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Los amantes de La Boca

El carnaval tiene la culpa ¿De qué tiene la culpa el carnaval? Veamos. En el período anterior al miércoles de ceniza, la celebración del carnaval acontece. Hombres, mujeres, niñas y niños festejan con alegría, desparpajo y transgresión. Usan máscaras, disfraces, levitas y lentejuelas. Se transforman en otros y otras. En este ritual báquico, lo erótico se manifiesta en miradas, cuerpos danzantes y voces cantantes. La risa, la carcajada y el grito están permitidos. Lo catártico se hace presente. No hay censura, ni excusas. A través del arte, la provocación se corporiza. Se festeja lo atrevido, lo carnal, lo no dicho y el deseo.
Desde hace miles de años, las personas festejamos, míticamente, este evento dionisíaco.
La Ciudad de Buenos Aires no se queda afuera. Nuestros barrios porteños se ven plagados de escenarios, corsos, desfiles, comparsas, murgas, agrupaciones humorísticas, de afro-descendientes, de tamboriles, de candombe, etc. La cultura se materializa en cuerpos y voces desplegados en el espacio urbano. Las calles se inundan de ciudadanas y ciudadanos. Ora portan aerosoles con espuma de nieve, ora se persiguen, se atrapan, juegan. Los espectáculos carnavaleros se expresan en el repique caliente de bombos y platillos, cuerpos semidesnudos, danzas, relatos, canciones y música.


Una de las murgas de gran trayectoria, creada en el año 1992, es Los amantes de La Boca, en el barrio homónimo. Cuenta con más de 400 integrantes y sus colores son el azul y el oro. Cuando esta murga llega al corso, la calle tiembla y el corazón de los espectadores se estremece. La  murga de Los Amantes de La Boca avanza como topadora, con  un desfile coreografiado y milimétricamente coordinado. Adelante, el estandarte. Siguen los infantes mascotas. Después, la fantasía (disfrazados libres). Luego, las y los jóvenes. Cerrando el desfile, la máquina infernal: La percusión. Un grupo de artistas  suben al escenario. Se escucha la glosa de presentación, seguidamente,  entonan la crítica que, desde la poética musical, expresa una denuncia a la realidad social y política actual. Por último, se forma una gran ronda para demostrar el  despliegue de baile individual y grupal: La matanza.
Este año, la temática elegida para la crítica de la murga Los amantes de La Boca es la limpieza del Riachuelo. Nunca dejan de mencionar y agradecer al maestro Benito Quinquela Martín.

Recordemos que las murgas ensayan muchos meses para actuar en el carnaval y se autogestionan desde lo artístico, lo logístico y lo económico. Son artífices de la poesía, canciones, coreografías, vestuarios, puesta en escena, etc. Organizan sus traslados y actuaciones. Administran su dinero en gastos de vestuario, agua, meriendas y transporte. Realmente, hay que ser un apasionado o apasionada del carnaval para poder sostener, año tras año y con muy poco apoyo estatal, este hecho artístico y cultural propio de la urbe porteña. Destaquemos que la murga es una manifestación artística democrática, donde no hay límite de edad, de capacidad, ni género. La murga es un ejemplo vivo de inclusión y libertad.
La ciudad porteña se viste de gala con la aparición del carnaval. Y el carnaval tiene la culpa de que, por cuatro días locos, ¡seamos felices!

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