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Una poética de la extrañeza constante

A mí se me ocurrió que para hacer un comentario de los textos de Tete Romero del libro Impenetrables (Ediciones Con Texto, un volumen que reúne 18 cuentos) no alcanza con invertir las situaciones, o sea, pasar uno a ser el narrador, el propio autor del cuento. Pero, también, hay que pensar si no estamos  regresando sobre una realidad que se percibe y que todo ha ocurrido como lo pensaba el propio narrador y que, en este caso, soy yo mismo el que se ha perdido en el Impenetrable. Soy ahora el narrador y el que escribe me escucha como si regresara de un pozo clavado en medio de un monte en cuyo fondo hay una niña muerta. Porque yo también he perdido la memoria y he permanecido 10 años en el monte Impenetrable y, para la doctora Cecilia Ibáñez, soy un desaparecido que ya se había olvidado de su madre. Pero los que me buscan entrarán en estado de amnesia y serán ellos los que se quedarán atrapados en el Impenetrable. 

El comentario del libro Impenetrables, de Tete Romero, me genera esa extrañeza constante, la permanente superposición de planos y me obliga, de alguna forma, a realizar un comentario desde la extrañeza. Esta condición permite también superponer a mis diversos relatos que vayan sugiriendo las distintas propuestas que ofrecen cada cuento o, al menos, algunos de ellos. Por eso, creo que el juego crítico nos conduce al libro y a una lectura necesaria de estos cuentos mágicos, poéticos,  extraños, enigmáticos, donde cada lector/a debe terminar de resolverlo con su lectura.

¿Cómo narrar la extrañeza? ¿Cómo descubrirla en el corazón de lo cotidiano, cuya percepción profunda está obturada por el velo de la naturalización? Impenetrables, en su doble acepción, equivale a lo inaccesible geográfico y a lo inaprensible impenetrable de nuestra condición humana. Los puntos de vista de narradores sumidos en la extrañeza. Lo que sucede, por ejemplo, en el cuento Impenetrables, en el que la técnica de la hipnosis se transforma en estrategia narrativa. Allí una doctora cree conducir profesionalmente la deriva de un personaje que perdió la memoria, luego de extraviarse por 10 años en el monte Impenetrable, en el Chaco profundo. Y lo va sacando de ese estado de amnesia, de a poco. Pero, esa deriva la va perdiendo a ella, que se quedará atrapada en ese territorio.

Chúcara es un cuento barroco de personajes siniestros, torturados o violadores, en los enigmas de los que mandan o violentan el cuerpo de la niña y se incendian con la misma lámpara en que uno baja al sótano y después se muere quemado por el fuego que ilumina la muerte y los ojos negros de esa changuita que, también, ilumina como una explotada. Uno siente la erótica dolorosa y los arrojados al zanjón o sólo el arrojado que se multiplica. Por eso, en estos cuentos todo es extrañeza y uno siente la necesidad de pedirle al narrador un descanso breve en alguno de los barrios chinos que tiene Resistencia. El lector también pide al narrador que tenga cuidado con el cuento, porque la integración es total y el riesgo no sólo será literario, sino también real. Se trata de evitar la implicancia, la versión que termine haciendo que el/la lector/a se transforme en el propio autor de la historia. 

En el cuento Sara huyó al futuro el narrador propone contratar a Pavia, un detective digital. Se entiende que Sara es la esposa del narrador. Para informar sobre la huida de Sara, el primer encuentro será en la recova de Paseo Colón. Allí se enteró el narrador que Sara no lo extraña porque es chaqueña. La segunda cita fue en el viejo mercado de San Telmo. Y Pavia le aclaró al narrador que Sara ya no está en el Impenetrable. La tercera cita con Pavia fue en Barracas y el detective digital le pidió al narrador que le crea. Y Sara parecía haber encontrado el futuro en su viaje al pasado, que Sara tiene un compañero que vive en el presente y la ex mujer, o sea Sara, en el futuro. El narrador sabe que Sara volverá y ha organizado un final del cuento donde aclara que ahora comienza a esperarla. Quizás se trate de un cuento de ciencia ficción donde el narrador no tuvo cómo acceder a la propia ficción de la ciencia. Entonces, el extrañamiento pasa por contar lo que ocurre con los propios personajes de la ciencia ficción. Sara huyó al futuro, pero el narrador la espera, la espera en cualquier esquina y esto significará el final del cuento. 

