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Destino Temperley o las tensiones entre ser y parecer

La obra de Carolina Solari reactualiza -una vez más- el drama moderno hacia una zona del Conurbano Sur. Buenas actuaciones potencian la propuesta dramatúrgica.

 

Muy cerca de la Estación de Temperley se distribuyen unas cuantas casonas de arquitectura inglesa. Le aportan una impronta patricia a esta zona del Conurbano Sur, a la que el empedrado (defendido por miles de vecinos que ven en él, con razón, una marca identitaria) le imprime un aire anacrónico. Quienes viven o transitan el “Barrio Inglés” de Temperley saben, también, que no hace falta caminar demasiado para que ese perfil cambie e incluso, algunos kilómetros más en todas direcciones, mute hacia un look diametralmente opuesto. En esa frontera se dirime Destino Temperley, obra que se repuso en Ítaca Complejo Teatral los viernes a las 22.30hs.

El centro de su drama reposa en Alejandra Bruno, suerte de Sarah Benhardt local y en franca decadencia, una Blanche Du Bois criolla que rememora sus días como actriz celebrada, pero, en el medio, debe hacerles frente a tremendas deudas. Deudas, en buena medida, creadas por su ludopatía. El comienzo de la obra -audiovisual mediante- la ubica en los márgenes del Barrio, en una situación de precariedad total. Y la obra se encarga de desentrañar los hilos de un drama que es de dinero, pero también de mandatos y deseos insatisfechos, como ocurre en todo drama social (género que, desde Una casa de muñecas, de Ibsen, interpela a las plateas del mundo).

El desarrollo de la pieza no sólo reposa sobre la decadencia de Alejandra, sino también -y fundamentalmente- sobre un entorno familiar que poco ayuda en la tarea (nada sencilla, por cierto) de enderezar su derrotero. Escena tras escena, el espectador irá desentrañando una disputa por bienes que, a la vez, pone en relieve la degradación moral de cada uno de los personajes.

Con un elenco homogéneo que cumple en delinear de forma precisa su tipología, Destino Temperley sigue de cerca un descenso a los infiernos que funciona también como reflejo especular de una sociedad en la que los límites morales están por igual corroídos. La comicidad sirve para dosificar la dosis de maldad, a la que Solari cuida bien de no entregar de forma directa y unilateral, como para que los personajes puedan parecernos más o menos empáticos, pero nunca tan lejanos a nosotros mismos.

 

 

Ficha artístico-técnica:

Autoría: Carolina Solari

Actúan: Paula Berré, Stella Brandolín, Rolo Sosiuk, Erica Spósito y Gabriel Yamil

Actuación en video y voz en off: Emiliano Hansen Krogh

Diseño de luces: Daniel Fernández

Diseño Audiovisual: Forzafilms

Realización de escenografía: Fernando Arsenian

Redes Sociales: Sandro Vilcherrez

Música original: Candelaria Quiñones

Efectos sonoros: Charley Rappaport

Fotografía: Cristian Holzmann

Diseño gráfico: María Forni

Asesoramiento artístico: Javier Naudeau

Asistencia de dirección: Cecilia

Recondo y Guillermina Rivas Díaz

Producción: Luciana Lamota

Coreografía: Daniel Fernandez

Dirección general: Carolina Solari


Ezequiel Obregón es Profesor en Letras por la UBA y periodista cultural. Es estudiante de la Carrera de Artes Audiovisuales, con orientación en Realización (UNLP). Asimismo, integra el Área en Investigación de Ciencias del Arte del Centro Cultural de la Cooperación. Es votante de los Golden Globes y del Premio Teatro del Mundo (UBA) e integra la Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina. Vive en San José, Temperley, provincia de Buenos Aires.

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