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¿Así son las escritoras y los escritores de nuestro país?

En primer lugar, hay que destacar la originalidad de este libro, ya que no recuerdo haber leído antes nada igual. Sí me remite a libros como el Borges, de Bioy Casares; o diversos libros de cartas o diarios de escritoras/es, pero nunca esta diversa miscelánea de anécdotas de escritoras/es, además, llevadas al papel por otras/os escritoras/es argentinas/os.    

Por otro lado, los nombres de las escritoras y escritores de la Argentina que pasan por sus páginas es realmente deslumbrante: Jorge Luis Borges, María Elena Walsh, Roberto Arlt, Adolfo Bioy Casares, Silvina y Victoria Ocampo, Ernesto Sabato, Manuel Puig, César Aira, Rodolfo Enrique Fogwill, Alberto Laiseca,  Alicia Dujovne Ortiz, Ariel Magnus, María Gainza, Juan Rodolfo Wilcock, David Viñas, Luisa Valenzuela, Mariano Quirós,  Daniel Link, Ricardo Piglia, Guillermo piro, Juan Forn, Paula Pérez Alonso, Elsa Drucaroff, Guillermo Saavedra, Luis Sagasti, Damián Tabarovsky, Sergio Bizzio, Abelardo Castillo, Macedonio Fernández, Ana María Shua, Esther Cross, Alejandra Laurencich, Martín Caparrós, Luis Gusmán, Rodrigo Fresán, Matías Alinovi, Alejandra Zina, Julia Prilutzky, Daniel Molina y Héctor Bianciotti.

Las/os compiladoras/es son el escritor, periodista, guionista de cine y dramaturgo Daniel Guebel. Autor de las obras teatrales Adiós Mein Führer, Tres obras para desesperar, La patria peronista y Padre y coautor, junto a Sergio Bizzio, de Dos obras ordinarias. Publicó las novelas Arnulfo o los infortunios de un príncipe, La perla del emperador, Los elementales, Matilde, Cuerpo cristiano, Nina, El terrorista, El perseguido, La vida por Perón, El día feliz de Charlie Feiling (con Sergio Bizzio), Carrera y Fracassi, Derrumbe, El caso Voynich, Mis escritores muertos, Ella y Las mujeres que amé y los libros de cuentos El ser querido, Los padres de Sherezade, La carne de Evita y Genios destrozados (tomos 1 y 2). Actualmente, trabaja como editor de libros de investigación periodística y colabora en distintos medios de comunicación. Y la periodista Nancy Giampaolo, que también escribe para cine, teatro y televisión y es columnista del suplemento cultural del diario Perfil. Publicó los libros Género y política en tiempos de globalismo, Radiografía de la corrección política y Feminismos, liberación o dependencia. Coescribió el guión de la comedia Caída del cielo y, entre 2005 y 2013, realizó guiones periodísticos en la Televisión Pública. Desde 2021, lleva adelante El Lado C, un ciclo de entrevistas con Diego Capusotto en teatros de la Argentina y otros países hispanoparlantes. Coescribió la obra de teatro Tirria, junto a Lucas Nine, una comedia negra protagonizada por Diego Capusotto, Andrea Politti y Rafael Spregelburd.

Hay que agregar que el libro, en general, logra hacer equilibrio entre lo puramente literario-intelectual y el humor, muchas veces ácido, con saludable satisfacción. Y posee un estilo intimista, directo, como en una amena conversación. Hay anécdotas donde la persona escribe sobre sí misma, como en Trago amargo, donde Alejandra Laurencich narra cómo imaginó que el chofer que fue a buscarla al aeropuerto de San Pablo iba a raptarla para la trata de personas y, al volver a Buenos Aires, una amiga le dijo: “¡Pero si vos ya no tenés edad!”.

