Cultura y espectáculosDestacadas

Los quince libros recomendados de abril más tres libros con descarga gratuita

APARICIO, Carlos Hugo. Sombra del fondo y otros cuentos, La Plata, Mil Botellas, 2013.

Los personajes de Aparicio deambulan con un resto de ilusión, entre deseos efímeros y preocupaciones inmediatas. Lustrabotas, albañiles, vendedores ambulantes, personajes que buscan renovar la suerte; profesiones y familias habitando la ciudad de Salta.

El autor elige narrar desde el detalle ínfimo, con una precisión minuciosa y necesaria: un viaje en tren a la frontera de Salta, el premio de un auto último modelo para el que ni siquiera tienen nafta, los destrozos de la crecida del río, o cómo se preparan las milanesas.

Detalles narrados con recursos que eluden el costumbrismo, imitando con destreza el fraseo y la tonada del habla en el noroeste, con una prosa que desconcierta y a la vez conmueve.

Carlos Hugo Aparicio es un narrador a la altura  de los mejores escritores argentinos, de esos escritores que irrumpieron para dar voz a los personajes de provincia.

BATHATA, Thomas / PICASSO, Fabio. Warmi Kuntur: La dama de los cóndores, ilustrado por Imogen, Liria y Noctiluca, Universitas, Córdoba, 2025. 

Warmi Kuntur. La Dama de los Cóndores es una novela histórica y simbólica ambientada en las Sierras Grandes del actual territorio cordobés, que recrea, desde una mirada literaria y cultural, el universo espiritual de los pueblos comechingones en el momento previo y posterior a la irrupción europea.
La obra narra la historia de Nuna Atchkiy, una niña marcada por visiones y presagios, cuya sensibilidad la conecta con los cóndores —aves sagradas y mensajeras entre el mundo de los vivos y los ancestros— y con el pulso profundo de la montaña. A través de su crecimiento, el relato construye una cosmovisión donde la tierra, el agua, el viento y las alturas forman parte de un orden sagrado que guía la vida comunitaria.
La narración avanza hacia uno de los episodios más trágicos de la memoria regional: la matanza de Villa Larca. En ese contexto de violencia y ruptura cultural, la figura de Warmi Kuntur emerge como símbolo de resistencia, dignidad y continuidad espiritual. 


BRUNET, Constanza / DEBRET, Viana. (Comps.). Dijimos Nunca Mas, Prólogo de Taty Almeida y Adolfo Pérez Esquivel,  Buenos Aires, Marea, 2026. 

Un manifiesto colectivo a 50 años del golpe

Autoras/es: Santiago Adano – María Teresa Andruetto – Analía Argento – Patricio Barton – Florencia Battiti – Mabel Bellucci – Ángel Berlanga – Guillermo Blanco – Fernando Borroni – Myriam Bregman – Marcelo Brodsky – Hernán Brienza  – Constanza Brunet – Marcela Bublik– Oche Califa – Juan Carrá – Jorge Caterbetti – Marcos Cittadini – Julia Coria – Pablo Corso – Ian Debiase – Debret Viana – Elsa Drucaroff – Verónica Estay Stange – Edgardo Esteban – Daniel Feierstein – Mempo Giardinelli – Jorge Giles – Dante Ginevra – Ariel Goldstein – Rodolfo Gómez – Ulises Gorini – Fabián Grillo – Eduardo Grüner – Sebastián Hacher – Mónica Hasenberg – Liliana Heker – Roberto Herrscher – Alejandro Horowicz – Federico Jeanmaire – Sergio Langer –Nicolás Lantos – Guillermo Levy – María Eugenia Ludueña – Alejandra Lunik – Lv Rod – Sergio Maldonado – Evangelina Margiolakis – Claude Mary – Gabriela Massuh – Matías Máximo – Inés Menéndez Hopenhayn – Adriana Meyer – Emilce Moler – Gabriela Naso – Victoria Torres – Panchopepe – Pedro Peretti – Mariana Pinto Lucero – Ricardo Ragendorfer – Santiago Rey – Marcos Rosenzvaig – Catalina de Sanctis – Daniel Santoro – Kaloian Santos –Juan Sasturain – Luis Scafati – Carlos Skliar – Juan Soto – Gustavo Sylvestre – Alejandro Tarruella – Carlos Ulanovsky –Luisa Valenzuela – Mariana Zaffaroni Islas – Eduardo Zanini

CANTERO BURRONI, Verónica. El ladrón de sombras, Ilustraciones de Juan Chavetta, Buenos Aires, Quipu, 2016.

