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Art Brut, otra forma de hacer arte

“Todos tenemos un potencial creativo que las normas sociales anulan”, decía el pintor y coleccionista francés Dubuffet (1901-1985) en 1945. Se inspiraba en los trabajos de niños/as, personas mayores, hombres y mujeres con trastornos mentales, gente privada de libertad y también en creaciones de arte popular y de contextos marginales o aislados buscando encontrar expresiones más instintivas y personales.
En 1947, con André Bretón y otros artistas fundaron el Foyer of Art Brut en París. Tuvieron como propósitos destacar las obras creadas fuera de las normas del ámbito académico y de la cultura oficial sin propósitos comerciales. Creatividad espontánea y libre de las influencias del contexto eran el foco de la mirada. Emoción cruda, expresión artística desinhibida y sin formación para que el público en general supiera de estos/as artistas. Este movimiento (¿?) surgió en la Postguerra, donde el Arte se consideraba elitista y hasta desconectado de la experiencia humana.
Los/as artistas de Art Brut solían ser autodidactas; se caracterizaban por priorizar la espontaneidad, no se movilizaban en círculos profesionales o artísticos, sus obras manifestaban una cierta oscuridad, predominando la ruptura y el rechazo por los estereotipos, evitaban usar convencionalismos como la perspectiva o lo “bonito” (como lo contrario a todo lo vital y estimulante) y usaron soportes como cartón, metales o madera. Se inspiraban en su propia interioridad; exploraban temas personales, psíquicos o imaginarios. No buscaban mostrar ni obtener reconocimiento comercial. Era un arte ecléctico, cuyas obras eran “no encasillables”. Como por ejemplo las de un cartero, Raphael Lonné, cuyos dibujos automáticos le fueron dictados durante sesiones espirituales, o los garabatos de Palanc, quien aplicaba a sus obras los adornos de azúcar que hacía en su oficio como pastelero. Estas obras, junto con muchas otras se publicaron en Cuadernos de Art Brut (1964).
En 1976, Dubuffet donó su colección a la ciudad suiza de Lausana, donde existe el Museo de Art Brut con la mayor cantidad de obras concentradas en dicho lugar. Este tipo de arte fue evolucionando para aparecer en escenarios, vestuarios teatrales, esculturas e, incluso, construcciones arquitectónicas y urbanísticas. Influyó a artistas surrealistas obsesionados por lo irracional, los sueños y el subconsciente. “Me encanta la locura, estoy obsesionado por la locura, decía Dubuffet en 1949. André Bretón, Max Ernst y Michel Tapie fueron algunos de los que mostraron la presencia del Arte Crudo en sus producciones.
A 79 años del Proyecto de Dubuffet, en la Argentina la Fundación CIPAC (Centro Internacional de Pensamiento y Arte Contemporáneo) y el Centro Cultural Borda organizaron en Barracas (del 26 al 29 de marzo del corriente año) un evento cultural con alcance internacional sobre Art Brut, también conocido como Arte Outsider, Crudo, Marginal. Las jornadas buscaron destacar la diversidad de lenguajes, miradas y experiencias que enriquezcan el actual campo artístico. Participaron artistas por fuera de los ámbitos académicos clásicos mostrando producciones profundamente personales. Estuvieron presentes instituciones como la Fundación Noemí Frida Kraut (acompañando a personas con esclerosis múltiple), Identidad Marrón, Fundación IWO, CAT (Casco Histórico de Tigre), Galería León Ferrari, Colectivo Tengo una Idea, Mono Rojo, Colectivo Periferia, Grupo 4, Galería Labs, Galería Pasaje 865, entre otras/otros.
La dra. en Arte Paula Plaza Moreno, en su libro Introducción al Art Brut, sostiene que “Defender la libertad de estos artistas significa custodiar un patrimonio humano y creativo que revela cómo la marginalidad y el dolor pueden convertirse en fuerza estética, ya que el valor de sus obras radica en la pureza de su expresión”.
Estas obras pueden ser leídas como resistencia, como refugio psíquico y como medio de sublimar el sufrimiento en formas simbólicas que interpelan el arte actual.
Creo entender mis motivos para escribir esta nota (luego de haberla escrito): celebrar otra forma de ver arte, cuestionar y correr los límites de la “normalidad”, ampliar la manera de entender la creatividad y poner el foco en el/la artista.
¿La educación formal, el concurrir a talleres o ser autodidactas garantizan resultados? ¿Se aprende a desear un deseo? ¿Cómo se canaliza el dolor, el mensaje en esta irremediable existencia?
A manera de cierre provisorio, tomo el subtítulo del libro de Plaza Moreno, porque me parece muy pertinente como faro orientador:
- ¿ Quiénes serían artistas?
- “Los que saben volar dentro de sí”.
Silvia Dasso es Socióloga, Artista Visual, escritora y docente. Escribe sobre Periodismo cultural y actualidad con foco en Teatro, Cine, Arte y Bienales. @smdasso. Vive en Palermo, Comuna 14, CABA.









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