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Sendero de historias

De norte a sur, de espaldas al paraje del Río de Solís, que dicen de la Plata (bautizo que dieron los colonizadores a esas aguas amarronadas o color de león, como menciona, en Las ciudades, Leopoldo Lugones), hay una barranca empinada y barrosa, que conduce a un sendero de 10 a 12 cuadras de extensión (año 1730), que lleva, directamente, a la primera Misión Jesuítica. La Iglesia y claustro de San Ignacio de Loyola es la primera iglesia de adobe, construida por la Compañía de Jesús, en 1675. Fue inaugurada en 1722, siendo la más antigua que se conserva en Buenos Aires. Este solar fue donado a la Compañía de Jesús, en el año 1661, por Doña Isabel Carvajal (viuda de Gonzalo Martel de Guzmán, sin hijos). Ese espacio es el que se encuentra delimitado por las actuales calles Perú, Bolívar, Alsina y Moreno y que forma parte de la Manzana de las Luces. En 1942 fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Aquel sendero, continuación de la barranca empinada y barrosa, tuvo  diferentes denominaciones. Su primer nombre oficial fue dado, en 1734, por el gobernador Miguel de Salcedo: San José. A fines del siglo XVIII y principios del XIX, se la conocía, popularmente, como Del  Correo, pues, este se encontraba en la esquina de las actuales calles Perú (continuación de Florida) e Hipólito Yrigoyen, donde, hoy, se encuentra emplazada la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. En 1789, el virrey Nicolás de Arredondo ordenó su empedrado con cantos rodados traídos de Montevideo y pasó a denominarse Empedrado, siendo la primera calle pavimentada. En 1808, se la denominó Baltasar Unquera, en homenaje a un edecán de Santiago de Liniers, caído en el Convento de Santo Domingo tras las Invasiones Inglesas. Para el año 1821, se le dio el nombre De la Florida, rememorando la batalla de Florida, librada en 1814, en el Alto Perú, contra los realistas. En 1837, Juan Manuel de Rosas la llamó Del Perú o Perú y, en 1857, bajo la presidencia de Urquiza, se le restituyó el nombre actual: Florida.

La calle Florida es una peatonal de la Ciudad de Buenos Aires, que comienza en la Avenida Rivadavia y termina en la Plaza General San Martín. Supo ser reconocida, en otros tiempos, como la calle comercial más importante de la Argentina. En 1913, se convirtió en la primera calle peatonal de la ciudad por  algunos tramos, al prohibirse el tránsito entre las 11 y las 21 horas,​ a pedido de los comerciantes. El 1º de julio de 1971, se la transformó en peatonal en toda su extensión, salvo los últimos 100 metros, que se recuestan sobre Plaza San Martín.​ Este primitivo sendero, que subía desde el río, se remonta a la fundación de Buenos Aires. Vale recordar que, hacia 1813, en la actual intersección de Florida y Juan Domingo Perón, más precisamente, en Florida 78 (numeración vieja) se hallaba la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, donde se cantó, por primera vez, el Himno Nacional Argentino. Por la vuelta, en calle De La Merced (hoy Perón 115), se encontraba la casa de Manuel Dorrego.

Calle Florida, año 1904.

Hacia 1871, debido a las epidemias y, fundamentalmente, la fiebre amarilla, las elites argentinas comenzaron a dejar sus residencias al sur de Plaza de Mayo (San Telmo) decidiendo, entonces, mudarse a una zona más alta de la ciudad, escogiendo los alrededores de Plaza San Martín, El Retiro o Palermo. En 1872, Florida se convirtió en calle comercial. Se instalaron allí boticas, mueblerías, joyerías y sombrererías que ofrecían lo último de la moda Europea. Entre 1888 y 1894, se construyó un gran edificio de galerías comerciales para inaugurar la tienda parisina Au Bon Marché, aunque, no llegó a instalarse. Posteriormente, este edificio se conocería como Galerías Pacífico (actual Cordoba y Florida).

