empeñó la pulsera de oro que su padre le había regalado y que había sido de su abuela. Todavía no consiguió un nuevo chip para el viejo celular que lleva en el bolsillo de su campera. No puede demorarse en medio de la vereda, pero le cuesta pensar su próximo paso. Entonces tres drones descienden a la altura de su rostro y uno de ellos se acerca más, la escanea unos segundos que le parecen eternos y luego le dice que camine a su destino. Antes de levantar vuelo, le recuerda con una voz metálica neutra que en una semana tiene que renovar su carnet laboral.

 

Papá estaba bien. Todavía estaba bien, decía mi hermano Juan. Parecía que eso era cierto. Solo por una cuestión que, ni bien lo supe, disparó la primera alerta. Los domingos al caer la tarde recibía llamadas de sus amigos muertos. Desde un teléfono fijo que se había negado a abandonar.

Nunca recibía llamadas, pero solía decirnos que algún día sus viejos amigos, que solo tenían como dato de su paradero ese número de teléfono, lo llamarían. Nunca recibía llamadas, Nati, pero el primer domingo de junio eso cambió.

Entonces parecía que papá se desplomaría de a poco. Hasta que un lunes por la mañana sonó ese teléfono, atendí y Oscar muerto hace ocho años me dijo: decile a tu viejo que estoy volviendo.

 

Eso disparó la segunda alerta, porque ni bien se lo dije a Juan, pensó de inmediato que la chifladura de papá me estaba contagiando. Y tal vez tenía razón. Yo también lo pensé. De ser así, hubiera sido un alivio. Pero nada nunca es tan sencillo. Porque no se trataba ni se trata de que la historia rota de mi viejo me rompiera a mí. No, no solo fue eso. Ni dejó de serlo. Porque luego de esas palabras de Oscar, mis propios fantasmas me llegaron a galope tendido.

Porque sí, es cierto, yo fui la que se quedó a vivir con papá. Porque no tiene a dónde ir cuchichearon siempre a mis espaldas y alguna vez la mujer de Juan me lo dijo en la cara. Y esperó mi reacción, pero no la tuve. Menos por querer enfrentarla que por no saber qué decirle. En realidad, porque jamás me interesó lo que ella pensara de mi papá o de mí. Aunque luego esas palabras se me quedaran dentro, rebotando y haciendo eco. Sin saber dónde ir o cómo salir de mí.

Porque yo también estaba rota. Pero papá no tenía culpa alguna de eso.

¿Hay un jardín?

Sí, pero está descuidado y el limonero está reseco, invadido por parásitos.

Pero es verde, ¿verdad? ¿Todavía es verde?

Y sí, todavía algo de verde hay.

Lo extraño, ¿sabés? ¿Y vos?

A veces lo extraño. Pero es a vos a quien extraño papá. ¿Salimos a verlo?

¿A quién?

A lo que queda del jardín, papá.

Así conversábamos cuando salíamos de nuestras jaulas de silencio. Feas esas jaulas. Pero la de papá más, porque desde que murió mamá no quiso volver a pisar el jardín. Algún día lo haré me decía cuando se lo echaba en cara, aunque más no sea para hacerme compañía, dale, venite que está tan lindo acá. Con eso lo tentaba pero no había caso. Algún día iré. Esa era toda su respuesta.

Bueno, por eso estoy acá. Por eso todavía no me fui. Porque además el mundo de ese jardín y de la casa donde había ese jardín dejó de existir hace tiempo. Soy su sobreviviente”.

 

Del prólogo de Claudia Masin

 

Francisco Tete Romero escribe un libro que todos tendríamos que leer. Porque está describiendo el presente y el futuro a través de esta historia desgarradora y aun así esperanzada. La cineasta Lucrecia Martel, ante la pregunta ¿Qué salida encontrás vos frente a la complejidad del presente?, responde: “Pienso que nos toca algo que da mucho trabajo y es muy cansador: nos toca inventar el futuro próximo. Tenemos que inventar el futuro, así como lo hicieron Julio Verne, Philip K. Dick y todas esas personas que nos abrieron los ojos”. Inventar el futuro próximo es lo que hace Francisco Tete Romero. No es un futuro promisorio ni alentador, pero sí es un futuro que nos permite conectarnos con nuestro poder, con nuestra fuerza, que es y siempre ha sido la dignidad, el no permitir que nos devoren. Ni los de adentro ni los de afuera. En este presente en el que el neofascismo campea sin resistencia a la vista, recordemos lo que esta novela nos está diciendo. Desde allí donde nadie está mirando, desde abajo, desde el fondo embarrado de los ranchos, las canchitas y las villas, desde adentro, desde el monte impenetrable, desde los pueblos fantasmas donde hace años que no pasa un solo tren, desde arriba, desde el aire, desde el halo que dejaron nuestros muertos amados, desde lejos, desde muy lejos, desde los caseríos olvidados vienen, cantando una de esas canciones que sabemos todos. Ellos -nosotros- los que aman, -los que amamos- este suelo, están -estamos- volviendo.


Francisco Tete Romero nació en Resistencia, Chaco. Es escritor y docente. Profesor en Letras, egresado de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste. Especialista en Investigación Educativa y Pedagogía de la Lectura. Actualmente, dicta Literatura Argentina I y Literatura Argentina II en el IES de la Fundación Mempo Giardinelli. Coordina en Buenos Aires el ciclo mensual Poéticas de lo indecible en el Centro Cultural de la Cooperación. Narrador y ensayista, publicó las novelas Eclipse de mujer, La próxima lluvia, Oler la tempestad, Fantasma del Paraná y Furtivas y un libro de cuentos: Impenetrables. En el campo del ensayo, se destacan Culturicidio. Historia de la Educación Argentina (1966-2004), Culturicidio II. Cultura, Educación y Poder en la Argentina 2004-2019, Chaco: 8 tesis para otra historia; Napalpí.. Genocidio y Terricidio (1924-2024) y Chaco puede. La ficción de la dictadura ataca otra vez. Publicó también El santo oficio de la palabra. Entrevista a Mempo Giardinelli. Dirigió las obras colectivas Pensar el Chaco desde la dictadura. A 50 años del golpe y Vamos a hacer hablar a esa pared. 40 años después. Preparó las antologías: Confines de la Patria. Narrativa del nordeste argentino (2021) y Antología de narrativa Argentino/Paraguaya. Fue dos veces Presidente del Instituto de Cultura (2007-2009; 2021-2013), Ministro de Educación del Chaco (2009-2013), Presidente del Consejo Federal de Cultura (2008-2009) y Director Nacional del Ministerio de Cultura de la Nación (2014-2015).

 

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