Con Fervor

El detrás de escena, un recurso de la comicidad

Si coincidimos con el sociólogo Erving Goffman, en la vida cotidiana, representamos diferentes roles. Y, cuando se genera una interacción, proyectamos una imagen idealizada de nosotros. Imagen que se espera, dependiendo del contexto y del rol que nos toca estar.

Ahora bien, “La coherencia expresiva (…) señala una discrepancia fundamental entre nuestros ‘sí mismos’ demasiado humanos y nuestros ‘sí mismos’ socializados. Como seres humanos somos presumiblemente criaturas de impulsos variables con humores y energías que cambian de un momento a otro. En cuanto a caracteres a ser representados (…) sin embargo, no debemos estar sometidos a altibajos. Contamos con una burocratización del espíritu que infunda la confianza de que ofrecemos una actuación perfectamente homogénea en cada momento señalado”, dice Goffman.

Entonces, en cada interacción, se trata de acentuar ciertos aspectos de la personalidad y de ocultar otros. Podríamos decir que hay una actuación frente a los demás y una zona trasera, un detrás de escena.

Hay un orden expresivo que mantenemos delante de los demás y, otro orden expresivo, cuando estamos solos o no lo requiere la situación.

En el detrás de escena, el comportamiento es más relajado. Se cuida menos el lenguaje, las posturas, los temas de conversación, el arreglo de la ropa, en fin, el control corporal que es exigencia de la vida cotidiana.

Por eso, en la comicidad, un recurso es el juego con el detrás de escena, la parte posterior. Ya que, hay un desorden expresivo en comparación o perspectiva con la parte anterior.

Las escenas con payasos o los que se disfrazan de animales para animar a los niños y niñas, cuando se los muestra en otro contexto, produce que se desarme algo de lo familiar. El comportamiento que estamos acostumbrados a ver y, sobre todo, a esperar. Puede aparecer, casi, algo de lo siniestro, cuando algún aspecto de lo cotidiano se vuelve raro, en términos de Freud.

Chucky, detrás de cámaras.

En la serie los Simpson, por ejemplo, se muestra al payaso Krusty antes de que se prenda la cámara y, luego, cuando se enciende, vemos el gran contraste. Krusty, detrás de escena, adopta posturas relajadas. Fuma, bebe y realiza todo tipo de incorrecciones. Estas contradicen la imagen idealizada que tenemos de ciertas personas o personajes en sus puestos de trabajo o en sus roles.

Lo mismo sucede con ciertos programas televisivos. Cuando se muestra, en forma imprevista, el detrás de cámara, vemos al asistente o al camarógrafo, que trata de esconderse. Claro, su orden expresivo es desarreglado en relación al que tiene que haber delante de cámara.

El cómico argentino Alberto El negro Olmedo, jugaba, en su programa, con tirar abajo algún decorado y mostrar lo que había detrás. O sacarle de imprevisto el cartel al apuntador, generando la risa del público.

El detrás de escena, en las películas de terror, son muy graciosas, por el contraste que se genera entre el terror y la simpleza de cómo se genera la situación.

Los magos, también, suelen utilizar este recurso. Muestran, de manera involuntaria, el truco, causando la risa del público.

Entonces, poner en primer plano lo no que deberíamos ver o escuchar, encontrar, de golpe, cierta falta de puesta en escena del cuerpo, un desarreglo expresivo, es una posibilidad del juego con el humor.


Christian Forteza es integrante de la dirección artística del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini e investigador de la comicidad. Red internacional de artistas e investigadores sobre el humor.