En el centro de las Galerías Pacífico, se encuentran una serie de célebres murales realizados, entre 1945 y 1947, por los más destacados pintores argentinos de la época:  Antonio Berni, Lino Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino y Demetrio Urruchúa, más el gallego Manuel Colmeiro Guimarás, considerados como la manifestación más importante del muralismo argentino. En los sótanos del edificio funcionó, durante la última dictadura cívico-militar (1976-1982), un centro clandestino de detención y tortura. En 1874, en el cruce con la calle Paraguay, se instaló el Jardín Florida, propiedad de Adolfo Bullrich, jefe de una de las familias más ricas de la Argentina. Allí, se constituyó la Unión Cívica de la Juventud, que fue el antecedente de la Revolución del Parque de 1890.

A fines del siglo XIX, comenzó a circular por Florida el tranvía. Por aquellos años, se construyó el lujoso edificio del Jockey Club, en Florida 559. Esta construcción destacada fue un lugar típico de reunión  de la clase alta porteña durante la primera mitad del siglo XX, donde, entre otros, fue un asiduo concurrente Martín de Álzaga Unzué, alias Macoco. Pero, una cuadra antes de llegar al Jockey Club de la calle Florida, yendo de sur a norte, en  Florida 468, en la planta baja de un edificio diseñado por el arquitecto belga Jules Dormal (quien realizara los finales de obra del Teatro Colón, entre tantas obras de la ciudad), se estableció La Confitería Richmond, en el año 1917.

Estudio Witcomb, 1880.

Revista Martín Fierro

La Richmond fue elegida, en 1924, como lugar de reunión por un conjunto de intelectuales denominados como el Grupo de Florida, integrado por Ricardo Güiraldes, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Pablo Rojas Paz, Pelegrina Pastorino, Norah Lange, Leopoldo Marechal, Ernesto Palacio, Conrado Nalé Roxlo, Raquel Forner, Francisco Luis Bernárdez, Norah Borges, Córdova Iturburu y la presencia tutelar de Macedonio Fernández. Que publicaban la revista Martín Fierro. Esta fue una importante revista literaria argentina, que se publicó entre febrero de 1924 y 1927. Fue fundada por su director, Evar Méndez, y por José B. Cairola, Leónidas Campbell, H. Carambat, Luis L. Franco, Oliverio Girondo, Ernesto Palacio, Pablo Rojas Paz y Gastón O. Talamón. Llegó a tirar unos 20 mil ejemplares. Heredó su nombre de otra efímera publicación de Méndez, en 1919, más comprometida con la problemática social y política.

En el número 8/9, la revista Martín Fierro indicaba los lugares habituales de reunión de sus redactores: los lunes, a las 20 horas, en la Richmond de Florida; de martes a viernes, de 17 a 19 horas, en el Salón Witcomb; luego de esa hora, en la Richmond.

Salón Witcomb

Alejandro Witcomb fue un fotógrafo cuya obra es considerada patrimonio histórico de la Argentina. Capturó, con la lente de su cámara, la vida de Buenos Aires en todos sus aspectos: calles, paseos, personajes relevantes de su tiempo, el transporte, los festejos, así como, los acontecimientos políticos y sociales. Al fallecer este, se hizo cargo del material su hijo Alejandro. Los inicios de galerías de arte Witcomb fueron como galería de arte fotográfico. Alejandro S. Witcomb estableció, en 1878, su negocio en Florida 208 (vieja numeración), entre Cuyo y Corrientes, hoy, Florida 364, Ciudad de Buenos Aires. La demanda de un espacio destinado a exhibir obras de arte, a fines del siglo XIX, la convirtió en un activo participante del arte, durante gran parte del siglo XX.