El cuento Fantasma del desierto es de una gran hondura poética e histórica. El narrador muestra la cabeza del Cacique Cambá y el impacto de los ojos negros que irradiaba el jefe de los  indios. Pero, se trata también de una historia de militares de la familia del narrador. Pero, hay una conquista del desierto a cargo del gringo Hamilton Fotheringham, paradojalmente coronel del ejército argentino que gobernó el Chaco y el Territorio nacional de Formosa, pero que venía de la conquista del sur patagónico y ya estaba liquidando en el norte la indiada chúcara del Chaco. El narrador lucha contra las voces del desierto. El narrador está en medio de la guerra de exterminio y los nombres de los caciques que son los fantasmas del desierto. Por otra parte, el coronel Fontana tiene un brazo mutilado y su sangre derramada marcará los derroteros de la civilización y el progreso, porque el propio Julio Argentino Roca se preocupó para que lo supiéramos. El narrador está en medio de la guerra entre el ejército y los indios y recuerda su ancestro, el desierto, a su abuelo, al que se parece demasiado, un desertor del álbum familiar, el diario escrito en el desierto será protegido. 

Siempre las historias se superponen, no hay linealidad, es un ir y venir sobre las cosas, se trata de planos que tienen distintas alturas. La lectura permite descubrir  los desniveles de la ficción del Impenetrable que siempre golpea en el centro de la escena o allá en el horizonte, en la frontera.

Mentían cuenta el regreso del narrador a Resistencia para hacerse cargo de su padre, de su familia, del lugar donde se nace. Pero, su padre está internado en un geriátrico del cual se fue para ir al Impenetrable en un auto robado. La búsqueda está superpuesta entre quienes buscan al padre y su propio hijo, que descubre al padre yéndose de la tristeza y esos perfumes que se sentían en todos lados. Todos mentían en su familia y el padre toma al hijo con sus manos. El encuentro es el final, luego de narrar, como siempre, la superposición de planos, los enigmas, los personajes que no sabemos bien si están realmente en el cuento.

El cuento No somos sosiego quizás nos demuestre el sentido del enigma y la superposición, como en casi todos los cuentos, que ahora instala la noche y la lucha contra la peste que genera mordeduras y pasiones enfermizas entre los sobrevivientes de las mordeduras que se preparan para los nuevos ataques. 

Uno menos es la historia de un robo, del racismo y de la condición de los que persiguen al delincuente en un barrio privado. Al ladrón lo han tirado a la pileta de natación ya muerto. Se encargarán de retirarlo como un gran favor entre mafias y poderosos. Aquí se sigue manejando la condición enigmática, lo extraño, lo que se podría contar de otra forma, pero se cuenta así, en estado de suspenso permanente. Los vínculos entre los personajes pueden ser aleatorios. Pero el cuento comienza con una oración muy fuerte: “Ahora hay un chico muerto en la pileta del quincho”. Y si esto es así, si esto es ahora, uno se pregunta entonces: ¿Qué había antes?

Luminoso día de justicia en el cerrito vuelve a esa superposición de planos donde puede aparecer Rodolfo Walsh, la venganza de la curandera de la isla y el gran muñeco incendiado en la puerta de la iglesia con la sangre de su propio hijo. Una ceremonia impensada para un día de justicia, que fue abarrotada por un pueblo en asamblea que no podía creer lo que veía.

Y así son los cuentos de Tete Romero, mágicos, poéticos,  extraños, enigmáticos, fantásticos. No son narrados como alguna vez lo consideraron Edgar Allan Poe o bien Horacio Quiroga que había que escribir un cuento. Se acercan esas narrativas en su desarrollo más a lo considerado por Ricardo Piglia, que dice que todo cuento tiene dos historias: una visible en el primer plano, que opera como distracción, y otra historia oculta que avanza en paralelo, que sería la verdadera historia. Quizás, a lo que plantea Ricardo Piglia habría que agregar que Tete Romero cuenta, a veces, varios cuentos dentro de un cuento. Romero escribe con planos superpuestos que indican la ausencia de una continuidad lineal, como se puede contar la memoria de algún sueño de cualquier persona que no siempre es ordenado de principio a fin. Por eso, yo le aconsejé al narrador que dejase al lector que pudiese ser parte de la historia. Impulsar grandes disrupciones donde uno se hamaque como pueda, como en toda memoria popular que pretende apropiarse e ingresar siempre al Impenetrable y a su doble frontera, la de la propia ciudad y la del propio monte. Yo ya le requerí al autor que sea cuidadoso y que me permita viajar a Resistencia y al enigmático bosque Impenetrable, donde ocurren y salen todos los cuentos de este mundo.


Juano Villafañe es poeta, dramaturgo y gestor cultural. Vive en Balvanera, Comuna 3, CABA.

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