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Final de partida

Escrita por Samuel Beckett, luego de la muerte de su hermano y estrenada en el año 1957 la obra plantea un final de juego (Endgame), como cuando en el ajedrez ya quedan pocas piezas sobre el tablero, previa a la definición de la partida. Esta imagen nos remite, como en otras obras de Beckett (como en Esperando a Godot, por ejemplo), a que algo ya no está, que el mundo -al menos el que conocíamos- llegó a su agotamiento.
Podría interpretarse que Beckett refleja el sinsentido de la posguerra, que asoló al mundo con la destrucción y el odio. Pero el mundo siguió, como pudo, con una nueva guerra de otra temperatura: la “fría” que volvió a dividir la humanidad.
Hoy, en el nuevo siglo, asistimos a otro “final de partida”. El panorama es mucho menos alentador, donde guerras de otras intensidades siguen presentes, con una amenaza no menor de exterminio y sinsentido. Donde la destrucción y la locura alcanzan el riesgo cierto de nuevos genocidios y los valores tambaleantes que seguían ejerciendo algún débil sentido para la humanidad, ya dejaron de tener oportunidad. La anestesia de la conciencia a través de drogas químicas, tecnológicas y comunicacionales encuentra al ser humano como en una densa nube de miseria…
En un escenario oscuro y despojado se encuentran el amo ciego, paralítico y despótico, confinado a una silla de ruedas (Hamm), un criado sumiso (Clov) que le obedece pero quiere rebelarse, los ancianos padres de Hamm (Nagg y Nell) hambrientos, maltratados, confinados en dos tachos de basura con aserrín o arena, sin piernas ¿Cumplen un castigo?
El clima es opresivo, violento, los movimientos del criado son veloces, sube y baja de la precaria escalera, asomado al exterior desde una ventana con un precario catalejo en busca de un horizonte donde no lo hay… mira hacia la playa sin mar. Un paisaje desolado y desierto: ya no hay nada. Aluden a veces a un hombre que golpea la puerta pidiendo pan para su pequeño hijo.
El amo ciego permanentemente llama con un ruidoso silbato, demanda todo, hace preguntas. Clov agita su pulsera de cascabeles acudiendo al llamado. El diálogo es intenso siempre, la duda, el menosprecio, la desolación, la ansiedad es el clima en el que viven estos seres abandonados a su propio sinsentido simbióticamente unidos por el destino.
La genialidad de Beckett nos deja algunos inquietantes interrogantes, o tenues luces de esperanza. Clov divisa de lejos el niño que se va acercando a la puerta, el anciano ciego descubre conmovido que lloró, el sirviente esclavizado toma una decisión: abandonarlo. Se calza su sombrero y toma la valija.
¿Se irá finalmente? ¿Llegará el pequeño a la puerta? ¿ésta se abrirá? No lo sabremos. Hasta aquí lo que el argumento nos presenta con el estilo hondo e inconfundible del dramaturgo inglés.
Pero, lo que más se destaca en esta puesta en escena es el inmenso trabajo de dirección y actoral de una excelencia realmente conmovedora. El trabajo de dirección de Alberto Madín, que también interpreta a Hamm es de un dramatismo tan efectivo como impresionante. Clov, por Daniel Di Rubba despliega una gestualidad, movimiento corporal, espasticidad en sus manos y una expresión crispada de su rostro, Rubén Otero, Nagg, desde el tacho de basura ejerce un contrapunto muy positivo en la escena, el padre en su miseria se conforma con una galleta… y manifiesta: “nada más divertido que la desgracia”. A Nell (Lina Rodríguez) la anciana madre con la lucidez del que comprende qué sucede, no la volvemos a ver,
El texto es respetado, pero se han introducido algunos objetos muy cargados de sentido que no estaban en la versión original, que le confieren un acentuado y perentorio dramatismo…
Las/os cuatro actrices/actores y el director del Grupo Génesis, ofrecen un trabajo, una vivencia y una participación en su creación que genera en los espectadores una fuerte impresión. El aplauso encendido es sincero y unánime: Se puede inferir que cada uno seguirá pensando y sintiendo, seguirá reflexionando cómo vive, como vivimos, qué mundo habitamos, cuál es nuestra esperanza, y que posibilidades de futuro queremos generar…
¿Llegará ese niño a la puerta? ¿Esa puerta será abierta?
Ficha artístico-técnica:
Actúan: Alberto Madín (Hamm), Daniel Di Rubba (Clov), Rubén Otero (Nagg) y Lina Rodríguez (Nell)
Asistente de dirección, difusión y redes: Micaela Ventoso
Prensa: TEHAGOLAPRENSA
Dirección general: Alberto Madín
Final de partida puede verse los sábados a las 19.30hs. en el Teatro El Jufré, ubicado en Jufré 444, CABA.
Adriana Prado es licenciada en Ciencias Sociales y Humanidades y en Bibliotecología y Documentación. Actualmente, realiza periodismo cultural por radio y por redes sociales en “Voces y contexto”, en YouTube: Voces y contexto 4973. Es integrante de EDIT (Encuentro de Divulgadores Independientes de Teatro). Vive en Parque Chacabuco, CABA.






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