En 1889, Francia conmemoró los cien años de su Revolución con la gigantesca Exposición Universal de París. Alejandro Witcomb fue uno de los pocos fotógrafos que representaron a la Argentina y obtuvo la Medalla de Plata por la calidad de sus obras; una distinción que, luego, explotó en sus anuncios publicitarios. Sin lugar a dudas, la galería de arte Witcomb está asociada a las más felices manifestaciones de arte argentino, prestando sus salones y su estímulo, en partes iguales, a artistas consagrados por su fama, como a artistas que se inician en busca de prestigio. Witcomb ocupó un largo capítulo en la historia de la pintura y la escultura de este país. Se considera que, en sus salones, desde 1897 hasta 1971, se desarrollaron, aproximadamente, 1900 exposiciones, que acompañaron la evolución y el desarrollo del arte argentino.

A partir de 1971, los registros fotográficos del estudio de Alejando Witcombdel pasaron a formar parte del Archivo General de la Nación, como evidencia de un proceso histórico registrado a través  de la técnica fotográfica.

Enrique Cadícamo.

Shusheta

Juan Carlos Cobián, músico y compositor, compone, en 1920, un “Gran tango de salón para piano”, al que titula Shusheta (El aristócrata). La amistad que unía al compositor Juan Carlos Cobián con Martín Álzaga Unzué, más conocido como Macoco, hacen suponer que está dedicado a él. Además de ser su amigo, Macoco reunía todas las condiciones para ser considerado un Shusheta. Martín Álzaga Unzué Macoco fue el último de los playboys argentinos. Era un joven buen mozo, deportista, millonario y seductor, según las crónicas de aquellos años. Martín de Álzaga Unzué es descendiente de Martín de Álzaga, un comerciante de origen vasco, que luchó al servicio de la reconquista de Buenos Aires en las invasiones inglesas. Macoco es el apodo puesto por su padre, Félix David de Álzaga, cuando era un niño. Macoco diría, en 1967, “con los años me enteré que hubo un reino africano Macoco, que estaba poblado por caníbales… (…) …imagino que por eso me puso ese apodo mi padre…”.

Fue educado en los mejores colegios de la época, tanto de la Argentina como de Europa, aunque, fue expulsado de la mayoría de ellos. A los 12 años, Ángela Unzué y Félix David de Álzaga, sus padres, lo enviaron a Europa con dos tías, Concepción (Cochonga) Unzué de Casares y María (Manita) Unzué de Alvear, y lo internaron en L’Ile de France, un castillo en plena Selva Negra. Pero no hubo nada que hacer, también fue expulsado. En un reportaje realizado por Alfredo Serra, en 1967, Macoco decía lo siguiente: “En la primavera europea, dos de mis tías millonarias, Cochonga y Manita, se iban a revolear las polleras (usted me entiende) y me dejaban pupilo en algunos colegios de alto nivel. Encerrado. Preso. Yo, que tenía doce años y era capaz de todo para fugarme… (…) Un domingo, solo, asfixiado, para escapar… (…) …¡incendié el colegio!”.

El Morocco.

La fortuna heredada por su familia le permitió llevar una vida de gastos sin control, que lo harían famoso mundialmente. Participó en numerosas competencias automovilísticas, como la carrera de la milla, la carrera internacional Montevideo/Punta del Este, el Gran Premio del Automóvil Club Argentino, el Gran Premio de San Sebastián y las 500 Millas de Indianápolis. Fue uno de los pocos argentinos que participaron de ese evento deportivo. Otro de los participantes de las 500 Millas de Indianápolis fue Raúl Riganti, un amigo de Macoco, que fue patrocinado por este. En 1924, realiza la primera carrera de la especialidad MIDGET en Buenos Aires, utilizando como circuito las calles de tierra que rodeaban la Plaza Arenales, más conocida como Plaza Devoto.