“Notó algo, como un trapo oscuro que colgaba de su mochila. Parecía una mano con dedos. Estaba mitad dentro y mitad fuera del bolsillo. No podía ser un guante, pensó. Con el calor nadie usa guantes. El trapo o la mancha, o lo que fuera, se movía como si la sacudiera un leve soplo de viento. Pero todavía estaban dentro de la escuela y no había viento…» 

Verónica Cantero Burroni, la autora, demuestra en esta historia una gran facilidad para llegar al corazón de sus pares, los adolescentes, a través del humor, el suspenso y el uso de formas actuales de comunicación como Skype, Facebook y WhatsApp permitiendo una lectura ágil y entretenida.

CARTOLANO, Carlos Enrique [et al]. Alejanías, Buenos Aires, El Mono Armado, 2019. 

Autoras/es: Carlos Enrique Cartolano / María Marta Donnet / Maria Julia Druille /   Sergio A. Giuliodibari  / Anamaría Mayol / Cecilia Moncalvo  / Mariel Monente /  Cecilia Ortiz / Mariano Parente / Alicia Beatriz Pastore  / Estela Porta / Ernesto Rojas / Edda Sartori / Norma Starke. 

Compilado por Fernando Ramiro Silber y Mariel Monente.

«Se le oye la voz a Alejandra cuando delata, tanta inequidad y tanto martirio: a Cicerón le cortaron la lengua, a Copérnico le arrancaron los ojos, entonces, es Alejandra la que recupera para la poesía el obstinado destello de la luz. Es ella misma la que recuerda que tal vez no alcance la balsa de la poesía para rescatarnos del naufragio, pero que tampoco nadie puede olvidar su poder de contención y resistencia sobre la adversidad, la zozobra y la desesperación.  

No hay discurso ni retórica que cite de modo superior, la palabra vacía, la palabra huérfana.

Cuando Alejandra da sentido a lo efímero, en todo momento toca la poesía, lo convierte en existencial”.

Diálogo

Ivonne Bordelois y Marcos Silber

 

Dice que no sabe

 

I

Como tantos

otros pibes

yo me enamoré

de mi maestra.

Mi maestra era

la más fea

de la escuela,

pero tenía una voz

profunda

y dulce

como una sombra.

Yo cerraba los ojos

y la escuchaba

recitar a los poetas más extraños,

narrar las historias

de la historia

y ubicarnos

en un mapa de noches

sin

geografía.

Y ella

percibía mis ojos

cerrados,

mi enamoramiento,

mi pasión infantil,

y me decía:

¿Qué pasa, Giuliodibari?,

no te duermas.

Y me obligaba

a abrir los ojos,

a leer

con mi propia voz,

ni profunda

ni dulce,

a enfrentarme

a las imperfecciones

del amor.

Así aprendí

a leer los libros sin mirar

la foto de solapa,

a hacer el amor a oscuras,

a cerrar los ojos

cuando escucho

poesía,

igual

que los cerraba 

cuando estaba enamorado

de la maestra más fea

de la escuela.

 

II

Así aprendí que la noche

es un sitio sin rumbo,

es un invento único, infinito,

es mis ojos

cerrados.

Así aprendí

la forma

de la noche.

Porque todo el mundo cree

saber

cuál es la forma

de la noche.

Pero no lo saben.

Ella me enseñó

a cerrar

los ojos.

Ella también decía

que no,

que no sabía.

Pero sabía.

Ella me enseñó

la forma

de la noche.

 

Sergio Giuliodibari

Fragmento del poema Dice que no sabe

 

 

Charlas con mamá

 

“Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo. 

Palabra por palabra yo escribo la noche”.

