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Bienales de Arte. Entre la política, el mercado y la visualización de la diferencias

La Historia de las Bienales muestra que, desde su creación, siempre estuvieron asociadas al desarrollo económico, cultural, tecnológico y social de las Naciones.

Con la entrada a la Modernidad (siglo XIX) y la conformación de los Estados occidentales la producción artística fue un recurso ideal para mostrar y asentar los valores de cada Nación.

La idea de la Bienal fue tomada de las Exposiciones Universales que, entre 1851 y 1933, se organizaban en Europa para mostrar al mundo los avances científicos e industriales alcanzados por cada país. Progreso, soberanía y autonomía eran conceptos que traía la Modernidad.

Con respecto al campo del Arte, la primera Bienal de Venecia se realizó en 1895. Un grupo de artistas extranjeras/os fue invitado a presentar obras que serían seleccionadas por un jurado italiano. Es en 1907 cuando se realizan las primeras invitaciones a países como Bélgica, Alemania, Francia y Rusia con el objetivo de mostrar un mundo más integrado y global.

Las trayectorias de las Bienales fueron interrumpidas solamente en tres ocasiones: las dos guerras mundiales y la reciente pandemia del Covid-19.

En el mundo hay más de trescientas Bienales. La globalización, las guerras, las crisis humanitarias, las catástrofes climáticas, las nuevas tecnologías, el aumento de la desigualdad y la pobreza y el avance de la Inteligencia Artificial (IA) son tomados por las comunidades artísticas y volcados como experiencias estéticas. Las obras que reflejan los puntos más frágiles y sensibles de la sociedad arrojan (invitan) al público visitante a un campo de preocupaciones compartidas.

Se observa, en las últimas Bienales, el interés por parte de las/os organizadoras/es, artistas y colectivos de llevar luz sobre lo que durante siglos estuvo oculto, vedado, censurado, negado en nombre del progreso y la civilización. Los títulos de estas muestras que se realizan cada dos años intentan ampliar las miradas, fomentar el pensamiento crítico, borrar fronteras y correr los límites.

¿Mercado? ¿Oportunismo? ¿Reparación Histórica? ¿Dónde pararse? Lo cierto es que las fragmentaciones discursivas, las contradicciones ideológicas y la polaridad con los grandes relatos salen a la superficie dando sentido y actualizando la necesidad de su continuidad. En este marco, ¿hay espacio para el gusto y para el disfrute de las producciones artísticas?

A modo de referencia. La última Bienal de Whitney 2024, (Museo de W. de Arte Estadounidense de Nueva York) se llevó a cabo bajo el título Even better than the Real Thing (Aún mejor que lo real), aludiendo a la IA. El cuestionamiento a la IA y a las nuevas tecnologías no se quedaron en el presente, sino, que fueron desde el origen de muchos pueblos y razas hasta un futuro distópico muy cercano. Artistas jóvenes y menos conocidas/os fueron invitadas/os a participar. Toda una definición de principios.

La Bienal de Venecia 2024, se constituyó bajo la premisa “Todos somos extranjeros”. Título que no sólo alude a las/os inmigrantes, desplazadas/os, excluidas/os, sino, a nuestra propia condición de extranjeridad. El Arte de pueblos originarios, de las comunidades LGBTQ+, de artistas cuyas trayectorias comenzaron por fuera de la Academia y los llamados artistas emergentes fueron el centro de la convocatoria.

La Bienal de San Pablo (Brasil) 2023, en “Coreografías de lo Imposible” mostró las diferentes poéticas usadas para el abordaje de cuestiones urgentes como el racismo, la democracia y el deterioro ambiental. Según sus Curadoras/es, las prácticas artísticas presentadas van más allá de la tradición patriarcal y colonial. Una de las preguntas fundantes fue cómo las imposibilidades de la cotideaneidad se reflejan en la producción artística. Interesante es mencionar que los Pabellones no llevaban el nombre de los países intervinientes, como es usual en las Bienales y uno de los criterios fundantes en las primeras. Tampoco se usaron las banderas para vestir los mástiles y no se consideró el castellano como idioma de traducción para la explicación de las obras. Otra definición política.

La Bienal de Lagos (África), en su cuarta edición de 2024, tomó el concepto de “Refugio” como punto de partida para desplegar estrategias hacia la justicia ecológica en un momento de crisis histórica del modelo Estado-nación. “Traces of Ecstasy” mostró la construcción del mundo africano y de la diáspora sufrida a través de metodologías queer, tradiciones espirituales autóctonas y tecnologías digitales.

A partir de 2017, la Argentina también tiene su propia Bienal. BIENALSUR es un proyecto de la Universidad Pública de Tres de Febrero (Caseros, Provincia de Buenos Aires). La constituyen distintas sedes, museos, centros culturales, universidades y espacios no tradicionales de grandes ciudades y pequeñas localidades. Tiene entre sus objetivos contribuir a la creación de una ciudadanía cultural, promover el desarrollo del pensamiento crítico con autonomía respecto de los centros canónicos de prácticas alternativas dentro del mundo del arte en sus modos de producción, la exhibición, circulación y consumo (en palabras de Aníbal Jozami, director de la Bienal). La próxima será este año. Los ejes a trabajar son presentados según los intereses de las/os artistas postulantes ante un Jurado que analizará las propuestas y decidirá las temáticas a trabajar. 16 países, 80 sedes, 400 artistas participaron de la última BIENALSUR.

A modo de cierre provisorio, se observa una tendencia, por parte de las grandes convocatorias artísticas occidentales, a recurrir a la memoria de los pueblos, a la revalorización del pensamiento crítico, a la importancia de las investigaciones históricas, a las miradas diversas e inclusivas como formas de reparación histórica y de compromiso social. El avance de las nuevas derechas a nivel global con sus discursos de odio y exclusión traen aires que nos resultan familiares con un pasado reciente que no termina de cicatrizar. Desde esta óptica, las Bienales estarían en deuda con las grandes corporaciones que manejan el mercado del arte. Según Art Basel, el Mercado Mundial del Arte creció hasta los 67.800 millones de dólares en 2022, superando los niveles previos a la Pandemia.

Walter Benjamín, en La obra de arte en la época de su reproducción técnica (1936), insistía en la necesidad de pensar el arte en conexión con lo político. Autor que fue crítico del fascismo. Otros planteamientos, como los de Niklas Luhmann (sociólogo alemán, 1927-1998), postulan su autonomía con respecto a los demás ámbitos de la vida social, independizándolo de las posibilidades de incidencia y transformación de las relaciones sociales. Probablemente, estas dos posturas sigan teniendo vigencia entre las/os curadoras/es, críticas/os de arte y artistas en función de las demandas del mercado, lo que se espera de las Bienales y lo que la sociedad necesita del arte.

Y vuelvo sobre el disfrute.

¿Hay posibilidades para el placer y el disfrute en las reproducciones artísticas de las Bienales?

¿Hay posibilidades para el placer y el disfrute en el actual contexto?

Una pista….

Me gusta lo que se escucha por ahí: “nadie se salva solo”.


Silvia Dasso es docente, Lic. en Sociología (UBA), Master en Gestión de Instituciones Educativas, Universidad de San Andrés (Udesa). Fundadora y directora del Colegio Bilingüe Jardín-Primaria-Secundaria en CABA. Consultora y selectora de personal en el ámbito educativo. Escritora y artista plástica. Vive en Palermo, Comuna 14, CABA.

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