Con Fervor

Rodolfo Walsh: ¿cómo contar la verdad para hacer justicia?

“Si alguien quiere leer este libro como una simple novela policial, es cosa suya”

Rodolfo Walsh, ¿Quién mató a Rosendo?

Los textos de Rodolfo Walsh que pertenecerían al género denominado no ficción (Operación masacre, Caso Satanowsky y ¿Quién mató a Rosendo?) plantean el problema de la función social y política de la literatura -y su relación con la ideología- y el problema de la relación entre verdad y justicia. Es decir: ¿cómo contar, narrar la verdad para que se haga justicia? Recordemos que los tres casos que narró Walsh, en los textos de no ficción antes mencionados, son casos en que el Poder Judicial ocultó la verdad para no hacer justicia. Estos tres casos, narrados por Walsh, nos llevan a reflexionar sobre las fuerzas profundas y coercitivas que ejercen los poderes fácticos, sobre todo, los grandes grupos económicos multinacionales, pero, también, los poderosos empresarios nacionales, sobre el Poder Judicial y su verdadera función: hacer justicia. Esclarecer estas incógnitas sobre la relación entre la verdad y la justicia serviría para reflexionar sobre las relaciones existentes entre justicia y poder y poner en evidencia los casos en que el Poder Judicial, en lugar de hacer justicia, hace injusticia, como en los tres casos que denunció Walsh en sus tres textos de no ficción.  

Asimismo, los tres textos de no ficción de Walsh cuestionan el principio de que todo texto literario es ficción. O lo que sería lo mismo: si todo texto literario es ficción, entonces, todos los textos son ficciones, sean históricos, de física, legales, periodísticos, etc., ya que fueron creados por uno o más sujetos con ideologías, epistemologías, modos de ser, pensar y conocer determinados por una cultura y que podrían ser tenidos por falsos. Esto hace necesario repensar la relación entre forma y contenido, en tanto la forma es el modo en que el escritor, más allá de su disciplina, manipula el material verbal para crear su texto. Con lo cual, ese trabajo subjetivo de dar cierta forma, sea literaria, histórica, química, etc., a la materia verbal, ¿implicaría que el texto producido es una ficción? 

Si todo texto fue creado por uno o varios sujetos que poseen una ideología, una epistemología, un modo de ser, pensar y conocer, etc., y no podemos considerar a todo texto como una ficción, porque, serían ficciones todos los textos históricos, las leyes de física, los códigos legales vigentes, etc., por lo tanto, pueden existir textos literarios que sean tenidos por verdaderos, del mismo modo que los textos históricos, de astronomía, periodísticos, etc., son considerados verdaderos en una sociedad determinada, según las convenciones culturales que la sustentan. En consecuencia, para que un texto sea considerado verdadero, debe poder ser contrastado con la realidad, para que, a través de esto, obtengamos las pruebas necesarias según las convenciones y códigos establecidos como verdaderos en una determinada sociedad por el sistema legal pertinente en cada caso.

Siguiendo el razonamiento, podemos concluir que, mientras un escritor de textos literarios realistas busca la verosimilitud, el escritor de textos literarios de no ficción sólo se conforma con la verdad. Porque, el objetivo del primero es contar hechos que parezcan reales y el objetivo del segundo es contar hechos reales para hacer justicia a los seres humanos, castigando a los culpables y limpiando la historia de la sangre de los inocentes.

En la actualidad, nos encontramos, también, con casos judiciales de crímenes que se remontan a la última dictadura cívico, militar y eclesiástica en la Argentina (1976-1983), como el caso Papel Prensa y el caso Juan Pedro Blaquier, por ejemplo, donde el Poder Judicial no ha hecho justicia. “Lástima grande”¹ que no haya aparecido, aún, otro escritor de no ficción para reemplazar, en el papel de escribir un texto literario de verdad, es decir, que muestre la realidad manchada de sangre inocente, como nuestro querido y admirado escritor desaparecido Rodolfo Walsh.


¹ Argensola, Leonardo Bartolomé.