Cada texto posee un título. ¿Vas a leer el libro? trata sobre el controversial tema de las/os presentadoras/es que no leyeron el libro que deben dar a conocer al público y, con sutil maestría, hablan en torno del mismo y de su autor/a. En Desencuentros generacionales con César Aira, Ariel Magnus hace una magnífica evocación de Aira como un sabio que se creó a sí mismo como escritor y a él como una persona sin experiencia. En Cockwill y Bianco viajan en crucero, Bianciotti describe las excentricidades de Silvina Ocampo y Wilcock y de qué modo este último lo persuadió a viajar a Europa sin decirle que él iría en el mismo crucero y haciéndose como que nunca lo hubiese conocido: “Llegó a ocurrir que los dos hombres se observaran de una mesa a otra del comedor durante el almuerzo y la cena impostando indiferencia”. En A la altura de Bioy, se da cuenta del exquisito humor de este renombrado escritor en pasajes como este: en una oportunidad se preguntó a sí mismo “si los fantasmas se cepillaban los dientes” o “me dijo que le daba mucho miedo morirse porque -dijo- ‘es algo que nunca estuvo en mis planes’”. En Recuerdos de Borges, Luisa Valenzuela, cuya mamá (la escritora Luisa Mercedes Levinson) fue amiga de Georgie, vemos a un Borges cómico, por momentos casi infantil. Y cuenta que se enteró que al ser publicada su novela Hay que sonreír, el autor de Ficciones dijo que era pornográfica y ella se ofendió y dejó de verlo. 

Son muy graciosas Poetas en Asunción, donde Arturo Carrera, en un restaurant muy turístico, miente al mozo que es el cumpleaños del “gran poeta argentino” Guillermo Saavedra, quien hasta firma autógrafos. Y Primer día de libertad, donde Alicia Dujovne Ortiz, para liberarse de un borracho cargoso que molestaba a ella y a Ana María Shua cuando tomaban algo en una mesa de un bar en la calle, le inventó que acababa de salir de la cárcel por matar a su marido, mientras le mostraba un cuchillito.

En Lo que Castillo le diría a Balzac, Gonzalo Garcés dice: “yo diría que para Abelardo la literatura no estaba antes que todo, la literatura era lo único que estaba”, a raíz de que una vez habían estado charlando sobre la obra de Balzac, luego Garcés se fue a vivir a Francia y, a los dos años, regresa a Buenos Aires y Castillo vuelve a conversar sobre el autor de Papá Goriot como si nada más hubiese ocurrido durante ese tiempo que no se vieron. En El Génesis según Juan Filloy, Ariel Magnus cuenta que, cuando estaba escribiendo la biografía del escritor cordobés, fue a su casa y su hija Monique le permitió fotografiar el cuaderno con las cartas de amor dirigidas a la novia que tuvo antes de su casamiento, al que le puso “un título de siete letras -Génesis-, como tienen todos sus libros, tanto los que publicó como los que no llegó a publicar”.

Hay textos que son demoledores, como aquél en que Guillermo Piro da a conocer la opinión de Piglia sobre Aira: “Aira no existe, es un seudónimo; todos los escritores malos de la Argentina le envían sus novelas y él las firma”. Daniel Molina cuenta, en El otro Puig, sobre el horror de su prisión de 10 años, una parte de la cual transcurrió durante la última dictadura cívico-militar, donde logró leer el libro prohibido de Puig El beso de la mujer araña: “En el momento en que leía el libro de Puig se sabía de asesinatos dentro de las cárceles argentinas, incluso de los presos legalmente reconocidos. A los que estábamos en el penal militar nos habían sometido a simulacros de fusilamientos. Llegué a sentirme como el personaje del cuento El milagro secreto, de Jorge Luis Borges, ya que cada noche, al cerrar El beso de la mujer araña, yo no sabía si podría seguir la lectura al día siguiente, si mi vida duraría lo suficiente como para alcanzar el final del relato”.

En Cielo e Infierno de una antología, Esther Cross cuenta que editaron, junto a Ángela Pradelli, una biblia escrita por autoras/es argentinas/os. En Los peligros de insistir, Paula Pérez Alonso cuenta cómo Medina le pide a su amigo David Viñas que presente su libro, este dice que no en varias oportunidades. Tanto insiste el primero, que el autor de Indios, ejército y frontera acepta por hartazgo “y el día de la presentación destrozó la novela en cuestión con una fiereza fiel a su estilo”.  

Notable libro que nos permite descubrir el costado menos conocido de un variado número de nuestras escritoras y nuestros escritores a través de la letra de sus colegas.


Santiago Julián Alonso es artista visual, escritor, dramaturgo, licenciado en Letras (UBA), periodista e investigador en el Centro Cultural de la Cooperación. Vive en Villa Ciudad Parque, Córdoba.

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