Alejandra Pizarnik

 

Estás en la luz de la tarde

con tu voz de transitar los lugares

y atravesar las horas calmas

venís con los grillos al atardecer

a sentarte a mirar cómo entra

la noche en el bosque

etérea de luna que duele

hay rastros tuyos en la casa

telarañas de plata

montan una escena

un pasado de hilachas enhebradas

que buscan señales

en el nido del tiempo

ese raspar los trazos

y mirar los racimos

tejemos juntas una trama

de familia perdida

un álbum de muertos

que revivir

se me ha cerrado la garganta

madre

y cuesta liberar las palabras

te sentás a conversar

en la silla vacía

una voz en sordina me susurra

a la hora en que empieza a escucharse

el chistido del búho

entre los árboles.

 

María Julia Druille

 

DALTER, Eduardo. La realidad me escribe, Vicente López, La Carta de Oliver, 2026. 

 

Aires de la casa

 

Las historias de Arlt, hasta las más osadas,

fueron anidando en esta habitación y en la contigua,

que da al patio y ostenta una ventana despintada,

que ya no cierra bien. Todas, hasta algunos

aguafuertes, que buscan la mandíbula o el costado

flojo. Una habitación quizá como cualquier otra,

pero dispuesta a escuchar a Kafka y Dostoievski

y a los ecos dolidos de Ungaretti que se filtraron.

Una habitación que hizo su destino en medio

de esta casa, con sus puertas, su alta claraboya,

sus secretos, y sus canteros para que crezcan

las matas y flores de los aires nuevos bajo el sol.

 

Eduardo Dalter

 

HIGUCHI, Ichiyo [et al]. Cuentistas japonesas, compilación y traducción de Monserrat Loyde, Buenos Aires, Factotum, 2025. 

Autoras: Ichiyō Higuchi / Toshiko Tamura / Fumiko Hayashi /Sakae Tsuboi / Taiko Hirabayashi / Yumiko Kurahashi

“Estos seis cuentos abarcan casi un siglo; el primero se publicó en 1895, y el último, en 1985. Las seis escritoras vivieron sucesos históricos que su literatura de alguna manera revela: tres de ellas nacieron a fines del siglo XIX cuando Japón había dejado su política de aislamiento de poco más de doscientos años, y crecieron bajo una incipiente y novedosa influencia occidental; cinco vivieron la primera mitad del siglo xx con una ola de reformas sociales y políticas que le dieron a la sociedad japonesa, y a las mujeres en particular, una libertad antes no vista, pero también fueron testigos del giro hacia un régimen militar y ultranacionalista; cuatro sobrevivieron como adultas o niñas la cruel y devastadora Segunda Guerra Mundial; y solo tres vieron cómo renació su país de las cenizas que dejaron las dos bombas atómicas, la derrota y el consecuente sentimiento de abatimiento nacional.”

Fragmento del Prólogo, por Monserrat Loyde

“En estas seis historias que atraviesan noventa años de literatura, los lectores encontrarán distintas ficciones que dan voz a personajes creados por seis escritoras muy diferentes que pasaron por momentos decisivos en su vida personal y profesional para poder dedicarse al oficio de la escritura. Las oportunidades educativas fueron la palanca para que muchas de ellas alcanzaran la libertad de escribir en un mundo literario dominado por hombres, y los cambios políticos y sociales en su entorno definieron en muchos casos también su ingreso a ese mundo. Pero el talento de cada una rompió ese círculo en el que varias de ellas habrían sido destinadas a ser solo esposas o madres. El ejemplo más claro: la distancia es abismal no solo en el estilo, sino en los obstáculos para poder dedicarse al oficio de escritora, entre Ichiyō Higuchi y Yumiko Kurahashi. Tan abismal como son los noventa años que separan sus cuentos que aquí se publican.”

Fragmento del Prólogo, por Monserrat Loyde

MEY, Luis. Los pájaros de la tristeza, Buenos Aires, Factotum, 2025. 

