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El enemigo (in)visible

Recursos inhumanos, de Ziad Doueiri (Netflix)

Por estos días, se está discutiendo, de manera acalorada, acerca de cómo será “el mundo después de la pandemia”. Asistidos por algunos filósofos de renombre, de cuya trayectoria no hay duda -pero, de que han cobrado gran relevancia y exposición en los últimos meses, tampoco-, las mujeres y los hombres del mundo entero nos preguntamos: cómo será esta – sí, ahora ya tiene nombre propio- “nueva normalidad”. Y, entonces, aparece sobre el tapete el único tema que, a esta altura, resulta imposible de soslayar, ese monstruo grande que pisa fuerte: el capitalismo.

Más allá de los matices –posturas, más o menos, optimistas-, en lo que todos los expertos coinciden es en que esta situación de excepción ha dejado expuesta la crueldad del sistema capitalista en los estados actuales. Y esto –como veremos a continuación- incluye, por supuesto, a los países del Primer Mundo. Porque, si hay algo que esta pandemia nos está enseñando es que ella no distingue ideologías ni clases sociales.

Recursos inhumanos (título original: Derapages), del director Ziad Doueiri, es una miniserie francesa, de 6 capítulos, que narra la historia de Alain (personaje interpretado por Éric Cantona, ex jugador del Manchester United F. C. devenido actor), un hombre de 57 años, casado y con dos hijas adultas e independientes que, tras ser despedido –seis años atrás- de su trabajo en una empresa de recursos humanos, a causa de su edad, se ve obligado a aceptar cualquier tipo de tarea precarizada que se le ofrezca y que permita, mínimamente, mantenerlo ocupado y que lo ayude a conservar su dignidad. Pero, él ha sido expulsado violenta e injustamente del sistema al que aportó la mayor parte de su vida y no está dispuesto a tolerarlo más. Por eso, cuando aparece la posibilidad de reinsertarse en el mundo laboral, se dispone a hacer, absolutamente, todo lo necesario para lograrlo.

Hasta acá, no parece sino la historia de uno de los tantos millones de personas, en todo el mundo. Mo obstante y bajo el aparente e inocente lema que el protagonista pregona de manera incansable: “yo, lo único que quiero es un trabajo”, su necesidad se convertirá en una obsesión que lo terminará enfrentando, no sólo, con sus enemigos naturales, sino, también, con aquellos por quienes, en principio, emprende la ardua tarea de recuperar lo que le han robado: su propia familia.

Ya en su película The Insult (reseñada en esta revista, hace tres semanas: https://fervor.com.ar/mas-que-palabras/), Doueiri dejó clara su decisión de no mostrarse complaciente con ninguna de las situaciones que expone, ni tomar partido, tampoco, por ninguno de sus personajes, dejando ese trabajo, en todo caso, a los espectadores. Pero, lejos de una pretensión moral, al director libanés le gusta jugar fuerte, ir a fondo, llegar lo más lejos que se pueda en su recorrido por la psicología humana, desnudando, sin ningún prurito, las almas de sus actantes. Así, es que Derapages continúa en esta misma línea, convirtiéndonos en testigos de momentos de lo más incómodos y llevando las acciones, que realiza el protagonista en su afán de reincorporarse al sistema, al paroxismo. De manera tal que, si en algún momento de la historia, creemos estar del lado correcto, un giro inesperado de la trama, como un barco en medio de una gran tormenta, nos coloca, exactamente, en el lado opuesto.

Quizás, el planteo que subyace a esta impactante miniserie sea, simplemente, si el sistema puede corromper de tal manera al ser humano o si, en todo caso, ese ser humano engendraba ya esa violencia como especie y el sistema, solamente, viene a comprobarlo crudamente. Pero, aunque muchos y muchas tengamos ya nuestra propia respuesta a este crucial interrogante, Alain se encargará, al menos, de poner en duda algunas de nuestras certezas.


Laura Fuhrmann es profesora de Lengua y Literatura y correctora literaria y de imprenta.

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