En 1925, después de su etapa deportiva, se instala en Nueva York, donde conoce a Al Capone, con quien estuvo a punto de realizar negocios que nunca concreto, al ser advertido que era un hombre muy peligroso del hampa. Regenteó, junto a John Perona (otro gángster), un cabaret de lujo: Bath Club. Cuenta Macoco a Serra: “Era un bar giratorio: de un lado, despacho de bebidas, y del otro, con sólo apretar un botón, espejos y bailarinas. Lo hicimos así para eludir la Ley Seca, y funcionó hasta 1928. Tuvimos que cerrar por problemas con los pistoleros locales. Una noche nos destrozaron el local porque nos negamos a comprarles su asquerosa bebida”.

Juan Carlos Cobián.

En 1931, abrieron El Morocco. Fue el más célebre y exclusivo cabaret del mundo entero, por donde circularon los personajes más famosos de la época, como Humphrey Bogart, Truman Capote, Carmen Miranda, Maurice Chevalier, Chaplin, la Mistinguette, los Windsor y Ginger Rogers. “Además, fue el negocio que más dólares nos hizo ganar”. Una de las características distintivas de dicho cabaret eran los tapizados de cebra, piezas que habían sido cazadas, en un safari al África, por Macoco. “Tirando manteca al techo… (…) “Aquello lo inventé yo una noche en Chez Maxim, donde invité a comer a unos amigos, eran los años locos, en el techo de los exclusivos salones había una pintura con el dibujo de unas valkirias con grandes senos sobresaliendo del escote. Puse en un tenedor unos rulos de manteca y empecé a tirarle para embocar entre los pechos de esas mujeres; entonces se generó un torneo para ver quién acertaba…”

En 1938, regresa a Buenos Aires desde Estados Unidos con un grupo de pilotos y automóviles Midgets norteamericanos, que compitieron en el club Huracán de Capital Federal. Dando, así, inicio a la especialidad, en la Ciudad de Buenos Aires. Que, luego, se extendería a otras ciudades del país y mantiene la actividad hasta el día de hoy. Martín se casó dos veces. Su primer matrimonio fue con Gwendolyn Robinson, con quien tuvo una hija. Y la segunda vez con  Kay Williams, una modelo famosa de la revista Vogue.

También, podríamos arribar a la conclusión de que Martín Máximo Pablo de Álzaga Unzué, Macoco, fue fuente de inspiración para Dante Quinterno, creador del personaje Isidoro Cañones, en 1928. Macoco encuadra, perfectamente, en la figura de el vocablo lunfardo shusheta (El aristócrata). Shusheta,  y su variante shushetin, es una voz del lunfardo que significa elegante, joven vestido a la moda. Lo que llamaríamos hoy cheto. Y, de esta última palabra, podríamos hacer una derivación con otra palabra, concha, que, al unirlas entre sí, podríamos decir concheto o concheta. También, es asociable el termino shusheta  a petimetre del francés: petit maître, es decir, señorito o persona joven que se preocupa en exceso de su aspecto y de vestir según la moda. Recién en 1934, el tango Shusheta tuvo letra Enrique Cadícamo, a pedido de Juan Carlos Cobián.

Bibliografía:

Andrés Carretero, Alfredo Serra, Camilo Aldao, Noticias, Diario Clarín, TodoTango.com

 

Shusheta (tango de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo)

 

Toda la calle Florida te vio

con tus polainas, galera y bastón…

 

Dicen que fue, allá por su juventud,

un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer.

Engalanó la puerta del Jockey Club

y en el ojal siempre llevaba un clavel.

 

Toda la calle Florida te vio

con tus polainas, galera y bastón.

 

Apellido distinguido,

gran señor en las reuniones,

por las damas suspiraba

y conquistaba sus corazones.

Y en las tardes de Palermo

en su coche se paseaba

y en procura de un ensueño

iba el porteño conquistador.

 

Ah, tiempos del Petit Salón…

Cuánta locura juvenil…

Ah, tiempo de la

sección Champán Tango

del Armenonville.

 

Todo pasó como un fugaz

instante lleno de emoción…

Hoy sólo quedan

recuerdos de tu corazón…

 

Toda la calle Florida lo vio

con sus polainas, galera y bastón.

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