Montados en una bicicleta destartalada, Jaime y Manuel salen cada día a buscar a su padre. No lo hacen por nostalgia o cariño, sino para que les devuelva aquello que les dijeron que era importante: el título de hombre de la casa.
En ese ida y vuelta –con Jaime al manubrio, a pesar de su única mano, y Manuel detrás, empuñando su gomera con precisión letal– van encontrando una serie de pistas que les completan, poco a poco, la verdad de una vida que ningún niño debería comprender.
A través de la mirada descarnada de Manuel y su manera singular de ver un mundo gobernado por la violencia, el vicio a cada paso, la gracia sobre lo indecible, seremos testigos de una historia marcada por la crueldad de un contrato social endeble.
Con prosa sórdida y poderosa, Luis Mey presenta un relato brutal sobre la inocencia perdida, los lazos que nos lastiman y la resiliencia de dos almas jóvenes enfrentadas prematuramente a un infierno que los adultos ya han aceptado como inevitable.

NÉSPOLO, Jimena. Cuando florezcan los agapantos, Pilar, Batata Libros, 2025. 

¿Es posible amar un cuerpo escrito? Manuel solo ha conocido a Leonarda a través de su letra manuscrita y, sin embargo, cree que jamás ha llegado a tener a alguien tan cerca. Tres cuadernos, tres cortes operados en el tiempo, sobre el que discurre la vida de una inmigrante polaca en un pueblo de provincia. En tiempos de posverdad y aplanamiento digital del mundo, un historiador español intenta comprender qué de esos cuadernos lo subyuga, mientras busca pistas para comprender el Peronismo, la Teología de la Liberación o incluso su propio drama. Los manuscritos circulan, como si su destino fuera abrazar la condición migrante o la memoria de la arpillera: vibración del movimiento que obdura en novela. Jimena Néspolo entreteje personajes, voces, documentos y relatos hasta ofrecer, en Cuando florezcan los agapantos, una ontología del archivo que se vuelve prueba palmaria de que un nuevo género literario acaba de nacer.   

SANZ, Arturo. Avernalia: Sucesos inexplicables en la Antigüedad, Madrid, Akal, 2025.

Apariciones, espectros, fantasmas, licántropos o renacidos, encuentros con espíritus capaces de cambiar su apariencia, casas encantadas, bilocaciones, posesiones y exorcismos, prodigios, sucesos y criaturas extrañas, monstruos, avistamientos insólitos, festivales dedicados a los muertos… Tendemos a pensar que las narraciones y las experiencias relacionadas con el Más Allá, el Hades o el Averno son relativamente modernas. Nada más lejos de la realidad. La gran mayoría de nuestros relatos tienen su origen en el mundo antiguo y en las fuentes clásicas. Heródoto, Polibio o Varrón, junto con otros muchos grandes pensadores, no dudaron en mencionar sucesos que eran incapaces de explicar racionalmente, algunos de ellos relacionados con importantes personajes como Julio César, Pompeyo, Bruto o el propio Sócrates. Su fama se extendió hasta el punto de crear una nueva corriente literaria, la paradoxografía.

Esta obra es un singular viaje al Más Allá de la Antigüedad, de la mano de sus propios narradores y de las gentes de Grecia, Roma y Mesopotamia ¿Nos acompañas?

SOTTINI, Hernán. Llamafuegos, Buenos Aires, Paradiso, 2025. 

Llamafuegos se presenta como una continuidad de Los siete locos-Los lanzallamas, las dos novelas de Roberto Arlt que están en la cumbre de la literatura argentina. Parece un plan tan original y descabellado como los que inflamaban al inventor de la rosa de cobre y sus cómplices azarosos.

En algún lugar perdido del sur, probablemente en los años setenta, Erdosain, el Astrólogo, la Coja y sus hijos se mezclan con nazis en fuga, un bolichero serbio, indios, camioneros, Wagner y el punk. Mascullan soliloquios en los que desmenuzan el siglo y se revuelcan en sus fluidos, entre análisis sociales, históricos, teorías de todo tipo, gore, porno e imágenes spinetteanas, mientras preparan ya no la revolución, sino la destrucción final.

¿Es un atrevimiento imperdonable? ¿Una falta de respeto o un gesto de amor total? ¿Los grandes textos se respetan o se espetan? Hernán Sottini, como este nuevo Erdosain, ahora leñador, clava el hacha a lo loco en aquellas obras maestras.

