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Roly Serrano vuelve a escena con Suspendan la boda, en Carlos Paz

Luego de pasar nueve meses internado a raíz de un accidente automovilístico, Roly Serrano inició un largo periodo de recuperación. Este verano, en medio de ese proceso, se destaca en Suspendan la boda – La magia continúa, en Villa Carlos Paz. Con Fervor dialogó con el popular intérprete.
El año pasado, Roly Serrano volvió al teatro con Yepeto, el clásico de Tito Cossa, que contó con la dirección de Nicolás Cabré. Su primer trabajo, luego de un accidente del que aún se sigue recuperando. Este verano, su participación especial en Suspendan la boda lo encuentra en un rol significativo. Roly le da vida a un hechicero, cuya magia activa un dilema familiar para una comedia que tiene una excelente repercusión en el Teatro Candilejas, de Villa Carlos Paz. Sus compañeras/os de elenco son Nazarena Vélez (experimentada en esta plaza teatral), Santiago Caamaño, Bárbara Vélez y Nacho Castañares, ex integrante de Gran Hermano.
Con Fervor: ¿Cómo fue la experiencia de volver al teatro, primero con Yepeto y, ahora, con Suspendan la boda, luego del proceso de rehabilitación?
Roly Serrano: Uno de los mayores miedos que tuve después del accidente y de estar tanto tiempo internado era pensar que no me iba a ser posible volver a trabajar en algo que amo, algo que sueño hacer. Y tenía un miedo tremendo y una ansiedad para volver, hasta que apareció Yepeto, que me llevó mucho tiempo de ensayo y de trabajo, pero que fue bueno, porque significó el inicio. O sea, empecé a trabajar con mi cuerpo no en condiciones, pero sí con mi espíritu. Gracias a eso, después se sumó Suspendan la boda, que ya culmina en esta felicidad.
CF: ¿Qué te gusta de componer a este personaje, tan decisivo para el avance de la trama?
RS: Es mágico el reencuentro con el público a partir de la apertura del telón, es algo que sucede como una inauguración cotidiana, todos los días inaugurás algo. Me tocó, en este caso, este personaje que es muy gracioso, que es muy lindo, como tengo muchas veces la suerte de que me toquen personajes que, a lo mejor, no están mucho tiempo. En este caso, el hechicero es eso.
CF: ¿Cómo fue el proceso de ensayos, dirigido por Eva Halac y en compañía de tus compañeras/os?
RS: Bueno, como todo proceso de ensayo, obviamente, es algo que a los actores nos gusta mucho. Se trata de un proceso creativo constante de encontrar algo que está en un papel que se lo imaginó alguien y lo escribió. Yo nunca había trabajado con Eva, sí tenemos historias juntas/os como titiriteras/os de muchos años y había trabajado en obras del papá. Trabajar con ella fue mágico, fue muy lindo. Y el encuentro también con Naza, con Nacho… son actrices/actores, entonces es muy gracioso, porque más allá de que es una familia la que produce todo esto, le ponen una seriedad al trabajo, le ponen una calidad en la que vos te sentís muy cómodo, muy cómodo, para mí que soy teatrero.
CF: Hiciste teatro, me animo a decir, en todo el país. Yo miraba la obra y veía un público activo, diverso, de distintos puntos del país, porque estamos en vacaciones. A partir de tu experiencia, ¿cómo podrías describir a la audiencia de Suspendan la boda?
RS: Sí, tuve la suerte de recorrer el país entero, incluso, en lugares inauditos haciendo teatro, filmando, grabando, también, y siempre siento que ese encuentro tête-à-tête con la gente es algo tan real, tan hermoso. A veces, creo que antes los actores/actrices eran muy etéreos, o sea, eran intocables. Y hemos logrado que la gente sienta que somos parte de ellas/os, que somos familia. Imaginate si estoy en la tele mientras están almorzando. Es como si estuviéramos almorzando juntos. Y si me encuentro en la calle tienen como el derecho de sacarse una foto, de darme un abrazo y decirme gracias… Y eso lo vivo maravillosamente en todo el país y es experiencia pura, porque sentís que sos parte. En el caso de Suspendan la boda, que estamos haciendo en Carlos Paz, viene gente de todas partes del país, es increíble cómo se unifican acá, en el teatro, por una historia, ¿no? Es maravilloso, es maravilloso.
CF: Te vi desde en obras de autoras/es de comedia extranjeras/os hasta en una puesta de Daniel Veronese. Y siempre te consideré un actor popular ¿Vos te percibís así? ¿Sentís que hay una distancia entre el «actor serio» y el «popular»?
RS: Nunca trabajé para considerarme un actor popular. Es más, me hago esa pregunta, ¿qué significa ser un actor popular? Que la gente te conoce, que la gente te reconoce, sabe tu nombre, te lo grita en la calle o te acepta en lo que hacés. Yo tuve el enorme honor de hacer teatro, como decís vos, con Veronese, y hacer teatro con otras/os directoras/es, comedias que veníamos a hacer a Mar del Plato, a Carlos Paz y después obras de texto que podía hacerlas en El Cervantes, en el Teatro San Martín o en el mismo teatro comercial también, obras de texto. Yo creo que no hay una diferencia entre una obra y otra, hay obras. Hay obras de texto que uno puede llegar a considerar: “oh, es una obra seria y son un bofe”. Y hay otras obras de las que uno puede decir que son comedias maravillosas. Yo distingo un buen hecho creativo. Para mí, no me diferencia que sea serio, auto-considerado serio o auto-considerado popular. Para mí, todo lo que está bien hecho es teatro maravilloso.
Ezequiel Obregón es docente en el área de Lengua y literatura y periodista cultural. Es estudiante de la Carrera de Artes Audiovisuales, con orientación en Realización (UNLP). Integra el Área en Investigación de Ciencias del Artes del Centro Cultural de la Cooperación. Vive en San José, Temperley, provincia de Buenos Aires.






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