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Falleció el gran Carlos Alonso, un artista comprometido con la realidad de su tiempo

El pasado lunes 21 de septiembre, a los 97 años murió en su casa de Unquillo, provincia de Córdoba, el dibujante, pintor y grabador Carlos Alonso. Su vida se vio atravesada por el horror de la última dictadura cívico-militar, que lo censuró, lo obligó a exiliarse y le produjo la pérdida de Paloma -su hija-, secuestrada en 1977 y que se cuenta entre las/os 30 mil desaparecidas/os.

La obra y el ejemplo de su compromiso político en estas épocas miserables -como dijera otro gran artista, el poeta Hölderlin en su elegía Pan y vino-, donde nuestro país es saqueado y el pueblo nada en la pobreza debido a un modelo político-económico llevado adelante por el Gobierno actual, son una necesidad, un abrevadero, un ejemplo de militancia.

Fue un amante de la poesía, arte que lo inspiraba para crear, y de la obra y compromiso político de Pier Paolo Pasolini, quien escribiera poemas en su lengua materna, el friulano, y siempre se opusiera al fascismo: “Todo lo que defienden ellos es el puro mal / son ciegos y ávidos que no hallan esperanza. / El fascismo es la real, la última novedad, la auténtica / luz de esta nación, en el mundo que no obstante avanza” (A Bompiani, traducción de Rodolfo Alonso). En sus obras, siempre de una gran calidad plástica, se metió de lleno con problemas como la injusticia social, la violencia política, la pobreza, los poderes económicos y su mafioso accionar que produce la miseria de los pueblos.

El autor de El ganado y lo perdido había nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, y, a temprana edad, ingresó a la Academia Nacional de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. En los años 50, se mudó a Tucumán para conectarse al grupo de Lino Enea Spilimbergo, de quien fue alumno en la Universidad Nacional de Tucumán y a través del que conoció la obra muralística con contenido social y político del artista mexicano Siqueiros. Luego, viajó a Europa y quedó deslumbrado por la obra de Van Gogh. A su regreso a Buenos Aires, comenzó un intenso trabajo que duró hasta el día de su muerte y dejó un legado inquebrantable de obras, textos y acciones.

Realizó, asimismo, una importante obra como ilustrador, por ejemplo, del Quijote, de la Divina Comedia, El matadero y El juguete rabioso. Su última exposición la realizó en el Museo de Arte Contemporáneo Unquillo (MACU) -en cuya fundación colaboró- en 2025 y consistió en una retrospectiva de seis décadas de trabajo.

Javier Villafañe por Carlos Alonso.

Santiago Julián Alonso es artista visual, escritor, dramaturgo, licenciado en Letras (UBA), periodista e investigador en el Centro Cultural de la Cooperación. Vive en Villa Ciudad Parque, Córdoba.

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