Cien años después escuchamos los hachazos sobre los árboles en el bosque, golpe tras golpe, hasta que se hacen unos segundos de silencio y el tronco empieza a cortar el aire antes del estallido. En Llamafuegos cada frase se asoma al precipicio y se sacude como el camión en el camino de montaña, con una prosa virtuosa y tan bastarda como la del modelo.

Mariano Fiszman

SYLVESTER, Santiago. La cantera (notas del tiempo), Buenos Aires, Barnacle, 2026. 

Santiago Sylvester en La cantera (Notas del tiempo) comparte, postula más bien, su experiencia como lector. La que ha merecido registro mecánico manual: los consabidos cuadernos que todo ciudadano literato completa en la sombra de un rincón. El libro incluye las profusas anotaciones que el autor borrajeó durante años; escribir (recordar) es vivir dos veces. Desde ese lugar con innúmeros pliegues que suele nominarse Literatura, el desocupado lector hallará frases, pensamientos, respuestas agudas, coplas graciosas y agras, escritores, artistas (sus devaneos y argucias), librepensadores, nacionalistas del Imperio Romano, exiliados y poetas, en suma, el talento, el ingenio y la creatividad de un hombre mezclada y recobrada en los símbolos que registran estas páginas, que siempre importarán más que la verdad. 

Un afamado escritor britano (citado en varias oportunidades a lo largo del texto) en un afamado cuento menciona un objeto que se manifiesta otra vez luego de extraviado: el olvido vuelve a reproducirlo bajo su forma material en la tierra. Este libro logra esa magia sin obviar que toda palabra es la mejor equivocación de una palabra; o dicho en una línea certera: “El sitio del conocimiento es el sitio del problema (y al revés)”.

Alberto Cisnero

TAKESHITA, Fumiko. El gato que buscaba un nombre, ilustraciones de Naoko Machida, Buenos Aires, Akal, 2022. 

Libro favorito de los libreros para niños en Japón durante 2019. Premio MOE para el mejor álbum ilustrado en Japón, 2019.

Una entrañable historia sobre la importancia de tener lugar en el otro, ser reconocido y amado. Un gato callejero se da cuenta de que todos los demás gatos tienen un nombre, salvo él: el gato del zapatero, el que vive en la librería… ¡El de la cafetería incluso tiene dos nombres! Un día, cuando menos se lo espera, encuentra aquello que en realidad buscaba sin saberlo.

¿Te ha pasado que a veces buscas algo y encuentras otra cosa? Esta es una de esas historias. Si acompañas a este gato, sabrás adónde lo lleva su deseo.

ZANLUNGO, Estela. Todas queríamos ser Laura, Lanús, Ediciones del Cronopio Azul, 2025.

Y Zanlungo lo hizo de nuevo. Hace muchos años que la leo. Y nunca a un libro suyo le faltará ferocidad, amor, humor, inteligencia, música, comprensión del mundo, sorpresa frente a la vida, delicada nostalgia y temeraria carrera hacia el futuro, por no mencionar la manera en que suele clavarse en el presente y mostrárnoslo de un modo descarnado y rebelde. Porque insumisión, insumisión es el hueso principal de este cuerpo de letras, de esta obra soberbia que tiene entre manos. De una u otra manera, la poesía de Zanlungo nos dice que las cosas fueron como fueron, son como son, serán como serán, pero no. No porque allí donde a la fuerza alguien haya querido o quiera enderezar lo torcido, allí estará su poesía para torcerlo de nuevo.

La maestría de Zanlungo para mostrarnos el pasado es cosa seria. Porque ya sabemos, la poesía no explica, muestra. Y cuando alguien nos muestra las escenas del pasado con tal sutileza, con tal sensibilidad, con tal inteligencia, entendemos todo lo que hace falta entender. Y lo que no, se lo dejamos al misterio.

Claudia Masin

 

 

1.

 

Las Lilianas llevaban el pelo lacio a la cintura

y las medias tres cuartos caídas

sobre el huesito del tobillo.

Caprichosas, las Mónicas

y dios mío, ¡qué lenguas!

Casi todas las Gladys se llamaban Noemí

pero algunas, Mabel.

La mitad de los chicos 

era Daniel después del primer nombre.

Las Gracielitas tenían caras de muñeca pielros.

A las Alicias, las madres les hacían vestidos

que cortaban del Burda

y las peinaban alto con moño y media cola.

Las Celias eran viejas a los nueve

las Sandras, pícaras.

Las Normas a los doce fumaban en el baño

las Mirtas parecían de veinte a los catorce.

Las Noras, sobre todo,

vivían tratando de domar como a leones

sus cabezas salvajes

y en la cola de los mandados del domingo

sobresalía el pañuelo de la toca.

Estelita,

el cantante inflaba de saliva el rulo de la ele,

y a mí me ardían las mejillas 

como si se me viera la bombacha.

 

Estela Zanlungo

 

ZECCHIN, Gigliola (Canela), Pasajeros de Babel, Buenos Aires, Barnacle, 2026. 

​Los pasajeros de Babel viajan en un mar de lenguas que fluye en el tiempo. Sus historias se expanden y transforman desde el origen: de Odiseo al regresar a Ítaca hasta las naves arribando a América, del Buda junto al caballo en Oriente a Van Gogh que pinta un sueño amarillo; se suceden filósofos e inmigrantes, monjes de leves sombras, poetas del quipu, artistas del dolor. Cuerpos vulnerados, juegos de sombras, huéspedes de la locura, hogueras, bosques, mutaciones, pájaros. Gigliola Zecchin abre en este libro ese mundo plural y lleva a su centro la palabra poética, que designa y redime, nombra y extraña. Señal en el tiempo y música imprevista, sus poemas develan un intimismo de la historia, el oculto misterio del destino, la hebra extraviada en la trama de los días. Y aquí y allá reverbera un yo: la que sueña, la que desea, la que ama, la que espera, la que recuerda, la que duela. Esa que se mira en el espejo de los otros como si fueran su propia cara múltiple, retornada, pasajera de Babel ella misma. Los versos de Gigliola Zecchin son precisos y delicados como un cristal, que también corta, vibra, resuena, curva las luces del ansia, concentra el agua del suceder: en su poesía “lo frágil hiere”.

Jorge Monteleone

 

 

Los niños

 

duermen

con hambre de miel

en la boca

las abejas se esconden en el panal

como joyas robadas

lloverá al amanecer

para la sed de cada hierba

alguien custodia

la pequeña belleza

el destello de un pájaro

inmóvil

en el cielo prometido

 

Gigliola Zecchin  (Canela)

 

 

 

Tres libros con descarga gratuita

 

CRESPO, Manuel. En el cielo un hombre, La Plata, Ediciones Bonaerenses, 2026.

En el cielo un hombre obtuvo el primer lugar en la tercera edición del Premio Hebe Uhart de Novela de Ediciones Bonaerenses, otorgado por un jurado integrado Osvaldo Baigorria, Carla Maliandi y Leonardo Oyola.

En estas páginas Manuel Crespo modula una historia única, ambientada en un tiempo y en un paisaje indeterminado que no deja de interpelarnos. En el panorama literario actual, la novela se destaca por su prosa elegante, por su abanico de personajes y situaciones extraordinarias y por un ritmo narrativo que desde el principio hasta el final, con una inventiva propia de los grandes maestros de la ciencia ficción social, mantiene en vilo al lector.

En palabras del jurado, esta novela “avanza y sube su apuesta, coquetea con la poesía, es sensorial y cinematográfica, es toda una revelación”.

https://edicionesbonaerenses.sg.gba.gob.ar/libro/en-el-cielo-un-hombre/

ELIZONDO, Ángel.  Testimonio H. : una pasión, una vida, un legado, compilado por Ignacio  González. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Inteatro, 2021.  

 

Prólogo(s)

“El maestro Ángel Elizondo e Ignacio González, joven investigador egresado de la Carrera de Artes de la UBA y becario doctoral del CONICET, nos entregan un libro indispensable, de lectura insoslayable, que permite calibrar la relevancia multiplicadora de Ángel Elizondo y aportan así una pieza clave al mapa de los estudios teatrales de la Argentina y Latinoamérica. Una pieza tan importante que reorganiza el todo. Un libro necesario que, sin duda, no dormirá en los anaqueles y pasará permanentemente de mano en mano. 

Maestro con todas las letras, en la dimensión más plena del término, Elizondo es el creador de espectáculos fundamentales en la historia de la escena argentina; el constructor de una poética única que sincretiza legados internacionales y raíces populares latinoamericanas; el docente de enorme productividad en la formación de los artistas que llevan adelante la renovación de postdictadura; el irradiador de subjetividad, pasión existencial por el acontecimiento teatral, gestor incansable; en términos de Michel Foucault (¿Qué es un autor?), un instaurador de discursividad en las artes del espectáculo de la Argentina.

La concepción teatral de Elizondo está entretejida en los fenómenos escénicos más diversos, presente en la creación de Alberto Sava, Omar Viola, Gabriel Chamé Buendía, Verónica Llinás, Pablo Bontá, Víctor Hernando, Olkar Ramírez, Chacovachi, Daniel Veronese, Nuria Schneller, Franco Rovetta, Lucas Maíz y muchísimos teatristas más. Quienes estamos en diálogo con los artistas argentinos siguiendo el pulso de la actividad escénica, hemos comprobado que el nombre de Elizondo aparece y vuelve a aparecer en sinfín de entrevistas”.  

Jorge Dubatti y Víctor Hernando

[Fragmento de “Prólogos(s)]

https://inteatro.ar/wp-content/uploads/2022/10/ELIZONDOwebINT-2-1.pdf

LUKASZEWICZ, Lidia [et. al.]. En clave desobediente. Textos de Integrantes de Asamblea Desobediente, Buenos Aires, 2026.

Autoras/es: Lydia Lukaszewicz / Laura Delgadillo / Adriana Briff / Maria Stella Capecce  / Lorna Milena / Liliana Furió /  Julie August  / Lydia Lukaszewicz / Patricio Bolino / Natalia Dopazo / Benjamin Hotchner-Blaser / Pedro Furió  / Natalia Dopazo  / Alexandra Senfft /

 

Una introducción

En su libro Sobre la desobediencia, Erich Fromm formula la siguiente advertencia: “La historia humana comenzó con un acto de desobediencia y no es improbable que termine con un acto de obediencia.”

El autor utiliza para esta enunciación, la fuente mítica hebrea según la cual Adán y Eva vivían en armonía con la naturaleza en el paraíso, hasta que un día desobedecen la orden del Creador y comen el fruto del árbol prohibido. De este modo el ser humano se hace cargo por primera vez de su condición de tal, dando el primer paso a su independencia y libertad. El mito puede interpretarse como el ingreso a la cultura y a la individuación y por eso mismo a sus consecuencias. Hablo de las vicisitudes de la vida; los condicionamientos del tiempo y el espacio, el dolor, el esfuerzo, el trabajo y la muerte. Esto es la humanidad. 

Como todo mito, repetido con escasas variantes en otros similares de distintas culturas; encierra un sentido oculto y arquetípico que permite comprender la conducta humana y el devenir de la historia. 

Los grandes cambios ocurridos en la historia de la cultura han tenido que ver con esta dialéctica entre el sometimiento y la libertad que muchas veces tiene condiciones verdaderamente trágicas. 

Y como esto ocurre en toda sociedad y la familia es el núcleo social por excelencia, no debe sorprender a nuestros lectores que seamos justamente los familiares de los genocidas quienes hayamos elegido alzar nuestra voz para hacernos escuchar. 

Somos y nos reconocemos, dentro y fuera de nuestras familias, como desobedientes. Necesitamos hacerlo por una cuestión de compromiso ética ante nosotros mismos y ante una sociedad que ha sido cruelmente herida y ofendida por nuestros familiares genocidas. Repudiamos su accionar por injusto, cruel e inhumano. Y sobre todo porque se creyeron poseedores de una verdad absoluta que debía ser impuesta a la fuerza a toda la sociedad. 

María Stella Capecce

[Fragmento de Una introducción]

https://www.desobedecer.org/en-clave-desobediente/


Patricia Díaz Bialet es poeta e investigadora. Vive en Balvanera, Comuna 3, CABA.

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